Perros y pumas: inesperada convivencia para cazar en algunas zonas rurales de Antioquia
La reducción del bosque y la pérdida de presas han acercado a los pumas a los perros asilvestrados en áreas campesinas.

Perros y pumas: inesperada convivencia para cazar en algunas zonas rurales de Antioquia
En algunas zonas rurales de Antioquia, investigadores y autoridades ambientales han detectado una inusual dinámica ecológica: perros asilvestrados y pumas están compartiendo territorio e incluso cazando juntos. Este comportamiento está generando nuevas presiones sobre la fauna silvestre y afectando también a animales de consumo humano como gallinas y terneros.
El fenómeno se da en un contexto de fragmentación del ecosistema, pérdida de biodiversidad y reducción de la cobertura boscosa, lo cual ha forzado a los pumas (especie nativa y protegida) a descender desde su hábitat natural en busca de alimento. La escasez de sus presas tradicionales —mamíferos y reptiles silvestres— los está llevando a interactuar con perros asilvestrados que deambulan por fincas y corredores verdes.
Los perros asilvestrados se adaptan a la caza en manada
“Los pumas están bajando cada vez más de la montaña a encontrarse con animales de granja, como gallinas, vacas o becerros. Los perros también están muy cercanos a estas zonas, lo que hace que empiecen a convivir juntos. Son bastante inteligentes y pueden agruparse en manadas de 8, 10 o hasta 15 animales, esperando que los cazadores natos silvestres hagan su acción”, explicó Julio César Aguirre Ramírez, decano de Medicina Veterinaria en la Uniremington.
Esta asociación ocasional entre especies está propiciada también por la falta de medidas de protección en corrales y fincas, donde los animales domésticos quedan expuestos. Las autoridades ambientales advierten que, al aumentar la competencia por el alimento, se están presentando interacciones negativas en las que pumas y perros penetran juntos en áreas habitadas, generando ataques a ganado.
Advertencia de expertos sobre el impacto ecológico
“Empieza a haber una competencia por territorio y por alimento, y es allí donde empezamos a ver este tipo de interacciones negativas, donde los perros y los pumas avanzan hacia zonas donde se encuentren personas o ganado. Allí se presentan situaciones adversas con ganados atacados o heridos por pumas, por perros o por ambos”, agregó Aguirre.
El fenómeno, que aún está en estudio por parte de la Unidad Forense Veterinaria, evidencia cómo las alteraciones humanas sobre los ecosistemas están modificando el comportamiento de especies clave como el puma. La situación plantea retos urgentes de conservación, gestión de fauna asilvestrada y protección del ganado en zonas de interfaz entre lo silvestre y lo productivo.