Colombia libera 17 cocodrilos del Orinoco y retoma un proceso suspendido desde 2024
Los ejemplares regresaron a su hábitat en Casanare, en medio de los esfuerzos por recuperar una especie que permanece en peligro crítico de extinción.

Entre 2010 y 2024 se liberaron 217 caimanes llaneros, pero el programa suspendió las reintroducciones. Foto: cortesía.
Después de dos años sin nuevas liberaciones, 17 cocodrilos del Orinoco regresaron al medio natural en Casanare. Con esta jornada, Colombia retomó un proceso de reintroducción que permanecía suspendido desde 2024.
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Los ejemplares salieron del Bioparque Wisirare, administrado por la Fundación Palmarito. La jornada reactivó una estrategia que durante más de una década permitió devolver a su hábitat animales criados bajo programas de conservación.
La pausa comenzó en 2024 por dificultades de coordinación entre las entidades encargadas de definir nuevos sitios de reintroducción. Esto impidió continuar con una estrategia para aumentar la presencia de la especie en libertad.
Hasta ese momento, Colombia había liberado 217 ejemplares entre 2010 y 2024 mediante el Programa Nacional para la Conservación del Caimán Llanero. Con los 17 animales de esta jornada, el país retoma las reintroducciones después del periodo de suspensión.
El cocodrilo del Orinoco, cuyo nombre científico es Crocodylus intermedius, enfrenta un alto riesgo de extinción. La especie está catalogada como En Peligro Crítico de Extinción.
Además, figura en el Apéndice I de la Convención CITES, categoría que reúne especies amenazadas de extinción y establece fuertes restricciones para su comercio internacional.
Buena parte de la disminución de sus poblaciones se originó en décadas de cacería comercial. Sin embargo, la reducción de esta presión no significa que la especie esté fuera de peligro.
Actualmente enfrenta la transformación de sus hábitats, cambios en los sitios de anidación, capturas accidentales y saqueo de nidos. Estos factores dificultan la recuperación natural de sus poblaciones.
Liberarlos es apenas el primer paso
La reactivación de las liberaciones también plantea un cambio en la forma de medir los resultados. La cantidad de animales que regresan al medio natural constituye solo una parte del proceso.
El principal desafío será determinar si los ejemplares sobreviven, alcanzan la edad reproductiva y tienen descendencia en libertad. Estos factores permitirán establecer si contribuyen a formar poblaciones silvestres que puedan mantenerse con el tiempo.
El seguimiento resulta fundamental porque la liberación de un animal no garantiza su establecimiento en el ecosistema. Las condiciones del hábitat, la disponibilidad de espacios para reproducirse y las amenazas humanas pueden afectar sus posibilidades de supervivencia.

El cocodrilo del Orinoco es una especie propia de la cuenca de este río y su distribución comprende territorios de Colombia y Venezuela. Por eso, su conservación también depende de la protección de los ríos, humedales y demás ecosistemas de la Orinoquia.
La nueva etapa reúne a autoridades ambientales, investigadores, universidades, organizaciones de conservación, entidades territoriales y comunidades. El propósito es coordinar conocimientos y capacidades entre los diferentes actores.
Como parte de este esfuerzo, las entidades suscribieron un acuerdo de voluntades para continuar con la recuperación de la especie y facilitar nuevas acciones de conservación y reintroducción.
El objetivo de largo plazo supera el aumento de la cantidad de animales criados o liberados. La apuesta es que el cocodrilo del Orinoco vuelva a reproducirse de manera suficiente en libertad y forme poblaciones capaces de mantenerse por sí mismas.
