16 años siendo el animero de Marinilla: el ritual nocturno que mantiene viva una antigua devoción antioqueña
El animero de Marinilla, un hombre que recorre el cementerio de noche para pedir oraciones por las almas del purgatorio

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En Marinilla, Oriente antioqueño, hay una tradición que todavía se camina en silencio, de noche y entre oraciones. Se trata del ritual del animero, la práctica religiosa y popular que hace parte de la memoria espiritual de varios municipios de Antioquia y de Colombia y que fue protagonista en un capítulo de Rutas, el programa de Teleantioquia que recorre el departamento para mostrar sus personajes, historias paranormales y mitos.
En esta ocasión, el recorrido llegó hasta el cementerio de Marinilla para conocer a Rigoberto, un hombre que lleva 16 años como animero. Su labor, según explicó en el capítulo, consiste en salir a pedir Padres Nuestros y Avemarías por las benditas almas del purgatorio, especialmente durante el mes de noviembre, una época asociada a la memoria de los difuntos.
Un ritual que empieza entre las tumbas
El ritual tiene un inicio cargado de simbolismo. De acuerdo con lo contado en Rutas, el animero llega al cementerio, toca las tumbas y pide permiso a Dios y a las almas para salir a recorrer las calles. Después toca una campana, elemento que marca el comienzo del recorrido nocturno.
En el capítulo, Rigoberto explica que no ora únicamente por unas almas en particular, sino por todas. Sin embargo, señala que su oración se dirige especialmente a aquellas que, según la creencia religiosa, necesitan ayuda espiritual para avanzar hacia la eternidad.
En Marinilla, según el relato, muchas personas creen en las benditas almas, pero no todas se animan a participar en las caminatas. El miedo, los comentarios del pueblo y las historias que se han contado alrededor del cementerio hacen que algunos prefieran vivir la devoción desde la distancia.
Entre la devoción y el misterio
Uno de los momentos más llamativos del capítulo ocurre cuando Rigoberto habla de lo que se siente dentro del cementerio. Él asegura que las ánimas no necesariamente se ven, pero sí se perciben. Describe una energía fría, una presencia que acompaña y una sensación que, para quienes creen en esta tradición, hace parte del vínculo con los difuntos.
Más allá de si cada persona cree o no en estas manifestaciones, el valor cultural del animero está en lo que representa: una forma de mantener viva la relación entre los vivos y quienes ya partieron. En muchos pueblos antioqueños, las historias de ánimas no solo generan miedo; también hablan de duelo, memoria familiar, fe y comunidad.