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El hongo que se come la radiación: el extraño caso de Chernóbil

Un hongo descubierto en las paredes del reactor nuclear de Chernóbil convierte la radiación en energía. Esta es la historia.

Fotos: La Sexta Medmyco vía Wikimedia

Fotos: La Sexta Medmyco vía Wikimedia

Mientras Chernóbil sigue siendo un desierto radiactivo para casi toda forma de vida, un hongo negro ha aprendido a sobrevivir allí y ha descubierto cómo alimentarse de la radiación. Su historia podría cambiar lo que se conoce de la vida y el futuro de la energía.  


El insólito habitante de Chernóbil

El 26 de abril de 1986, una explosión en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil marcó el peor accidente nuclear de la historia. La zona de exclusión creada a su alrededor, de 30 kilómetros, permanece hasta hoy como uno de los lugares más tóxicos del planeta. Pero entre sus ruinas, los científicos encontraron un superviviente inesperado: un hongo negro que prospera en lo que para otros es pura muerte.


Se trata de Cladosporium sphaerospermum, un organismo perteneciente a los hongos radiotróficos, que no solo tolera la radiación: la convierte en energía.


¿Cómo puede alimentarse de radiación?

Este hongo contiene grandes cantidades de melanina, el mismo pigmento que da color a la piel humana. En su caso, la melanina actúa como una antena biológica: capta la radiación ionizante del ambiente y la convierte en energía, un proceso conocido como radiosíntesis.


Es un mecanismo que recuerda a la fotosíntesis de las plantas, que transforman la luz solar en energía. Pero aquí, en lugar de sol, el combustible es la radiación gamma.


Un estudio publicado en PLOS ONE en 2007 demostró que C. sphaerospermum crece más rápido en entornos radiactivos que en condiciones normales. Lejos de temerle a la radiación, este hongo la busca para prosperar.


Mucho más que un fenómeno curioso

La capacidad de C. sphaerospermum ha despertado el interés de científicos de todo el mundo, no solo por su extraña biología, sino por sus posibles aplicaciones prácticas. En zonas radiactivas como Chernóbil o Fukushima, donde la limpieza es peligrosa y costosa, este hongo podría convertirse en un aliado natural para absorber y contener la radiación.


Este proceso de descontaminación biológica, conocido como biorremediación, está en estudio para utilizarse en terrenos afectados por la actividad nuclear, usando a los hongos radiotróficos como escudos vivientes.


Un aliado inesperado para la conquista del espacio

El potencial de este hongo va más allá del planeta. En la Estación Espacial Internacional (EEI), ya se han realizado experimentos con C. sphaerospermum para probar si podría proteger a los astronautas de la radiación cósmica durante misiones de larga duración.



Los resultados iniciales son prometedores. Los investigadores exploran la posibilidad de usarlo para construir hábitats resistentes a la radiación o incluso como parte de sistemas de soporte vital, ofreciendo protección y alimento a los viajeros espaciales.


La vida en los extremos

Además de resistir la radiación, este hongo puede sobrevivir en condiciones extremas de frío, salinidad y acidez. Es un verdadero extremófilo, capaz de enseñarnos cómo podría adaptarse la vida fuera de la Tierra.


Los científicos estudian sus genes para entender cómo logra resistir tanto estrés ambiental. Con ese conocimiento, algún día podríamos desarrollar cultivos más resistentes al cambio climático o materiales biotecnológicos capaces de soportar condiciones severas.


Lecciones de un hongo radiactivo

Cladosporium sphaerospermum no es solo una rareza biológica. Es un símbolo de cómo la vida encuentra caminos inesperados para florecer, incluso en los lugares más devastados por el ser humano.


Mientras la ciencia sigue descifrando sus secretos, este hongo negro nos recuerda que en los rincones más oscuros del planeta —y del universo— puede haber respuestas a desafíos que aún no sabemos cómo enfrentar.



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