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A los 19 años, María José enfrentó el cáncer de mama: lo que vino después cambió su forma de ver la vida

María José enfrentó un cáncer de mama HER2+ a los 19 años y convirtió el proceso en una nueva forma de mirar la vida. Conozca su historia.

Fotos: Cortesía María José Martínez María José Martínez superó un cáncer de mama HER2+ diagnosticado a los 19 años y hoy celebra cada examen limpio como un nuevo comienzo.

Fotos: Cortesía María José Martínez María José Martínez superó un cáncer de mama HER2+ diagnosticado a los 19 años y hoy celebra cada examen limpio como un nuevo comienzo.

A los 19 años, María José Martínez sentía que estaba justo donde quería estar: comenzaba a trabajar como cosmetóloga y se preparaba para presentarse a Medicina. Sus planes empezaban a tomar forma, hasta que llegó una palabra que, como ella misma recuerda, pareció detenerlo todo: “cáncer”.


El diagnóstico de cáncer de mama HER2+ puso en pausa una etapa que apenas comenzaba. “Justo el momento que más soñaba se me fue arrebatado en tan solo una palabra”, recuerda. Cuatro años después, María José mira hacia atrás y reconoce un proceso marcado por tratamientos, cambios físicos y aprendizajes que transformaron su manera de entender el cuerpo, el tiempo y sus propios sueños.



Su historia cobra especial significado este 19 de octubre, Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, una fecha que también permite poner rostro a quienes reciben este diagnóstico siendo jóvenes.


Un diagnóstico de cáncer de mama a los 19 años

María José recuerda el momento como un golpe difícil de asimilar. “Lo primero que pensé fue en el terror de pausar mi juventud y mis sueños”, relató. También, tuvo que enfrentar los cambios en su apariencia "fue duro perder la belleza a la que estaba acostumbrada y, sobre todo, en el dolor desgarrador de ver la angustia en los ojos de mis papás, al saber que era posible que me perdieran, siendo su única hija".


Uno de los momentos más complejos llegó durante el tratamiento, cuando el cansancio y la vulnerabilidad hicieron parte de sus días. “Lo más duro fue mirarme al espejo en los días más oscuros, levantarme cuando el cuerpo no me respondía”, explicó.


En medio de ese proceso encontró apoyo en su familia, su novio, sus amigos cercanos, sus llamadas “madrinas oncológicas” y su oncólogo. Para ella, esa red fue fundamental para atravesar los momentos más difíciles.


La familia y el amor como parte de la recuperación

Sus padres estuvieron presentes durante madrugadas de dolor, procedimientos y salas de espera. "Fueron mi fuerza, mi motivación y mi luz. Mis papás nunca me soltaron la mano en ninguna madrugada de dolor, ni en ninguna sala de espera, cuando era difícil comprender mis dolores y mis emociones, ellos siempre estuvieron ahí, entendiéndome" explica María José.


Su novio también la acompañó durante quimioterapias, cirugías y otros momentos del tratamiento. "Siempre me demostró su fuerza al verme físicamente muy lastimada por los tratamientos y emocionalmente muy sensible, nuestras citas eran ir a quimio, a una cirugía o a algún procedimiento, siempre demostrándome que mi valor no está en lo físico, sino en mi forma de ver el mundo y la manera de amar".


María José asegura que una de las enseñanzas más importantes fue comprender que su valor no estaba únicamente en lo físico. Sus amigos, por su parte, se convirtieron en compañía, risas y recordatorios de quién era más allá de la enfermedad.


Durante la recuperación, también comenzó a transformar su relación con la exigencia. Pasó del perfeccionismo y el ritmo acelerado a escuchar con mayor atención las señales de su cuerpo.


Aprender a vivir de otra manera


Después del diagnóstico de cáncer de mama HER2+, María José asegura que cambió varios hábitos y, sobre todo, su mentalidad. Aprendió a descansar sin culpa, a adaptar su actividad a su energía y a darle mayor importancia al bienestar emocional.


Durante el tratamiento, María José atravesó días de debilidad, cambios físicos y mucha incertidumbre, pero aprendió a escuchar su cuerpo y a valorar cada avance. Fotos: Cortesía

También, decidió mantener rutinas de cuidado personal durante el tratamiento. Para ella, verse bien no respondía únicamente a una cuestión estética, sino a una manera de conservar el amor propio en medio de los cambios físicos.


“Hoy celebro cada examen limpio, cada día con energía y cada paso como un regalo inmenso de la vida”, expresó sobre su proceso de recuperación.


Lo que el cáncer le enseñó sobre la vida y su futuro como médica

Hoy, a sus 23 años, María José asegura haber aprendido que la vida no puede aplazarse hasta que todo esté en orden. Su experiencia también le dejó una forma distinta de pensar sobre su futura profesión médica y sobre la manera de comprender el dolor de otras personas.


Actualmente, María José estudia Medicina, en la Universidad Pontificia Bolivariana. Foto: cortesía

A otros jóvenes con cáncer, les deja un mensaje centrado en permitirse sentir y recibir ayuda: “No tienes que ser de hierro, permítete llorar, sentir, ten paciencia con tus días malos y disfruta al máximo los días buenos”.


"La tormenta no es para siempre y de las experiencias más dolorosas florece una resiliencia y una luz tan hermosa que te va a acompañar por el resto de tus días, y aunque no es la mejor manera de aprender, las enseñanzas que deja este maestro son incomparables", concluye.


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