Coordinación y fe: así se preparan los cargueros para las procesiones de Semana Santa en Antioquia
las andas pueden superar las dos toneladas y requieren meses de preparación. Conozca cómo se vive esta tradición desde adentro.

Imágenes: Teleantioquia
En el municipio de Barbosa, Antioquia, la Semana Santa no solo se vive en las calles durante las procesiones. Detrás de cada recorrido hay semanas —incluso meses— de preparación, donde la coordinación, la resistencia física y la fe se convierten en elementos fundamentales. Así lo evidenció el programa Rutas de Teleantioquia, que acompañó de cerca el trabajo de los cargueros, quienes asumen una de las responsabilidades más exigentes de esta tradición.
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Todo comienza con las andas, la base sobre la cual se construyen los pasos procesionales. Estas estructuras, que pueden pesar alrededor de 140 kilogramos sin decoración, alcanzan entre 450 y 500 kilogramos una vez están completamente organizadas. En algunos casos, como nuevas estructuras diseñadas recientemente, el peso puede superar incluso las dos toneladas. Sobre ellas se instalan imágenes como el Resucitado o la Dolorosa, junto con arreglos florales y elementos litúrgicos que hacen parte de cada escena.
Una tradición que se carga con el cuerpo y el alma en Semana Santa
La práctica de cargar imágenes religiosas tiene raíces históricas que se remontan a Europa, especialmente a España desde el siglo XV, donde se asumía como un acto de penitencia y devoción. En Barbosa, esta tradición se mantiene viva, pero también se resignifica como una experiencia personal. Para muchos cargueros, se trata más de llevar consigo una carga simbólica.
Historias como la de quienes han dedicado décadas a esta labor dan cuenta de ello. Algunos iniciaron desde jóvenes, motivados por un acto de fe hacia una imagen específica, y con el paso de los años han convertido esta práctica en parte esencial de su vida. Incluso después de enfrentar situaciones de salud complejas, hay quienes regresan a cargar, reafirmando el sentido espiritual que encuentran en esta tradición.
Coordinación y aprendizaje colectivo
El proceso no es improvisado. Cada movimiento durante las procesiones requiere precisión. Desde el primer paso —que tradicionalmente inicia con el pie izquierdo— hasta el ritmo de la marcha, todo responde a una coreografía cuidadosamente ensayada. La música, generalmente de carácter fúnebre, marca la velocidad y el compás de los cargueros.
Este aprendizaje se transmite de generación en generación. En espacios como callejones o zonas cercanas a la parroquia, los más experimentados enseñan a niños y nuevos participantes cómo cargar, cómo coordinarse y cómo respetar el significado de cada imagen. Es un trabajo colectivo donde cada integrante cumple un rol clave para garantizar que el paso avance de forma segura y armoniosa.