Así era la prestigiosa hacienda Fizebad en El Retiro hace 200 años, cuando era dirigida por una duquesa
La hacienda Fizebad, construida en 1825, fue hogar de Sotera Lorenzana, una de las primeras mujeres alfabetizadas de Antioquia y administradora de minas de oro y sal.

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En el municipio de El Retiro, Antioquia, se alza una de las haciendas más antiguas e históricas del Valle de San Nicolás: la hacienda Fizebad, construida en 1825 por don Braulio Mejía Gutiérrez y doña Sotera Lorenzana, dos miembros de la élite rionegrera que marcaron el desarrollo económico y cultural de la región. Casi dos siglos después, sus corredores, capilla y balcones siguen siendo testigos de una historia que combina riqueza, poder, fe y misterio.
La propiedad fue bautizada originalmente como Potreros del Buen Retiro y su función principal era servir como centro de acopio y explotación de las minas de oro y sal de la zona. Con el tiempo, en 1942, el empresario Jesús Mora Carrasquilla, uno de los fundadores de Tejicóndor, adquirió la hacienda y le cambió el nombre a Fizebad
En el programa "No es Cuento" de Teleantioquia, relatamos esta historia. Míra aquí el capítulo completo:
Sotera Lorenzana: una mujer adelantada a su época
La figura que más peso histórico tiene en la hacienda es la de doña Sotera Lorenzana, nieta del gobernador Cayetano Lorenzana, uno de los grandes mandatarios que tuvo la provincia de Antioquia en el siglo XVII. Sotera no era una mujer común para su época: en un tiempo en que pocas mujeres tenían acceso a la educación, ella sabía leer y escribir, lo que la convirtió en una de las primeras mujeres alfabetizadas de Antioquia.
Su cotidianidad en la hacienda combinaba la administración de un vasto territorio con actividades culturales y espirituales. Le gustaba tocar el piano, leer poesía y literatura, y salir en carroza a inspeccionar sus minas y a sus trabajadores. Desde el balcón de la hacienda, ubicada en un punto alto del Valle de San Nicolás, admiraba los paisajes que la rodeaban.
Cuando su esposo, quien ejercía como médico y político, debía desplazarse hasta Bogotá, Sotera quedaba a cargo de la hacienda, sus criados, sus esclavos y sus trabajadores. Era una mujer de carácter fuerte y decisiones claras, una administradora capaz en una sociedad que asignaba esos roles exclusivamente a los hombres.
Una fe profunda y una capilla doctrinera
La espiritualidad era parte central de la vida de Sotera Lorenzana. Rezaba el rosario todas las noches sin falta y se encomendaba a la Virgen del Rosario, la advocación mariana de la región. La hacienda contaba con una capilla doctrinera, construida también para adoctrinar a los esclavos e indígenas que trabajaban en la propiedad, evitando así largos desplazamientos hasta la ciudad de Rionegro.
La imagen de la Virgen que alberga esa capilla fue traída por un recaudador de impuestos, ancestro del esposo de Sotera, bajo la advocación de la Virgen de las Victorias, posteriormente conocida como la Virgen del Rosario la Naval, una obra atribuida al artista Miguel Vicente Ruiz. La capilla se convirtió en el espacio espiritual donde Sotera oraba por su familia y por quienes vivían bajo su techo.
Legado familiar y conexiones con la historia de Colombia
Sotera Lorenzana y Braulio Mejía tuvieron cinco hijos. Entre ellos, Nepomusena Mejía Lorenzana se casó con Tyler Moore, un ingeniero inglés que introdujo nuevas tecnologías para la explotación minera en Antioquia, incluyendo las famosas minas del Zancudo, consideradas entre las más importantes de la región en el siglo XIX. En la hacienda también nació Liborio Mejía, quien llegaría a ser presidente de la República de Colombia. Otro miembro de la familia, Félix Mejía Vallejo, fue capellán y constructor de la catedral de Rionegro. La hacienda Fizebad no fue simplemente una propiedad agrícola: fue una cuna de personajes que influyeron en la historia política, religiosa y económica de Antioquia y del país.