El norte contamina y el sur respira: así viajan las emisiones por el Valle de Aburrá
Aunque las estaciones del Siata reportaron niveles buenos y aceptables durante la última semana, una experta advierte sobre los riesgos que pueden ocultar estas mediciones.

En la estación Casa de Justicia de Itagüí, las concentraciones pasaron de 16 microgramos por metro cúbico el lunes 12 a 26 el sábado 17. Foto: cortesía
Los habitantes de Itagüí, Sabaneta, La Estrella y Caldas no solo respiran la contaminación que se produce en sus municipios. A estas emisiones se suman las que llegan desde el norte del Valle de Aburrá, arrastradas por los vientos. Debido a las condiciones atmosféricas, pueden permanecer acumuladas en el sur.
Este fenómeno preocupa especialmente durante octubre, cuando la dispersión de contaminantes se dificulta. Según los registros del Siata, entre el 12 y el 18 de octubre varias estaciones reportaron aumentos en las concentraciones de material particulado PM2.5, con algunos de los valores más altos en Medellín e Itagüí.
En la estación Casa de Justicia de Itagüí, las concentraciones pasaron de 16 microgramos por metro cúbico el lunes 12 a 26 el sábado 17. En Medellín, la estación de Belén alcanzó los 29 microgramos el viernes 16, el registro diario más alto del reporte semanal.
Aunque ninguna estación alcanzó las categorías naranja o roja, los indicadores buenos y aceptables no significan necesariamente que la exposición a los contaminantes esté libre de riesgos.
En diálogo con el Sistema Informativo de Teleantioquia, Carmen Elena Zapata, jefe del Laboratorio de Calidad del Aire (Calaire) de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional, explicó que los promedios de 24 horas pueden ocultar concentraciones más elevadas registradas durante ciertos momentos del día.
“Eso hace que se pierdan los picos que se presentan en la mañana y en la tarde y suaviza la curva, porque saca un promedio”, señaló.

La profesora advirtió que cumplir los límites establecidos por la normativa colombiana no equivale necesariamente a alcanzar las concentraciones recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“Desde el punto de vista de salud, lo importante es el tiempo de exposición, los antecedentes familiares y el tipo de contaminantes al que está expuesto”, agregó.
¿Por qué la contaminación del norte termina en el sur?
Desde Calaire explican que los vientos pueden transportar las emisiones de los vehículos hacia el sur del Valle de Aburrá, donde se suman a las fuentes locales de contaminación.
“Hay zonas donde hay mayor concentración de vehículos, más rutas de buses, y eso hace que esas zonas sean zonas de alta contaminación”, indicó Zapata.
El problema aumenta cuando la atmósfera permanece estable y dificulta la circulación vertical del aire, una situación frecuente durante octubre y noviembre.

“Se quedan los contaminantes atrapados porque la estabilidad atmosférica no permite que haya velocidad vertical que saque los contaminantes del valle”, explicó la investigadora de la Facultad de Minas.
Por eso, municipios como Itagüí, Sabaneta, La Estrella y Caldas pueden acumular partículas generadas en otros sectores, además de las producidas dentro de sus territorios.
¿Qué tan efectivas son las medidas preventivas en el Valle de Aburrá?
El actual periodo de gestión preventiva de la calidad del aire comenzó el 13 de octubre y se extenderá hasta el próximo 24. Por ahora, las autoridades no han considerado necesario implementar restricciones adicionales como el pico y placa ambiental.
Sin embargo, Zapata considera que las recomendaciones voluntarias necesitan mayor compromiso ciudadano y empresarial.
“Muchas empresas se han acogido a medidas voluntarias, pero no todas”, afirmó.
La jefe de Calaire destacó que las restricciones vehiculares adicionales pueden contribuir a reducir las emisiones. Así como la renovación del parque automotor y la transición hacia otras tecnologías.
“El problema radica en que sí se cumplan esas acciones voluntarias”, insistió.

La experta también llamó la atención sobre el ozono troposférico. Este contaminante se forma por reacciones químicas en la atmósfera y puede afectar la salud respiratoria.
“Lo monitoreamos, pero no hacemos nada para su reducción”, cuestionó, al señalar la falta de medidas específicas frente a este contaminante.
Aunque el domingo 18 las estaciones del Siata registraron una disminución de las concentraciones de PM2.5, el seguimiento continuará hasta el 24 de octubre para determinar si las condiciones requieren nuevas medidas.