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Así vive el pueblo que soporta hasta -70 °C: la comunidad nómada que desafía el frío extremo del Ártico

El pueblo nenet enfrenta desafíos extremos para sobrevivir en el Ártico. Conoce su estilo de vida y cultura aquí.

Conozca a este pueblo que vive a -50 grados en el Ártico ruso. Capturas de pantalla del canal Lethal Crysis.

Conozca a este pueblo que vive a -50 grados en el Ártico ruso. Capturas de pantalla del canal Lethal Crysis.

Mientras que para muchos el frío aparece con solo bajar unos grados la temperatura, en el norte de Siberia hay comunidades que viven en condiciones que parecen imposibles. El pueblo nenet, una comunidad indígena nómada de la tundra ártica, ha desarrollado durante siglos estrategias para habitar un territorio donde el termómetro puede descender hasta los -50 °C.


Estos pastores viven principalmente en la Península de Yamal, en el Ártico ruso, donde las temperaturas pueden descender incluso hasta los -70 °C durante el invierno. Allí, la supervivencia depende de un gran conocimiento del entorno, de la migración constante y de una relación directa con los renos, el animal que sostiene gran parte de su cultura y economía.



Según los documentales hechos por Rubén Díez (Lethal Crysis), la vida cotidiana de los nenet está marcada por la movilidad permanente y la adaptación a un territorio que cambia constantemente por las tormentas de nieve.


El reno y la migración: claves de la supervivencia

La base de la vida del pueblo nenet gira alrededor del reno. Este animal les proporciona alimento, transporte y materiales para fabricar ropa y utensilios. Su carne es la principal fuente de energía en una dieta rica en grasas y proteínas que les permite soportar tales temperaturas extremas.


Asimismo, determina sus rutas de desplazamiento, ya que los nenet son conocidos por realizar largas migraciones nómadas en busca de pastos y recursos para sus rebaños, recorriendo incluso más de 1.000 kilómetros al año entre los territorios de invierno y verano.


Este traslado implica desmontar completamente sus viviendas tradicionales, conocidas como chums, estructuras de madera cubiertas con piel de reno. Durante el invierno se mueven una o dos veces al mes, pero en verano pueden migrar casi a diario para escapar de las intensas nubes de mosquitos que invaden la tundra.


No obstante, migrar no es una tarea sencilla. Si una tormenta de nieve sorprende a la familia durante el traslado, pueden quedar completamente expuestos al frío. Además, si las pieles del chum se humedecen, pueden congelarse y volverse inútiles durante el resto del invierno, lo que representa un riesgo grave para la supervivencia.


Un hogar cálido en medio del congelador natural

El contraste entre el exterior y el interior de un chum es drástico. Mientras afuera las temperaturas pueden descender muy por debajo de los -30 °C, el fuego en el interior permite mantener un ambiente de entre 10 y 20 grados, suficiente para que las familias convivan con relativa comodidad.


En estas viviendas suelen habitar hasta tres generaciones de una misma familia. Allí preparan alimentos, socializan y se protegen de las tormentas.


El frío exterior es tan fuerte que funciona como un congelador natural. La carne de reno y el pescado se almacenan directamente sobre la nieve, donde se conservan de forma natural. La forma más común para ingerir los alimentos son crudos, congelados y con sal. El español lo describió como el “sushi del Ártico”.


Un pueblo con tradiciones, creencias y desafíos modernos

Por otro lado, la cultura del pueblo nenet está ligada a una espiritualidad animista. Creen en deidades como Num, considerado el dios supremo, y Nga, asociado al inframundo. 


Sin embargo, su estilo de vida enfrenta desafíos crecientes. El cambio climático está alterando los ciclos de congelación de ríos y lagos, lo que dificulta las rutas migratorias tradicionales. A esto se suma la expansión de la industria del gas y el petróleo en el Ártico, que ha reducido algunas zonas de pastoreo.


Según el video, estas transformaciones han llevado a que una parte de los nenet abandone el pastoreo para trabajar en sectores industriales, aunque muchas familias continúan defendiendo su modo de vida nómada.


A pesar de las dificultades, los nenet siguen siendo uno de los pocos pueblos que mantienen una vida nómada en el Ártico, demostrando cómo la adaptación humana puede desarrollarse incluso en los entornos más hostiles del planeta.



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