El curioso fenómeno del “robo de viento” entre parques eólicos, ¿por qué es un problema?
A medida que el mundo apuesta por la energía eólica, un problema comienza a soplar con fuerza: el "robo de viento"

Foto: Pixabay
En la carrera global por alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono, la energía eólica marina juega un papel protagónico. Sin embargo, un fenómeno conocido como “efecto estela”, o coloquialmente “robo de viento”, está generando controversia.
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¿Qué es el “robo de viento”?
Aunque el nombre suene a novela de piratas, el "robo de viento" no es más que un fenómeno físico conocido como efecto estela. Ocurre cuando una turbina eólica extrae energía del viento y lo ralentiza, dejando una corriente de aire más débil detrás de ella. En grandes parques eólicos marinos, esta estela puede extenderse por decenas —e incluso cientos— de kilómetros.
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Cuando un parque eólico se instala a barlovento (frente al viento) de otro, puede afectar la producción energética del segundo, reduciendo su rendimiento hasta en un 10% o más. En el competitivo mundo de las energías renovables, esa diferencia es enorme.
Un problema global en expansión
Aunque los efectos de estela son conocidos desde hace años, se han vuelto más preocupantes por la rápida expansión de los parques eólicos marinos. En regiones como el Mar del Norte, donde ya se planea triplicar la capacidad instalada para 2030, el espacio se está volviendo escaso, y las turbinas deben colocarse cada vez más cerca unas de otras.
“Cuanto más densos y grandes sean los parques, más intenso será el efecto de estela”, señala Peter Baas, investigador de la empresa holandesa Whiffle.

¿Conflictos entre productores de energía?
El fenómeno no solo es físico, también tiene implicaciones legales y económicas. Ya hay disputas entre empresas que alegan pérdidas por el “robo de viento” de instalaciones vecinas. Aunque, como aclara el abogado noruego Eirik Finserås, “nadie es dueño del viento”, lo cierto es que las estelas generan tensiones entre desarrolladores y podrían escalar a nivel internacional si no se gestionan con previsión.
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La ciencia se pone manos a la obra por el viento
Para anticiparse al problema, el Reino Unido lanzó un ambicioso proyecto de investigación liderado por la Universidad de Manchester. Su objetivo es modelar el efecto estela y sus impactos en los parques eólicos proyectados para 2030.
“El reto es que necesitamos miles de turbinas nuevas en menos de cinco años”, explica el investigador Pablo Ouro. “Pero si no entendemos bien cómo interactúan entre sí, podríamos perder una parte importante de la energía que queremos generar”.
¿Y el futuro del viento?
El desafío está claro: planificar mejor. Los gobiernos, empresas e investigadores deben trabajar juntos para ubicar estratégicamente los parques eólicos y evitar la saturación del espacio marítimo. Comprender a fondo el efecto estela no solo evitará conflictos, sino que permitirá aprovechar al máximo el potencial del viento, sin necesidad de “robárselo” a nadie.
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