La escuela escondida en una montaña de Suiza donde entrenan como astronautas y simulan misiones lunares sin salir de la Tierra
Esta escuela demuestra cómo un entrenamiento extremo en los Alpes aporta datos clave para misiones lunares y trabajos en condiciones límite.

El entrenamiento está abierto a estudiantes y se ofrece sin costo alguno. Fotos: Jordi Ruiz
En una escuela, un punto remoto de los Alpes suizos, oculto entre túneles fríos y niebla espesa, funciona uno de los entrenamientos más extremos del mundo para jóvenes que sueñan con llegar al espacio. Allí, donde antes operó una fortaleza militar, hoy estudiantes de 60 países recrean misiones lunares y experimentan condiciones similares a las que enfrentaría una tripulación real en la superficie de la Luna.
La iniciativa se llama Asclepios, un proyecto internacional sin ánimo de lucro que ha sorprendido a las agencias espaciales por su realismo y rigurosidad. Lejos de ser un campamento académico, este programa exige aislamiento, caminatas nocturnas, experimentos científicos y vida en condiciones controladas durante más de dos semanas. Pero lo más llamativo es que, a diferencia de otras simulaciones, es completamente gratuito para los seleccionados.
Este modelo de entrenamiento ha despertado la atención por la manera en que combina ciencia, supervivencia y estudio del comportamiento humano. Sin embargo, lo más revelador ocurre dentro de la montaña: cada misión estudia fenómenos psicológicos y físicos que podrían definir cómo será la vida en futuras bases lunares.
Una base escondida diseñada para imitar la Luna
El corazón de Asclepios está en Sasso San Gottardo, una antigua instalación militar ubicada a 2.000 metros de altura y atravesada por 3,5 kilómetros de túneles que permanecen a 6 grados centígrados todo el año. El lugar, difícil de encontrar incluso para quienes llegan con coordenadas, fue elegido porque reproduce las condiciones de las cuevas de lava lunar, estructuras que podrían ser clave para construir refugios en la Luna.
Cada misión comienza con un “lanzamiento” simbólico. La tripulación pasa su primer día en un cuarto diminuto que simula el viaje espacial, sin baño y dependiendo incluso de pañales, siguiendo estándares utilizados por astronautas reales durante desplazamientos prolongados.
Una vez “alunizan”, los nueve integrantes entran a la llamada base lunar: un conjunto de habitaciones estrechas donde deberán convivir, alimentarse con comida deshidratada y llevar a cabo experimentos científicos por 16 días consecutivos.
Durante la misión, los “astronautas análogos” solo salen al exterior en la noche. Esta decisión no busca dramatismo: es parte de un estudio sobre los efectos de la ausencia de luz solar, similar a lo que enfrentaría una tripulación en regiones del polo sur lunar, donde se planean las próximas exploraciones humanas.
Entre los experimentos más importantes está Kronoespazio, un proyecto internacional que mide el impacto de la oscuridad continua en el sueño, la melatonina, el ritmo cardiaco y las variaciones genéticas asociadas al reloj biológico.
La escuela del futuro: entrenamiento extremo en la Tierra
El proyecto busca formar a los futuros profesionales de la industria espacial, no solo a posibles astronautas. Y lo hace replicando parte del entrenamiento real: caminatas en la nieve a medianoche, inmersión en lagos helados, cursos de primeros auxilios, vuelos parabólicos y clases de psicología espacial.
Para estudiantes como Katie Mulry, jefa de proyectos y una de las líderes de Asclepios, la experiencia no solo es académica: “No hay un camino claro para convertirse en astronauta. Aquí descubrimos cómo es trabajar bajo presión, aislados y enfrentando condiciones reales”. expresó a la BBC
Otros, como Mateus Magalhaes, quien actuó como comandante en la misión más reciente, destacan el valor de que un programa de este nivel sea accesible y sin costo: muchas simulaciones de misiones análogas lunares cuestan miles de dólares y están fuera del alcance de la mayoría de jóvenes.
El impacto es evidente. Algunos participantes, como el investigador Matthew Acevski, afirmó para BBC que han cambiado la orientación de sus carreras tras vivir el encierro, los experimentos y las rutinas de una misión. Otros, como la ingeniera aeroespacial Lauren Victoria Paulson, ven en esta experiencia una ventana para crear tecnologías aplicables tanto en el espacio como en zonas extremas de la Tierra: desde sistemas de reciclaje de agua hasta estructuras habitables para climas cada vez más hostiles.
Datos que transforman misiones espaciales y trabajos en condiciones extremas
El propósito final de Asclepios va más allá de inspirar a jóvenes a trabajar en la industria espacial. Cada misión reúne datos reales que podrían mejorar la vida de los astronautas del futuro y, al mismo tiempo, beneficiar a personas que trabajan en condiciones extremas en la Tierra, como personal médico en turnos nocturnos o trabajadores expuestos a ciclos irregulares de luz.
Aunque los estudiantes celebran cumpleaños, enfrentan frío, oscuridad absoluta y aislamiento, describen la experiencia como transformadora. Al salir del túnel y reencontrarse con la luz natural, muchos confirman una convicción: quieren dedicar su vida a explorar, investigar y entender cómo la humanidad podrá vivir algún día fuera de la Tierra.
Fuente: BBC