Bullerengue: el ritmo del Urabá que nació como canto de resistencia y hoy conquista escenarios globales
Aunque surgió como un canto femenino de resistencia, hoy el bullerengue se transforma en orquestas y escuelas que renuevan su esencia.

Así es el ritmo que ilumina al Urabá antioqueño: el bullerengue. Fotografía: Antioquia Crítica.
Colombia es un país con una grandeza cultural inmensa; desde su gastronomía hasta su música, los sonidos del territorio narran la historia de sus pueblos. En la región del Urabá antioqueño, donde convergen ríos, selvas y las raíces caribeñas, sobrevive un género musical con más de cuatro siglos de historia: el bullerengue.
Este ritmo, de origen africano, nació como un canto ritual femenino en las comunidades palenqueras, ligado a procesos de iniciación, fertilidad y resistencia espiritual. Con los años se convirtió en una forma de narrar la vida cotidiana, tramitar el duelo, celebrar la existencia y compartir un momento en comunidad.
El género llegó con los esclavizados al Caribe colombiano, y su práctica fue sostenida principalmente por mujeres mayores en contextos rurales. “El bullerengue forma parte de nuestra ancestralidad, de nuestra tradición y nuestra historia”, explica Benjamín Díaz, presidente de la Fundación Afrocolombiana de Bullerengue en una entrevista a El Colombiano.
El bullerengue: Entre la memoria y la renovación
Aunque la tradición ha enfrentado procesos de invisibilización y olvido, hay comunidades que se niegan a dejarlo morir. En municipios como Necoclí y Turbo, las voces y los tambores siguen latiendo, incluso impactando a las nuevas generaciones.
Por otro lado, en esa misma preocupación de salvaguardar este género tradicional, Díaz lidera desde 1988 el Festival Nacional del Bullerengue, que este año llega a su edición número 37.
Asimismo, en Turbo, la agrupación Corazón de Tambó, dirigida por Jarley Escudero, también conocido como Happy Bullerengue, forma niños y jóvenes en barrios marcados por la vulnerabilidad. “Somos memoria viva. Recogí canciones de abuelos y hoy las enseño a las nuevas generaciones”, dijo Escudero para El Colombiano.
En Apartadó, la agrupación Alma Negra lleva el bullerengue hacia nuevos horizontes, una fusión de la tradición y modernidad. Con guitarras eléctricas, saxofones y sintetizadores, esta banda fusiona el bullerengue con jazz, rock y música del Pacífico. “Queremos mostrar que los músicos tradicionales también pueden estar en el centro de los grandes festivales”, comentó el director de la banda, Brayan Brun, para El Colombiano.
Cabe recordar que el bullerengue del Urabá fue reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Bullerengue como refugio y símbolo de sanación
En los años más duros de la violencia en Urabá, el bullerengue fue refugio y consuelo. Juan David Mosquera, músico e investigador del proyecto comunitario como Sonidos y Palabras para Curar el Alma en Apartadó, afirma: “El bullerengue sirve para celebrar la vida, pero también para vivir el duelo”. El canto se convierte en una forma de sanar las heridas.
Petrona Martínez: matrona del bullerengue en el mundo
El bullerengue no solo se ha mantenido en pequeñas comunidades de Colombia. Gracias a artistas como Petrona Martínez, la tradición ha cruzado fronteras. Nacida en San Cayetano (Bolívar), es considerada la gran embajadora del género, posicionándolo en escenario internacionales.
Como documenta el investigador Manuel García-Orozco en su proyecto, Petrona Martínez ha sido clave en la transformación del bullerengue de una música marginada a un símbolo de identidad nacional. Su legado rinde homenaje a una genealogía de mujeres cantoras, muchas de ellas invisibilizadas.
Sin duda alguna, hoy en día el bullerengue vibra en cada tambor, en cada pollera que gira y en cada historia contada con voz firme. Resiste como canto colectivo, se transforma en sinfonías juveniles y se proyecta al mundo con una identidad que honra sus raíces.