En este municipio de Antioquia adoptan a los muertos que nadie reclama: la historia detrás de esta tradición
Los lunes los habitantes de este lugar de Antioquia se reúnen donde la fe se mezcla con historias de ausencia y esperanza.

Conozca los detalles de este municipio de Antioquia. Capturas de pantalla del episodio.
Antioquia es un departamento que, históricamente, ha sido golpeado por la violencia. Como consecuencia del conflicto armado, muchas familias se han tenido que enfrentar a la desaparición y ausencia de sus seres queridos.
Teniendo en cuenta lo anterior, en el cementerio del municipio de Puerto Berrío, ubicado a orillas del río Magdalena, durante años han sepultado cuerpos sin identificar, algunos de ellos encontrados en las aguas del río por pescadores de la zona.
En medio de esta realidad, nació una tradición particular: los habitantes adoptan simbólicamente a personas fallecidas que nunca reconocieron. Estas personas cuidan las tumbas, rezan por las almas de los fallecidos y, en algunos casos, les ponen nombres.
Para las familias que buscan a sus desaparecidos, esto representa una manera de recordar a sus seres queridos y mantener la esperanza de que alguien, en otro lugar, también esté cuidando de los suyos.
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¿Por qué los habitantes de este pueblo de Antioquia adoptan personas fallecidas?
Por otro lado, la adopción de muertos NN (asociado popularmente a ningún nombre) está relacionada con la devoción a las ánimas benditas, una creencia que ha acompañado durante generaciones a los habitantes del municipio Puerto Berrío, Antioquia.
Inclusive, los lunes son considerados días especiales para esta tradición religiosa. Por lo tanto, algunas personas visitan el cementerio para orar por estas personas.
Una de las mujeres que ha mantenido esta costumbre es doña Blanca, una madre que perdió a dos de sus hijos y que compartió su historia en el programa No es Cuento, de Teleantioquia. Ella comenzó a adoptar personas fallecidas sin identificar en el 2002.
En ese entonces, las tumbas no contaban con la identificación pertinente. Por eso, quienes adoptaban las ánimas podían ponerles nombre.
"Yo cuando los adopté pensaba en mi hijo y yo decía, así como yo adopto a este y me voy a dedicar a cuidarlo, tengo la fe que en algún pueblo, en alguna parte, hayan encontrado mi hijo y otra persona esté cuidando de él", contó doña Blanca.
Una tradición marcada por las desapariciones en el río Magdalena
Durante años, el río Magdalena fue escenario de las consecuencias de la violencia en el país. Muchos cuerpos llegaron hasta Puerto Berrío arrastrados por la corriente.
Para doña Blanca la búsqueda sigue inconclusa. Uno de sus hijos desapareció cuando estaba vinculado al Ejército y, después, perdió el rastro de su hija de nueve años, quien salió de su casa y nunca regresó.
Actualmente, no hace nuevas adopciones, pero continúa con su devoción a las ánimas y orando por otras familias.