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La pelea legal de Frisby en Europa: lo que está en juego con su marca
La emblemática cadena colombiana de pollo frito enfrenta una compleja situación de propiedad intelectual en Europa. ¿Puede perder su marca?
Por: Maria José Amariles Echeverri
may 15, 2025 - 07:00 p. m.
Foto tomada del sitio web Frisby España
Cuando apareció en
">redes sociales la cuenta de Frisby España con su primera publicación, muchos creyeron que se trataba del anuncio de la expansión internacional de una de las marcas de comida rápida más queridas por los colombianos. Sin embargo, la realidad resultó ser muy distinta: se trataba de una posible suplantación de identidad y un caso de piratería marcaria que encendió tanto alarmas legales como reacciones emocionales. La situación ha puesto sobre la mesa una pregunta clave: ¿hasta dónde podrá llegar Frisby en la defensa de su nombre?
Frisby, con más de 270 restaurantes en 60 ciudades de Colombia, se ha ganado a pulso un lugar privilegiado en la memoria colectiva del país. Por eso, cuando surgió una cuenta en Instagram con el nombre de Frisby España y mensajes alusivos a una supuesta llegada a Europa, miles de colombianos en el extranjero celebraron lo que parecía un paso natural en la internacionalización de la marca. Sin embargo, la alegría duró poco: Frisby Colombia negó rotundamente tener relación con esa iniciativa y denunció suplantación de identidad.
La historia se volvió aún más compleja cuando se conoció que la marca “Frisby” está registrada en Europa desde hace más de 20 años, aunque sin que la empresa colombiana haya ejercido actividad comercial real en ese continente. Esta omisión abrió una puerta para que terceros —en este caso, la ciudadana belga Jacqueline Guillemine Pérez Parcha y el abogado español Gonzalo Barrenechea Correa— intentaran apropiarse del nombre, activando un proceso en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO).
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El origen del conflicto de Friby: una falsa expansión y una verdadera amenaza
Frisby, con más de 270 restaurantes en 60 ciudades de Colombia, se ha ganado a pulso un lugar privilegiado en la memoria colectiva del país. Por eso, cuando surgió una cuenta en Instagram con el nombre de Frisby España y mensajes alusivos a una supuesta llegada a Europa, miles de colombianos en el extranjero celebraron lo que parecía un paso natural en la internacionalización de la marca. Sin embargo, la alegría duró poco: Frisby Colombia negó rotundamente tener relación con esa iniciativa y denunció suplantación de identidad.
La historia se volvió aún más compleja cuando se conoció que la marca “Frisby” está registrada en Europa desde hace más de 20 años, aunque sin que la empresa colombiana haya ejercido actividad comercial real en ese continente. Esta omisión abrió una puerta para que terceros —en este caso, la ciudadana belga Jacqueline Guillemine Pérez Parcha y el abogado español Gonzalo Barrenechea Correa— intentaran apropiarse del nombre, activando un proceso en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO).
¿Piratería marcaria? Un fenómeno legal con fines lucrativos
Este tipo de estrategia no es nueva ni exclusiva del caso Frisby. Según la Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia, se trata de piratería marcaria, un fenómeno en el que un tercero registra una marca legítima como propia no para explotarla comercialmente, sino para ejercer presión sobre su verdadero propietario y obtener compensaciones económicas a cambio de devolver los derechos.
Ya ha ocurrido con gigantes como Apple, que en 2021 tuvo que pagar 60 millones de dólares en China para recuperar la marca iPad. Frisby podría estar enfrentando un caso similar, en el que los titulares de la marca en Europa estarían buscando forzar una negociación bajo la apariencia de un falso lanzamiento.
En efecto, los representantes de Frisby España han manifestado su disposición a “tender puentes” con la compañía colombiana, un gesto que para muchos expertos puede entenderse como un intento de obtener dinero a cambio de ceder el uso del nombre.
¿Qué puede hacer Frisby Colombia? Las opciones legales sobre la mesa
Aunque la situación luce delicada, Frisby no está sin defensas. La empresa puede acogerse al Convenio de París y al Acuerdo sobre los ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual) para demostrar que su marca goza de notoriedad internacional y que el registro en Europa se hizo de mala fe.
De acuerdo con expertos Frisby puede actuar en tres frentes:
- Ante la EUIPO, para solicitar la nulidad del registro europeo por mala fe o falta de uso real.
- En los tribunales españoles, alegando competencia desleal, infracción marcaria y, eventualmente, fraude.
- En el plano penal, si se logra probar que hubo una intención dolosa de confundir a consumidores e inversionistas.
Además de la cancelación del registro, Frisby podría exigir compensación económica, la suspensión inmediata del uso de su marca, el retiro de contenidos engañosos e incluso la imposición de sanciones penales a los responsables.
Más allá del pleito jurídico, el caso de Frisby pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿Quién tiene derecho a una marca que ha sido construida con el afecto y la identidad de todo un país?
¿Frisby Colombia ganará esta batalla? El resultado depende de su capacidad para demostrar lo que muchos ya saben en el corazón: que Frisby no es solo pollo, es una parte del alma colombiana.
