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Las impactantes imágenes de la primera semana tras el terremoto; la esperanza de encontrar vida en Cali y Pereira se desvanece con los días

Una semana después del terremoto, Cali y Pereira continúan entre la búsqueda de sobrevivientes, la recuperación de cuerpos y la remoción de escombros. Mientras los rescatistas mantienen las labores, las familias enfrentan una tragedia que aún no termina.

Una semana después del terremoto del 10 de agosto, Cali y Pereira continúan enfrentando las consecuencias de la tragedia. En ambas ciudades, los equipos de rescate mantienen las labores entre los edificios colapsados, mientras las familias esperan noticias de sus seres queridos y avanzan las tareas de recuperación. Fotos: Yeison Gualdrón / Teleantioquia

Una semana después del terremoto del 10 de agosto, Cali y Pereira continúan enfrentando las consecuencias de la tragedia. En ambas ciudades, los equipos de rescate mantienen las labores entre los edificios colapsados, mientras las familias esperan noticias de sus seres queridos y avanzan las tareas de recuperación. Fotos: Yeison Gualdrón / Teleantioquia

Una semana. Eso ha bastado para que el país entiendiera que el terremoto del 10 de agosto no fue solo un instante, sino un doloroso proceso que sigue abriéndose paso, hora tras hora, entre toneladas de concreto.


En Cali y en Pereira, las dos ciudades más golpeadas por el sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, el reloj no se ha detenido.


Y lo que era una carrera desesperada por encontrar sobrevivientes se convirtió, día a día, en la tarea —igual de dolorosa, igual de necesaria— de encontrar los cuerpos que quedaron en los edificios colapsados de ambas ciudades.


En el barrio Capri, de Cali, alrededor de Torres del Limonar, el paisaje sigue siendo el mismo desde hace una semana. Polvo, maquinaria pesada, turnos de rescatistas que se relevan sin descanso y las órdenes de silencio, menos frecuentes que al inicio, pues con el paso de las horas encontrar a alguien con vida sería todo un milagro.


Entre los escombros, los equipos de especialistas y voluntarios trabajaron durante horas para localizar a las personas atrapadas.


Uno de los rescates más significativos fue el de Diana Marcela Troncoso, de 31 años, encontrada con vida y consciente entre los restos de la estructura. El hallazgo significó un momento de esperanza en medio de la emergencia.


Los equipos de rescate también lograron sacar con vida a un bebé y a otras personas atrapadas. Cada operación exigió cuidado y precisión ante el riesgo de nuevos desprendimientos.


Sin embargo, la tragedia también dejó dolor y desilusión. Pese a que los rescatistas tuvieron contacto con Ileana Giraldo Aponte. La sobrina de 11 años del periodista Carlos Aponte, fue encontrada sin vida cerca de donde también estaban los cuerpos de sus abuelos maternos.


En el barrio Cuarto de Legua, por otro lado, la historia de Ana María Saavedra conmovió a todo el país. La trilliza fue la única sobreviviente de su familia. Sus padres y sus hermanas murieron atrapados en el apartamento donde crecieron.


Otro caso que conmovió a la ciudad fue el de Violeta y su abuela Amparo. Pese a que se pensaba que estaban con vida, a ambas las hallaron muertas, después de que los equipos de rescate agotaran cada posibilidad de encontrarlas.


No todo, sin embargo, ha sido pérdida. En medio del operativo, el bombero Álvaro Gómez se ganó el cariño de la ciudad por un gesto que, aunque pequeño frente a la magnitud de la tragedia, devolvió por un momento algo de ternura al caos. Arriesgó su propia seguridad para rescatar a una perrita de Torres del Limonar.


"Estamos para servir", dijo, resumiendo en tres palabras el espíritu que ha mantenido en pie a cientos de rescatistas durante siete días consecutivos.


Pereira, la tragedia y el milagros y bajo la misma pila de escombros

A 208 kilómetros de distancia, en Pereira, la historia de los hermanos Rocío y Sigifredo Heredia se convirtió en una de las más recordadas de esta semana.


Ambos quedaron bajo los restos de un viejo edificio de cinco pisos cuando el sacudón los sorprendió. No alcanzaron a salir. Horas después, sacaron con vida a Rocío, cubierta de polvo, con fracturas en la pelvis y el fémur, pero estable.



Su sobrino, Diego Mauricio Heredia García, contó al Sistema Informativo de Teleantioquia la emoción de ese momento, rodeado de vecinos que esperaban que la misma suerte acompañara a su tío, de 66 años.


Lo hallaron consciente poco después, capaz incluso de comunicarse con quienes intentaban liberarlo. Bajo la misma estructura colapsada convivieron, esa tarde y noche, el milagro y la tragedia. Sigifredo no sobrevivió.


Esa misma ciudad, siete días después, sigue operando bajo restricciones extraordinarias. La Alcaldía de Pereira mantiene la prohibición de circulación de vehículos particulares en el centro de la ciudad, una medida que busca despejar las vías para que los organismos de socorro y los equipos médicos puedan seguir moviéndose sin obstáculos.


Lo que dicen las cifras, una semana después del terremoto en Cali y Pereira

Los reportes oficiales, con corte al domingo 16 de agosto, confirman que la emergencia está lejos de terminar.


En Pereira, el Puesto de Mando Unificado registraba 95 personas fallecidas, 259 heridas, 251 desaparecidas y 260 rescatadas, además de 66 edificaciones con colapso total, 7 centros de salud y 60 centros educativos afectados. Las cifras, sin embargo, siguen siendo preliminares y podrían seguir cambiando conforme avancen las labores de búsqueda.


En Cali, por otro lado, el reporte oficial hablaba de 130 personas fallecidas, 1.485 heridas, 94 desaparecidas y 88 rescatadas, junto con 15 edificaciones con colapso total ya verificadas, 113 con colapso parcial y 177 con daño estructural, dentro de un universo de 763 edificaciones verificadas hasta el momento.


La ciudad ha retirado ya 21.204 toneladas de escombros y mantiene 1.913 personas trabajando activamente en la emergencia, mientras 123 animales han sido rescatados de entre las ruinas.


Una semana en que cambiaron los verbos de "rescatar" a "recuperar" cuerpos

Si en los primeros días las palabras que dominaban las calles de Cali y Pereira eran "buscar y rescatar", siete días después esos dos verbos comparten espacio con una frase más difícil de pronunciar: "recuperar cuerpos".


No porque se haya apagado la esperanza —todavía hay decenas de desaparecidos y familias que se aferran a esa posibilidad—, sino porque la experiencia demuestra que por cada hora que pasa es más difícil que las personas, a las que cubrieron los bloques de concreto y ladrillos, resistan.


Lo que no ha cambiado en estos siete días es que la gente sigue ahí, retirando escombros, repartiendo agua, comida y café a los voluntarios, y que los bomberos y rescatistas no se dan por vencidos, pese a que la ventana de vida se cerró por completo.


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