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EN AUDIO | Los duros relatos de docentes rurales de Antioquia a quienes el Eln y las disidencias les dicen qué enseñar y qué no

La presión de los grupos armados sobre los docentes rurales de Antioquia limita la enseñanza, mientras las estructuras armadas recurren a regalos y amenazas para reclutar a los menores.

Docentes rurales de Antioquia denuncian presiones, censura y restricciones impuestas por grupos armados en las escuelas. Fotos: archivo

Docentes rurales de Antioquia denuncian presiones, censura y restricciones impuestas por grupos armados en las escuelas. Fotos: archivo

"Hay temas que, por orden de los grupos armados, no se pueden tocar en las aulas de clase". La frase es de un profesor rural de Ituango, al que llamaremos Pablo por su seguridad.


Y es que, luego de la polémica generada porque una profesora de un colegio de Villa del Rosario, Norte de Santander, puso a los niños a pintar las banderas del Eln y las Farc, en el país se ha desatado un debate sobre un supuesto adoctrinamiento dentro de los centros educativos.



De acuerdo con el docente, los grupos armados que tienen injerencia en los corregimientos y veredas de este municipio del Norte de Antioquia son los que mayor presión ejercen sobre las temáticas que se imparten en las escuelas, ubicadas en las montañas más lejanas del departamento.


Todo empieza cuando son nombrados o trasladados. Lo primero que deben hacer es enviar, a través de las Juntas de Acción Comunal, su nombre, número de cédula, cargo y la institución educativa a la que llegarán.


Con esos datos, según él, los grupos armados averiguan si realmente se trata de un profesor o "si es un infiltrado".


Cuando ya están seguros de que solo llega al territorio para enseñar, permiten su ingreso y que se presente ante los padres de familia y sus futuros estudiantes. Luego viene el primer día de clases, cuando, sin demora, llegan hasta la escuela y lo sacan del salón para "hablar".


Pero no es solo para dialogar. Primero son sometidos a una suerte de interrogatorio en el que les preguntan por sus familiares, dónde viven, su experiencia y cuáles son sus expectativas, como si se tratara de una entrevista de trabajo.


Tras las preguntas, les dan un carné para que, si otros miembros del grupo se los encuentran, sepan que ya "fue interrogado". Por último, vienen las advertencias.


"La censura es directa. Simplemente dicen que no se puede hablar ni de política ni religión. Lo que se hace es evitar los temas que están incluidos dentro de los programas de educación que tienen que ver, por ejemplo, con terrorismo y el espectro político del país. Esos son los temas que vienen incluidos dentro de las cartillas que el Ministerio de Educación nos envían para las clases. Esos temas toca saltárselos", denunció.


Otro docente, pero de la zona rural de Valdivia, aseguró que es más difícil cuando se dicta Sociales o Filosofía.


"Los temas del conflicto armado colombiano que se ven normalmente en octavo o noveno, uno trata de pasarlos muy por encima para evitar señalamientos. Y como no se puede hablar libremente, entonces es mejor obviar el tema y si se toca, que sea muy superficial", denunció.


Pero los temas de sociales y filosofía no son los únicos que sufren de censura. Para hacer salidas a los proyectos productivos que hay en las veredas también hay reglas.


"No se pueden realizar esas salidas si no es con previa autorización de ellos", agregó el docente.


Las estrategias de reclutamiento que los grupos armados usan en las escuelas rurales de Antioquia

Además del uso de las plataformas digitales y redes sociales, tanto el Eln como las disidencias de las Farc están usando una nueva estrategia para crear en los menores el deseo de pertenecer a esos grupos.


"Últimamente lo que están haciendo es ir a las escuelas en fechas especiales. Llegan con juguetes, con regalos, con cuadernos y usted como profesor queda ahí en la mitad porque cuando llegan hay que simplemente callar y aceptar lo que ellos digan", denunció Pablo.


Y durante los años que lleva como docente, ha visto cómo han cambiado los mensajes de los grupos armados ilegales. Según él, antes los mensajes eran políticos, pero ahora solo tienen que ver con el dinero.


"Dicen que ellos están ahí para que la zona esté mejor, para que no se dejen (de la Fuerza Pública). Que ahí hay plata. Les prometen motos, dinero y armas. Ni siquiera es tanto una idea política, es más bien como una opción de empleo y los niños, viendo eso, deciden irse a la guerra. Y los que no quieren, pues se los llevan a la fuerza", dijo el docente con voz pausada y casi quebrada.


Más grave aún, añadió, es que puede que un día vaya el Eln, al siguiente las disidencias de las Farc y después el Clan del Golfo.


Como si fuera poco, a Pablo le ha tocado ver a campesinos que caen en medio de los enfrentamientos o se los llevan. "A uno solo le toca seguir. Seguri hablándoles a los niños, por ejemplo, de fotosíntesis mientras hay cadáveres en los potreros o cuando se llevan a la gente para asesinarla", expresó.


Docentes en Antioquia también están en medio de los enfrentamientos entre el Eln, disidencias y Clan del Golfo

Para Jorge Romero, rector de la Institución Educativa Rural de San Miguel del Tigre, de Yondó, el debate no debe centrarse en señalar que los docentes están adoctrinando a sus estudiantes en las escuelas. Dijo que hay que examinar con mayor profundidad cómo se aborda pedagógicamente un tema que atraviesa la vida cotidiana de sus estudiantes y que hay lugares, como Ituango y Valdivia, donde no se puede hacer sin ponerse en riesgo.



Romero explicó que la educación rural en Colombia históricamente ha estado marcada por la presencia de actores armados. Muchos de sus alumnos han vivido de cerca el desplazamiento, las amenazas y el riesgo de reclutamiento forzado, incluso los mismos profesores.


Sin embargo, precisó que existe una diferencia sustancial entre estudiar el fenómeno y presentarlo sin contexto. Eso podría convertir sus símbolos en elementos de identificación o legitimación.


"Hablar del conflicto en la escuela no es adoctrinar. Adoctrinar sería impedir que el estudiante piense críticamente", afirmó. A su vez, señaló que uno de los grandes desafíos de la educación rural colombiana es transformar las experiencias dolorosas del territorio en conocimiento, pensamiento crítico, memoria y esperanza.


Sin embargo, esa posición está lejos de darse en los lugares donde los grupos armados suplantan al Estado. Justamente donde los maestros, como Pablo, no pueden tocar esos temas que serían necesarios para evitar que más niños terminen en las filas de los ejércitos ilegales.


Pese a ello, dijo que no se rendirá: "Sigámoslo intentando. Hay que seguirlo intentando porque se logran cambiar ciertas cosas. Se pueden ver a muchos muchachos con un sentido de la vida diferente a la realidad donde todo empezó".



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