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El mecanógrafo que sobrevivió a los computadores y sigue trabajando con su máquina de escribir en el centro de Medellín

Eriberto sigue escribiendo documentos en máquina, como lo hace desde hace décadas en el centro de Medellín

Disfruta de "Son de la Calle" en nuestro canal de Youtube. Foto: Teleantioquia

Disfruta de "Son de la Calle" en nuestro canal de Youtube. Foto: Teleantioquia

En pleno centro de Medellín, donde hoy los trámites se hacen por internet y los documentos se escriben en computadores, Eriberto Pérez Flores conserva un oficio que parece detenido en el tiempo: es mecanógrafo y todavía trabaja con su máquina de escribir.


Su historia fue contada en Son de la Calle, el programa de Teleantioquia que recorre la ciudad para descubrir personajes, oficios y relatos que hacen parte de la vida cotidiana pero en la calle. Eriberto nació en Cañasgordas, Antioquia, y llegó a Medellín hacia los años 60. Primero trabajó en La Bolivariana y luego fue mensajero en Suramericana.


Fue precisamente en esa época cuando empezó a observar a varias personas que escribían documentos en máquinas de escribir cerca del sector de La Veracruz. Con curiosidad y práctica, aprendió el oficio. Tiempo después dejó su trabajo, llevó su propia máquina a la calle y empezó una vida dedicada a escribir para otros.


Mira aquí el programa completo:


Un oficio que tuvo filas en el centro

Antes de los computadores y el internet, los mecanógrafos eran fundamentales para muchas personas. Eriberto recuerda que llegaban usuarios desde temprano para pedir documentos dirigidos a alcaldías, notarías, oficinas de pasaportes o de diferentes trámites.



En su máquina ha escrito derechos de petición, contratos de compraventa, contratos de arrendamiento y otros documentos personales. Su trabajo no consiste solo en teclear: también debe escuchar, entender lo que la persona necesita y dejarlo claro sobre el papel.


Durante años, este oficio le permitió sostenerse, formar una familia y construir su vida. “Todo me lo he conseguido en la calle”, dice en el capítulo, una frase que resume su relación con el centro de Medellín.


La máquina que resiste al tiempo

Aunque la tecnología cambió casi todo, Eriberto sigue llegando a trabajar. A sus 76 años, mantiene la rutina de levantarse, bañarse y salir a ganarse la vida con su máquina de escribir.


Su historia muestra que algunos oficios no desaparecen del todo mientras haya personas que los necesiten y alguien dispuesto a conservarlos. En cada documento que escribe, Eriberto mantiene viva una parte de la memoria del centro de Medellín.Son de la Calle rescata precisamente esas historias: personajes que, desde sus oficios, ayudan a entender la ciudad. En el caso de Eriberto, cada golpe de tecla recuerda una época en la que los trámites, las solicitudes y los contratos nacían sobre una hoja, con tinta, paciencia y mucho oficio.


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