Ella era Ana María Cetina, la colombiana de 23 años que murió en accidente aéreo en Florida junto a los niños que cuidaba
La joven nació en Bogotá y residía en Colorado, Estados Unidos. Los investigadores encontraron indicios de que el avión pudo comenzar a desintegrarse antes del impacto.

Ana María Cetina residía en Colorado y estaba al cuidado de Emma y Charlie Robinson. Fotos: cortesía
Ana María Cetina, una colombiana de 23 años nacida en Bogotá, figura entre las nueve personas que murieron el domingo 1 de noviembre en un accidente aéreo en Palm Beach, Florida, Estados Unidos. La joven trabajaba como niñera de dos pequeños que también perdieron la vida cuando el avión privado en el que viajaban se precipitó sobre una carretera.
Cetina residía en Colorado y estaba al cuidado de Emma y Charlie Robinson, de cuatro y dos años, hijos del empresario tecnológico Adam Robinson, de 45 años, y de Helen Sharp, de 40. Los cuatro integrantes de la familia fallecieron en el siniestro.
La colombiana había construido una relación cercana con los menores. En un comunicado divulgado después del accidente, los familiares destacaron el cariño y la dedicación con los que desempeñaba su trabajo.
“Anita María cuidó de Emma y Charlie con ternura y devoción, y era verdaderamente parte de la familia”, expresaron.
El grupo viajaba en un Learjet 60 que había despegado de Austin, Texas, con destino a North Eleuthera, en Bahamas. Sin embargo, hacia las 12:50 p. m. la aeronave cayó sobre una vía en Greenacres, condado de Palm Beach. El impacto provocó una explosión y dejó un cráter en el pavimento.

Entre las víctimas también estaban Rachael Reed y su pareja, Charmi Fehr, amigas de la familia y copropietarias de un hotel en Honduras. La tripulación estaba integrada por Jeffrey Gregory, de 55 años, y Nathalia Gadelha Filgueiras, de 20.
Qué se sabe de los últimos minutos del vuelo
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB) reveló el lunes 2 de noviembre que algunas partes del avión pudieron desprenderse mientras todavía se encontraba en el aire.
Las comunicaciones con el control aéreo muestran que, minutos antes del accidente, los pilotos reportaron formación de hielo y turbulencia moderada cuando volaban a unos 35.000 pies de altura.
Posteriormente, solicitaron autorización para ascender, pero la aeronave comenzó a perder altura rápidamente. Según los registros preliminares, llegó a descender a una velocidad superior a los 20.000 pies por minuto, antes de que la tripulación advirtiera sobre la inminencia del impacto.
Los investigadores también buscan establecer si el avión llevaba una grabadora de voz de cabina, que podría aportar información sobre los últimos instantes del vuelo.
Por ahora, la NTSB no ha determinado las causas del accidente y continúa analizando los restos de la aeronave, las condiciones meteorológicas y las comunicaciones de los pilotos.