EN VIDEO | En Medellín una familia ya convive con robots humanoides: uno tiene nombre, apellido y hasta salió de compras
Uno de ellos es el T800, cuyo valor comercial asciende a 270 millones de pesos, mientras que el segundo, de menor tamaño, ya fue bautizado y salió a un centro comercial con la familia que lo adquirió.

Una familia en Medellín ya convive con robots humanoides. Uno se llama Diomedes, salió de compras y será entrenado para realizar tareas dentro del hogar. Foto: Teleantioquia
Una familia en Medellín comenzó a convivir con dos robots humanoides, una tecnología que busca llevar máquinas capaces de interactuar con personas y ejecutar diferentes tareas a espacios cotidianos. Uno de ellos ya tiene nombre, apellido y hasta acompañó a sus nuevos dueños a un centro comercial.
El empresario Andrés Aguirre, propietario de los robots, cuenta que uno de ellos ya empezó a integrarse a la dinámica familiar. Se llama Diomedes Aguirre y su primera experiencia fuera de casa ocurrió durante una salida de compras.
“Se llama Diomedes, tiene mi apellido. Ayer, por ejemplo, lo llevamos a comprar ropa, lo llevamos al centro comercial y pues imagínate la locura, porque eso es impactante”, contó Aguirre al Sistema Informativo de Teleantioquia.
Dos robots humanoides llegaron a una familia en Medellín
Se trata de los primeros dos robots humanoides a escala que harán parte de esta familia en Medellín. Uno de ellos es el T800, cuyo valor comercial asciende a 270 millones de pesos, mientras que el segundo, de menor tamaño, ya recibió el nombre de Diomedes Aguirre.
De acuerdo con sus propietarios, el T800 corresponde a un modelo de alta gama dentro de esta tecnología, mientras que Diomedes comenzó un proceso de adaptación al entorno familiar.
La experiencia ya salió de la casa. Diomedes acompañó a sus nuevos dueños a un centro comercial para comprar ropa, una situación que generó sorpresa entre quienes se encontraron con el robot.
¿Cuánto cuesta convertir un robot humanoide en un asistente para el hogar?
De acuerdo con Aguirre, el proceso de programación podría superar los 160 millones de pesos adicionales y extenderse durante aproximadamente seis meses.
“Ya si tú quieres tener una funcionalidad real, quiere decir que hay que tener programación, conectarte con el chip (...) para que se conecte a las actualizaciones. Es una inversión alta porque es mucho más que traerlos”, explicó.
El objetivo es que durante ese periodo los robots desarrollen capacidades para imitar acciones, seguir instrucciones, reconocer elementos de su entorno y ejecutar determinadas tareas.
Según el propietario, la expectativa es que después de unos seis meses Diomedes pueda comenzar a ayudar con algunas actividades dentro de la vivienda.
“Más o menos en seis meses ya puede empezar a hacer actividades domésticas porque ya tiene su propia conciencia, toma de decisiones y ya esquiva objetos y escalones”, explicó Aguirre.
Robots que comienzan a adaptarse a la vida cotidiana
Algunas de las capacidades que ya sorprenden durante las primeras experiencias de Diomedes son caminar por espacios públicos, interactuar con personas y desplazarse evitando obstáculos.
El robot también puede seguir instrucciones y realizar movimientos programados, como bailar. Esas interacciones permiten observar cómo una máquina comienza a adaptarse a un entorno pensado originalmente para personas.
Para Aguirre, llevarlo a un centro comercial permitió precisamente poner a prueba esa interacción en un espacio cotidiano.
“La primera vez es muy impactante”, relató sobre la reacción que generó la presencia de Diomedes durante la salida.
El T800, por su parte, tiene una apariencia inspirada en Terminator, aunque su uso en este caso está orientado a un entorno doméstico y de interacción con las personas.
De la ciencia ficción a los hogares
Dejaron de ser únicamente una escena de película y comenzaron a convivir con personas. En esta familia de Medellín, el proceso apenas comienza.
Aunque todavía requieren programación, entrenamiento y supervisión, la expectativa de sus propietarios es que puedan reconocer progresivamente su entorno, aprender determinadas tareas y responder a las instrucciones que reciban.
La experiencia también muestra que adquirir un robot humanoide implica mucho más que comprar una máquina: su adaptación y entrenamiento representan una inversión adicional para convertirlo en una herramienta capaz de desarrollar funciones dentro del hogar.