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Investigadores de Medellín convierten microalgas en fertilizante para cultivos que podría reducir el uso de químicos: ¿cómo funciona?

Investigadores de la Universidad CES desarrollan en Medellín un biofertilizante elaborado con microalgas. Fotos: Alcaldía de Medellín

Investigadores de la Universidad CES desarrollan en Medellín un biofertilizante elaborado con microalgas. Fotos: Alcaldía de Medellín

La búsqueda de alternativas para disminuir la dependencia de insumos químicos se ha convertido en uno de los principales retos de la producción agrícola. En Medellín, investigadores y entidades de innovación avanzan en una tecnología que utiliza organismos acuáticos para aportar nutrientes a las plantas.


El desarrollo se encuentra todavía en una etapa de validación, pero ya alcanzó un primer resultado: la producción de un lote piloto de un biofertilizante con microalgas, elaborado a partir de espirulina y pensado para su aplicación en diferentes sistemas de cultivo.


La iniciativa es desarrollada por investigadores de la Universidad CES que participan en FutuMed, una estrategia de Ruta N orientada a probar soluciones científicas y tecnológicas en escenarios reales, según informó la Alcaldía de Medellín. 


¿Cómo se produce el biofertilizante con espirulina?

La tecnología utiliza la microalga espirulina (Arthrospira maxima), un organismo acuático con compuestos que pueden favorecer la nutrición y el crecimiento de las plantas.


Su producción comienza con el cultivo de las microalgas, que capturan dióxido de carbono mientras se desarrollan; luego, la biomasa es recolectada, secada y sometida a un proceso de extracción.


“El proceso de producción inicia con el crecimiento de las microalgas, que son organismos acuáticos que crecen capturando grandes cantidades de CO2”, explicó Erika Obando, investigadora del proyecto.


De esta extracción se obtienen proteínas ricas en nitrógeno, que posteriormente se combinan con estabilizadores para producir el biofertilizante, diseñado para aplicarse como nutriente vegetal.

El procedimiento permitió obtener un primer lote piloto de 31 litros, actualmente sometido a una caracterización fisicoquímica y microbiológica. Estos análisis permitirán verificar su composición, estabilidad y calidad antes de avanzar con las pruebas en cultivos y definir las condiciones adecuadas para su almacenamiento y aplicación.


Pruebas en el Jardín Botánico de Medellín

Mientras se desarrollan los análisis de laboratorio, los investigadores comenzaron a implementar cultivos experimentales en el Jardín Botánico de Medellín.


Allí evaluarán el comportamiento del producto en sistemas de agricultura urbana e hidroponía. El propósito es observar cómo responden las plantas al bioinsumo y recopilar información que permita compararlo con los fertilizantes utilizados actualmente.


Sin embargo, su futura implementación dependerá de los resultados obtenidos durante las evaluaciones y del cumplimiento de las etapas técnicas correspondientes.


La validación en condiciones reales será determinante para conocer el alcance de la tecnología. Además de medir sus efectos sobre los cultivos, las pruebas ayudarán a identificar posibles ajustes y a determinar si el proceso puede ampliarse para atender proyectos agrícolas de mayor tamaño.


La expectativa del equipo es que esta solución contribuya a reducir progresivamente el uso de fertilizantes químicos y apoye prácticas de agricultura sostenible.


FutuMed lleva la investigación fuera del laboratorio

El proyecto hace parte de FutuMed, la primera Zona de Tratamiento Especial para Ciencia, Tecnología e Innovación de Medellín, según la Alcaldía. La estrategia, liderada por Ruta N, permite que soluciones desarrolladas por universidades, centros de investigación y otras organizaciones sean probadas en escenarios reales antes de avanzar hacia una implementación más amplia.


Aunque continúa en fase experimental, el lote piloto representa un avance en el desarrollo de bioinsumos sosteniblespara la nutrición vegetal.

“Desde FutuMed impulsamos proyectos que convierten el conocimiento en soluciones con potencial de transformar nuestro entorno”, afirmó Carolina Londoño, directora ejecutiva de Ruta N. Estas validaciones buscan recopilar evidencia sobre el funcionamiento de cada innovación, identificar ajustes y establecer si puede responder a desafíos concretos de la región.


En el caso del biofertilizante con microalgas, las próximas pruebas permitirán medir su desempeño fuera del laboratorio, evaluar su capacidad de producción a mayor escala y analizar su posible uso en sistemas agrícolas urbanos y regionales.



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