Minería ilegal en el río Nechí dispara la presencia de dragas: ya serían más de 190 y crece el impacto en el Bajo Cauca
La maquinaria se concentra principalmente en El Bagre, Zaragoza, Nechí y Caucasia, municipios donde las dragas remueven de manera permanente el lecho del río y modifican sus condiciones naturales.

Minería ilegal en el Bajo Cauca antioqueño causada por dragas. Foto: cortesía senador Juan Espinal
La minería ilegal en el río Nechí mantiene la preocupación en el Bajo Cauca antioqueño por el crecimiento de la maquinaria utilizada para extraer oro y por los efectos que esta actividad genera sobre el ecosistema y las comunidades que dependen del afluente.
De acuerdo con las cifras expuestas por Juan Camilo Nariño Alcocer, presidente de la Asociación Colombiana de Minería al Sistema Informativo de Teleantioquia, en 2021 se contabilizaban alrededor de 21 dragas brasileras en el río Nechí.
Actualmente, según su denuncia, la cifra supera las 190, lo que representa un incremento de más de 169 máquinas en cinco años.
La maquinaria se concentra principalmente en El Bagre, Zaragoza, Nechí y Caucasia, municipios donde las dragas remueven de manera permanente el lecho del río y modifican sus condiciones naturales.
Más allá de la extracción de oro en el río Nechí
Juan Camilo Nariño Alcocer aseguró que el crecimiento de la minería ilegal en el río Nechí representa una problemática que va más allá de la extracción de oro.
“En Antioquia, de la enorme ilegalidad de lo que está sucediendo solo en el río Nechí, en el año 2021 había alrededor de 21 dragas brasileras. Hoy hay más de 190 dragas dañando el río, extrayendo de manera ilegal el oro”, afirmó.
El presidente de la Asociación Colombiana de Minería también señaló que la actividad compromete las finanzas públicas de los municipios, el departamento y la Nación, debido a los recursos que deja de recibir el Estado por la extracción ilegal del mineral.
La expansión de esta actividad también ha generado alertas por sus efectos ambientales. Las dragas utilizan sistemas de extracción que remueven grandes cantidades de material del fondo del río, una práctica que altera el cauce y transforma las condiciones del ecosistema.
El cauce del río Nechí y las fuentes de agua, entre los principales afectados
La extracción ilegal de oro genera cambios sobre el lecho del río y puede aumentar la presencia de sedimentos en el agua. La pesca y otras actividades económicas de las comunidades del Bajo Cauca también reciben el impacto de estas transformaciones.
El río Nechí cumple un papel fundamental para las poblaciones de la región. Por eso, el crecimiento de las dragas no solo representa una preocupación ambiental, sino también un problema para quienes dependen de los recursos que ofrece el afluente.
Las comunidades han advertido sobre las consecuencias que generan los cambios en el río y el deterioro de las fuentes de agua. La transformación del ecosistema puede afectar actividades como la pesca y otras labores asociadas a la economía local.
La problemática tampoco es nueva. Durante los últimos años, las autoridades han realizado diferentes operativos contra la minería ilegal en el Bajo Cauca y han intervenido maquinaria utilizada para la extracción ilícita de oro.
¿Quién está detrás de las grandes dragas?
El senador del Centro Democrático, Juan Espinal, cuestionó la capacidad económica que requiere la operación de este tipo de maquinaria y aseguró que la dimensión de las inversiones no corresponde a la actividad de un pequeño o mediano minero.
“Cada draga cuesta 200 millones de dólares. Pregunto: ¿es un pequeño o mediano minero? Lamentablemente no”, afirmó el congresista.
Espinal sostuvo que detrás de esta actividad existirían estructuras dedicadas a la extracción ilegal de recursos naturales y planteó que el fenómeno debe abordarse también como un asunto de seguridad.
“Estamos ante un problema de seguridad nacional”, señaló el senador, quien comparó la necesidad de combatir estas actividades con las estrategias utilizadas frente a otros negocios ilícitos.
Las afirmaciones hacen parte del debate sobre las estructuras criminales que tendrían participación en la extracción ilegal de oro y en las rentas que genera esta actividad en diferentes zonas del país.
Millonarias rentas de la extracción ilegal de oro
Otro de los puntos que genera preocupación tiene que ver con el dinero que mueve la extracción ilegal de minerales en el río Nechí.
Según las cifras expuestas por los voceros, las rentas de los grupos delincuenciales derivadas de la extracción ilícita de minerales en el río Nechí durante 2025 podrían haber alcanzado entre 5.000 y 6.000 millones de dólares.
La cifra fue presentada como una estimación sobre la dimensión económica de esta actividad y se utilizó para comparar sus ingresos con el valor de la producción cafetera nacional durante un año.
Sin embargo, al tratarse de una actividad clandestina, la dimensión exacta de las rentas ilegales resulta difícil de establecer y las cifras deben entenderse como estimaciones atribuidas a los denunciantes.
El crecimiento de esta economía ilegal también genera preocupación por los recursos que dejan de ingresar a las arcas públicas y por la posibilidad de que las ganancias financien a estructuras delincuenciales que operan en el territorio.
El Bajo Cauca enfrenta las consecuencias de la minería ilegal
El problema tiene una dimensión regional. El Bagre, Zaragoza, Nechí y Caucasia concentran buena parte de la actividad minera en el río, pero las consecuencias ambientales y económicas pueden extenderse a otras comunidades de la región.
La transformación del cauce, la remoción del material del fondo y el deterioro de las fuentes de agua afectan un ecosistema del que dependen numerosas familias.
A esto se suman las dificultades de las autoridades para ejercer un control permanente sobre un territorio extenso y con presencia de estructuras dedicadas a diferentes actividades ilegales.
Durante los últimos cuatro años, según las denuncias conocidas sobre la zona, la expansión de grupos delincuenciales habría coincidido con un aumento de las actividades de extracción ilícita de minerales.
La falta de controles efectivos durante ese periodo también ha sido señalada como uno de los factores que permitió el crecimiento de las dragas. Esta interpretación forma parte de los cuestionamientos realizados por los voceros sobre la respuesta del Gobierno Nacional frente al fenómeno.
Una disputa que va más allá del oro
La situación del río Nechí plantea un desafío que combina protección ambiental, seguridad, economía y subsistencia de las comunidades.
Por un lado, la extracción de oro representa una fuente de ingresos para diferentes habitantes del Bajo Cauca. Por otro, la minería ilegal a gran escala genera impactos sobre los recursos naturales y puede alimentar las finanzas de estructuras criminales.
El crecimiento de las dragas también dificulta diferenciar entre la minería de subsistencia, la minería informal y las operaciones ilegales a gran escala, un debate que ha generado posiciones encontradas en la región.
Mientras las autoridades mantienen los operativos contra la maquinaria utilizada para la extracción ilegal, las comunidades continúan enfrentando los efectos de la transformación del río.
El aumento de 21 dragas en 2021 a más de 190 en la actualidad, según las cifras denunciadas, muestra la magnitud del crecimiento de la actividad en el río Nechí. El reto ahora está en contener la expansión de la minería ilegal y reducir sus efectos sobre el agua, la pesca, el ambiente y las comunidades del Bajo Cauca.