Desde las montañas de El Santuario hasta las aulas de China: Olga, la profesora paisa que descubrió a Einstein mientras perseguía sus sueños
Desde El Santuario, Olga viajó a China para estudiar y terminó construyendo allí una familia y una carrera como profesora. Conoce su historia

Olga Giraldo en China, el país donde construyó su carrera como profesora de física, formó una familia y encontró un segundo hogar. Fotos: Cortesía
En las montañas del Oriente antioqueño, en el municipio de El Santuario, comenzó la historia de una mujer que transformó la disciplina y la persistencia en un proyecto de vida al otro lado del mundo. Lo que empezó como el sueño de estudiar en la universidad, terminó en una vida construida en China, donde hoy enseña física y matemáticas a estudiantes que aspiran a ingresar a universidades internacionales.
Olga es una antioqueña egresada de la Universidad de Antioquia, quien llegó a China en marzo de 2017 con la intención de realizar un intercambio académico por un año. Nueve años después, ese país sigue siendo su hogar. Su historia no está marcada por decisiones improvisadas, sino por una red de apoyo familiar y una convicción personal que la sostuvo en cada etapa.
Una historia marcada por la educación y la persistencia
Olga Giraldo, es la menor de ocho hermanos, creció en una familia campesina en la que el acceso a la educación superior parecía un reto lejano. Sin embargo, uno de sus hermanos, que emigró a Bogotá en busca de oportunidades, se convirtió en el principal impulsor de su formación profesional.
Cuando Olga terminó el colegio, no estaba segura de ingresar a la universidad. Fue su hermano mayor quien la animó a presentar el examen de admisión. “Si pasa, yo le ayudo”, le dijo. Y así ocurrió.
Olga ingresó a estudiar física en la Universidad de Antioquia. Durante varios años viajó diario desde El Santuario hasta Medellín, con el respaldo económico de su hermano, quien cubría pasajes, almuerzos y otros gastos necesarios para que pudiera continuar sus estudios.
Su historia está marcada por el esfuerzo familiar y por la convicción de que la educación podía abrirle puertas que parecían inalcanzables.“Yo venía de un colegio promedio en El Santuario”, recuerda. Al ingresar a la universidad, sintió que debía ponerse al nivel de compañeros que provenían de instituciones reconocidas de Medellín. Incluso, como ella misma cuenta, al comenzar sus estudios no sabía quién era Albert Einstein, pero lejos de desanimarse, decidió persistir.

“Yo voy a hacerlo hasta que lo logre”, fue la frase que se repitió durante los primeros semestres, una etapa que describe como una de las más exigentes de su vida académica.
Un año antes de graduarse, Olga entendió que dominar el inglés sería clave si quería ampliar sus oportunidades académicas. Motivada nuevamente por su hermano, comenzó a estudiar el idioma. Poco después, surgió una idea que cambiaría su vida para siempre: viajar a China.
China, un país que se convirtió en hogar
Olga llegó a China en marzo de 2017 como parte de un intercambio académico. Aunque inicialmente sería una estancia temporal, desde el primer momento sintió una conexión profunda con el país.
“Desde que llegué, sentí que tenía una historia aquí”, afirma.
La cultura, la amabilidad de las personas y las oportunidades académicas la llevaron a tomar una decisión definitiva: quedarse y continuar su formación. Tras finalizar el intercambio, decidió quedarse e iniciar una maestría en física del estado sólido, en el área experimental.
Hoy, trabaja enseñando física y matemáticas a estudiantes que se preparan para ingresar a universidades internacionales. Sus clases se desarrollan principalmente en inglés, aunque también utiliza el chino cuando necesita aclarar conceptos y generar una conexión más cercana con sus estudiantes.
"Lo que más me ha ayudado a conectar con mis estudiantes es poder hablarles en el idioma de ellos, dice. Un día escuché una frase que decía: “Si quieres llegar al corazón de alguien, háblale en su propio idioma”, una idea que ha guiado su forma de enseñar y de integrarse en la cultura china.
Una familia entre dos culturas
En China, Olga formó una familia con su esposo, de nacionalidad china, y tuvo dos hijos. Aunque crecen en Asia, en su casa siguen presentes varias costumbres antioqueñas. Sus hijos, cuenta, disfrutan la arepa con quesito, el chocolate y el mango con limón y sal. “En esos aspectos, ellos son más paisas que yo”, dice entre risas.
Olga reconoce que lo que más extraña de Colombia no está en la comida, sino en la cercanía con su mamá y sus hermanos. Por eso, a pesar de la distancia, mantiene contacto diario con ellos por videollamada. Después de casi una década en Asia, asegura que China le enseñó a pensar en grande y a entender que muchas metas son posibles cuando se trabaja con constancia.
Aunque no sabe dónde vivirá en el futuro, tiene claro que Colombia y China ya hacen parte de su historia. Colombia es el lugar de sus raíces; China, el país donde nacieron sus hijos y donde amplió su forma de ver el mundo.
Su deseo es que ellos mantengan vivo el vínculo con Colombia, aprendan el idioma, conozcan su cultura y puedan acercarse al país donde comenzó esta historia.