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¿Mosquitos que salvan vidas? Así funciona la bacteria que frena la transmisión del dengue en Colombia

Un experimento con mosquitos en Medellín logró lo impensable: reducir miles de casos de dengue a solo cientos. ¿Cómo lo hicieron?

Fotos: Freepik

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En un avance científico que ya está transformando la lucha contra el dengue, investigadores confirmaron que fabricar mosquitos Aedes aegypti con una bacteria llamada Wolbachia se ha convertido en una de las herramientas más efectivas para reducir la transmisión de esta enfermedad en países tropicales.


El método, respaldado por estudios internacionales y experiencias locales en Medellín y Cali, demostró que liberar mosquitos portadores de esta bacteria natural disminuye de manera drástica los contagios.



La CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) confirma que en 2024 hubo 13 millones de casos en el continente americano, con especial incidencia en América Latina y el Caribe. Para lo cual, esta estrategia aparece una alternativa revolucionaria.


Un enemigo global y creciente

El dengue, transmitido por el mosquito Aedes aegypti, es una de las principales amenazas para la salud pública en América Latina y Asia. Solo en 2024, la enfermedad dejó 22.907 casos graves y más de 8.300 muertes, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS).


Países como Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador y México están entre los más afectados. Expertos como Gabriel Parra-Henao, director del Centro de Investigación en Salud para el Trópico (CIST), señalan que la magnitud del brote está asociada a fallas en los sistemas de salud para controlar al vector y dar respuesta temprana a los casos.


Frente a este escenario, la introducción de mosquitos modificados con Wolbachia se ha posicionado como una solución de alto impacto. Esta bacteria, al ingresar al organismo del Aedes aegypti, bloquea el desarrollo de virus como el dengue, el chikungunya y el zika, reduciendo su capacidad de contagio.


Menos dengue, más ciencia desde Medellín

En 2014, la Universidad de Antioquia, a través del Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales (Pecet), inició un proyecto piloto en alianza con el World Mosquito Program (WMP). La estrategia consistió en liberar masivamente mosquitos con Wolbachia en zonas de alta incidencia de dengue, como el barrio París en Bello y varios sectores de Medellín e Itagüí.


Los resultados fueron contundentes. Antes de la intervención, en años sin epidemia se reportaban alrededor de 4.000 casos anuales de dengue en estas áreas, y en años con brote la cifra podía superar los 17.000.


Una década después, los números cayeron a un promedio de 200 casos en años sin epidemia, una reducción considerada histórica por los investigadores.


“La Wolbachia se hereda de generación en generación a través de los huevos de los mosquitos. Cuando se liberan suficientes insectos portadores, reemplazan poco a poco a la población local que transmite la enfermedad”, explicaron voceros del Pecet.


Evidencia internacional contra el dengue

La eficacia de este método no solo se comprobó en Colombia. En 2021, la revista científica The New England Journal of Medicine publicó un estudio realizado en Yogyakarta, Indonesia, donde tras liberar mosquitos con Wolbachia, los casos de dengue se redujeron en un 77% y las hospitalizaciones en un 86%.


Lo más llamativo es que, tres años después de finalizadas las liberaciones, la bacteria seguía presente en altos niveles en la población de mosquitos, lo que demuestra la sostenibilidad del método.


Actualmente, países como Brasil avanzan en la construcción de plantas para la producción masiva de mosquitos con Wolbachia, mientras que en Indonesia ya se aplica en ciudades completas, beneficiando a más de 2,5 millones de habitantes.


Un camino prometedor

Con el aumento global de las enfermedades transmitidas por vectores, la apuesta por mosquitos con Wolbachia se perfila como una de las soluciones más prometedoras de la salud pública. Aunque todavía enfrenta retos de implementación masiva y de aceptación comunitaria, su impacto en ciudades como Medellín y Bello demuestra que la ciencia puede cambiar el rumbo de epidemias que parecían incontrolables.


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