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EN VIDEO | La travesía que vivieron una madre y su hijo, con parálisis cerebral, para viajar desde Venezuela a Medellín tras los terremotos

Un día después de haber llegado a Caracas Sandra Gómez y su hijo Pablo Andrés vivieron los terremotos de Venezuela. Sin embargo, lo peor vino después, a su regreso a Antioquia.

Sandra Patricia Gómez Jiménez y su hijo, Pablo Andrés Calderón Gómez, vivieron una verdadera odisea tras los terremotos en Venezuela. Foto: AFP y Cortesía

Sandra Patricia Gómez Jiménez y su hijo, Pablo Andrés Calderón Gómez, vivieron una verdadera odisea tras los terremotos en Venezuela. Foto: AFP y Cortesía

Sandra Patricia Gómez y su hijo, Pablo Andrés Calderón, quien tiene parálisis cerebral, vivieron una verdadera travesía para regresar a Medellín desde Venezuela luego de los terremotos del pasado 24 de junio.


Habían viajado de vacaciones para visitar a la hermana de Sandra, quien vive en Caracas. Llegaron el 23 de junio, pasaron la noche allí y tenían planeado ir a la playa. Sin embargo, a las 6:04 p. m. (hora de Venezuela) del día siguiente, la tierra sacudió al vecino país, apenas un día después de su llegada.


"Mi hermana vive en un piso 10. Primero empezó a temblar y luego se vino el terremoto. Nosotros no alcanzamos a salir porque Pablo permanece en una silla de ruedas y no se podía usar el ascensor", recordó.


Con su celular estaba grabando cómo había quedado el apartamento cuando miró por la ventana. A lo lejos, observó columnas de polvo donde antes había edificios.


Pese a lo que vieron, solo dimensionaron la magnitud del sismo en la madrugada del 25 de junio, cuando comenzaron a circular los videos del estado La Guaira, la zona cero de la emergencia.


Ese mismo día fueron al restaurante que su hermana tiene en Caracas para verificar cómo había quedado y, de paso, abastecerse de alimentos. Después de los terremotos no sabían cómo estaba la ciudad.


Afortunadamente, narró Sandra, en el establecimiento no había ocurrido nada de gravedad. Aunque todo estaba en el suelo, la estructura no sufrió afectaciones.


Al ver la solidaridad de los caraqueños con los habitantes de La Guaira, Sandra y su hermana se sumaron a la compra de alimentos y agua para enviarlos a los damnificados. Todos los días subían y bajaban los 10 pisos cargando a Pablo y recorrían la ciudad en busca de víveres.


Sin embargo, cuando llegaba la noche, el miedo se apoderaba de la familia. El lunes 29 de junio volvió a temblar y Sandra ya no pudo soportar más la situación. Decidió regresar a Rionegro con su hijo, pues consideró que, por su condición, no podía permanecer allí.


La travesía de viajar de Venezuela a Colombia tras los terremotos terminó con más problemas en Cúcuta

Consiguió un vuelo desde Cúcuta para el 1 de julio a las 9:20 p. m. Su hermana se comunicó con un amigo en Caracas, quien se ofreció a llevarlos hasta la frontera.


También preparó comida para el viaje, pues el abastecimiento en ese país ya era complicado antes de los terremotos y desconocía cómo había empeorado la situación después de la emergencia.


Los 958 kilómetros desde Caracas hasta la frontera con Colombia los recorrieron en poco más de 12 horas. Durante el trayecto no fueron detenidos por las autoridades y todo transcurrió con normalidad. En el paso fronterizo tampoco tuvieron inconvenientes.


La odisea comenzó en el aeropuerto de Cúcuta con la aerolínea JetSmart. Llegaron a las 7:00 p. m., dos horas y 20 minutos antes del despegue.


Sin embargo, la funcionaria encargada del check-in, al ver a Pablo Andrés, les indicó que debía presentar un documento firmado por un médico en el que constara que el joven estaba en condiciones de viajar.



"Yo le traté de explicar que él no estaba enfermo ni tenía una patología mental, sino una parálisis cerebral de nacimiento, y que era la primera vez, en todos los viajes que habíamos hecho, que nos exigían ese documento", denunció Sandra, quien aseguró haber sentido discriminación por parte de la funcionaria.


Le exigieron el certificado médico y la amenazaron con no dejarla viajar

Posteriormente acudieron al personal de salud del aeropuerto, cuyos profesionales respaldaron lo manifestado por la madre. Sin embargo, la empleada continuó negándose a permitirles abordar el avión.


Sandra tuvo que contactar a su hermano, quien vive en Medellín, para que hablara con un médico conocido y les enviara una fotografía de un certificado. "Me dio diez minutos. Menos mal mi hermano alcanzó a mandarme la foto y fue ella misma la que me autorizó el ingreso al avión, ni siquiera había suficientes sillas de ruedas para trasladarlo", relató.


Finalmente, abordaron el vuelo con retraso debido a todos los inconvenientes y llegaron a Rionegro en la madrugada del 2 de julio, con la desazón de haber sobrevivido a una tragedia, recorrer gran parte de Venezuela en medio de la emergencia y encontrarse con nuevos obstáculos al llegar a Colombia.



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