A punta de aguja e hilo: la mujer que convirtió una calle del Centro de Medellín en su taller de costura
La venezolana que transformó su vida en las calles de la ciudad aprendiendo un oficio desde cero para sacar adelante a su familia con orgullo.

Fotos: Teleantioquia
En medio del ajetreo diario de las calles de Medellín, donde convergen cientos de historias de superación, destaca la presencia de Emilglis Amarilis. Esta mujer, oriunda de Ciudad Bolívar, estado Bolívar, en Venezuela, se ha convertido en un referente de tenacidad al establecer un taller de costura al aire libre.
La rutina de Emilglis comienza mucho antes de que se encienda la primera máquina. Cada mañana, junto a su esposo, organiza la logística necesaria para el cuidado y transporte de su hijo al centro educativo. Una vez cumplida esta responsabilidad, ambos se dirigen a su punto de trabajo, donde operan una jornada continua de 8:00 a.m. a 5:30 p.m.
Taller en al calle: de la incertidumbre al dominio del oficio
El camino de Emilglis en la confección no comenzó con una vocación previa. Ella admite abiertamente que, a su llegada, desconocía las técnicas más básicas del oficio. Sin embargo, la necesidad y la voluntad de progresar la llevaron a aprender desde cero. "Me tocó aprender todo: desde cómo enhebrar la máquina y cambiar una aguja, hasta poner un cierre", explica. Su proceso de aprendizaje fue guiado por la práctica constante, donde la exigencia técnica se convirtió en su mejor escuela para abrir su taller.
Hoy en día, su taller se ha ganado una reputación sólida entre los clientes habituales de la zona. El servicio que ofrece abarca una gama diversa de reparaciones: desde el ajuste de chaquetas y correas, hasta la restauración de bolsos y otros accesorios. La rapidez y la precisión en sus costuras han fidelizado a una clientela que valora su inmediatez, destacando que no requiere reclamos posteriores debido a la calidad en el acabado de sus trabajos.
Un ejemplo de emprendimiento urbano
La labor de Emilglis ha sido reconocida no solo por sus usuarios, sino también por sus compañeros y vecinos, quienes la describen como una mujer "berraca" y siempre dispuesta. Su presencia constante en la vía pública la expone al contacto directo con el público, un desafío que ella asume con cordialidad. Esta interacción diaria le permite visibilizar que su negocio es, ante todo, un proyecto de vida honrado.
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Su testimonio sobre la lucha cotidiana resuena con muchas otras personas en situaciones similares. Emilglis insiste en el valor de la constancia: "Es salir adelante día a día, guerriársela. Aunque no sea fácil, hay que seguir adelante". Su visión de futuro es clara y está enfocada en el crecimiento: su mayor deseo es consolidar su propio local, aspirando a la independencia profesional y a la estabilidad que permite el emprendimiento propio.
Finalmente, Emilglis envía un mensaje de motivación a todas las personas, tanto colombianas como venezolanas, que enfrentan dificultades para lograr sus metas. Para ella, el trabajo es una herramienta de admiración que, cuando se combina con la motivación y las ganas, permite convertir el oficio más humilde en una fuente de dignidad y progreso.