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Guarda lápices de hace 72 años y conoce dónde está cada uno: el universo escondido en el Gran Bazar de Teherán

Mohammad Rafi lleva 35 años entre colores, texturas y clientes que buscan lápices únicos en el Gran Bazar de Teherán. Conoce más aquí

Fotos: Arne Immanuel Bänsch/dpa - ATTA KENARE

Fotos: Arne Immanuel Bänsch/dpa - ATTA KENARE

En medio del Gran Bazar de Teherán, un mercado histórico conocido como una “ciudad dentro de otra ciudad”, hay una tienda diminuta que parece detenida en el tiempo. Allí, entre pasillos estrechos y rincones de poca luz, Mohammad Rafi ha construido un mundo propio alrededor de los lápices de colores.


Su local, llamado Medad Rafi, que traduce “Los lápices de Rafi”, está dedicado exclusivamente a la venta de lápices para arte. Según la agencia Agence France-Presse, el comerciante lleva más de 35 años dedicado a este oficio, rodeado de miles de lápices de diferentes tonos, marcas y texturas.



Aunque la tecnología transformó muchas formas de crear, dibujar y estudiar, Rafi se ha mantenido fiel a un objeto sencillo: el lápiz. Su tienda no solo llama la atención por la cantidad de colores disponibles, sino también por la memoria que guarda en cada repisa.


Una tienda pequeña llena de lápices y colores en el Gran Bazar de Teherán

El negocio está ubicado en la zona de artes y oficios del Gran Bazar de Teherán. Encontrarlo no es sencillo: para llegar hay que atravesar un laberinto de callejones y pasadizos dentro del mercado, uno de los espacios comerciales más reconocidos de la capital iraní.


La tienda mide cerca de tres metros cuadrados, pero en ese espacio reducido, Rafi ha logrado reunir miles de lápices apilados desde el piso hasta el techo. El resultado es una escena visualmente llamativa, convertida en un punto fotogénico dentro del bazar.


“No sé cuántos lápices hay, pero tengo cerca de 200 colores disponibles”, dijo el comerciante a AFP.


Rafi recibe clientes de distintas generaciones. Algunos llegan buscando un color específico; otros, una recomendación. Según relató, disfruta cada visita, incluso cuando la persona no compra nada.


Un oficio guiado por la experiencia

El trabajo de Rafi no se limita a vender. También asesora a quienes llegan a su local según el tipo de dibujo, la textura que necesitan o la marca que mejor se ajusta a su propósito.


“Dependiendo de lo que quieran hacer, les recomiendo el color, la textura o la marca”, explicó a AFP.


Según el comerciante, el lápiz más costoso cuesta 100.000 tomanes, al rededor de 90.000 pesos colombianos y corresponde a una de las referencias de mayor calidad. Foto: Arne Immanuel Bänsch/dpa

A diferencia de otros comercios, Rafi vende los lápices de manera individual y no por cajas. Esto permite que estudiantes, artistas y aficionados puedan elegir exactamente el color que necesitan sin comprar una colección completa.



En sus repisas hay lápices fabricados en Irán y otros importados de Europa y Estados Unidos.


Una pasión que comenzó en la infancia

La relación de Rafi con los lápices empezó desde niño, cuando desarrolló su gusto por el dibujo. Después de realizar estudios técnicos en los años 80, inició su vida laboral en una fábrica de lápices y luego abrió su propio negocio.


Hoy, reconoce que los lápices de colores vivieron una época dorada antes del dominio de las pantallas táctiles y las herramientas digitales.


Sin embargo, su tienda sigue siendo un lugar de encuentro para quienes buscan materiales tradicionales para crear. Foto: Arne Immanuel Bänsch/dpa

El futuro del negocio no parece estar asegurado dentro de su familia. Su hijo, formado como médico, no está interesado en continuar con este oficio, según contó Rafi.


Mientras llega el momento de retirarse, el comerciante planea seguir atendiendo a sus clientes y conservando referencias difíciles de encontrar. Incluso guarda lápices que ya no se fabrican.


“Afortunadamente tengo mucho inventario”, expresó el comerciante de 50 años a AFP, mientras mostraba el lápiz más antiguo de su colección, fabricado hace 72 años.


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