Temporada de aves migratorias en el Valle de Aburrá: de dónde vienen y cómo ayudarlas si están en peligro
Cada año, miles de aves viajan desde Norteamérica para refugiarse del invierno. Permanecerán en la región hasta marzo, llenando el cielo de vida y color.

El equipo especializado orientará a la persona sobre cómo actuar hasta que el ave pueda ser atendida. Es importante recordar que la tenencia de animales silvestres es ilegal, y que los rescates deben realizarse bajo acompañamiento profesional. Fotos: metropol
Con la llegada de los últimos meses del año, el cielo del Valle de Aburrá se llena de movimiento. Miles de aves migratorias provenientes del norte del continente americano atraviesan los cielos de Antioquia en busca de alimento y climas más cálidos.
Este fenómeno natural, que ocurre entre noviembre y marzo, convierte la región en un escenario ideal para los amantes de la observación de aves y para quienes disfrutan del contacto con la naturaleza.
Durante esta temporada, especies de diferentes tamaños y colores sobrevuelan las montañas, parques y cuerpos de agua del área metropolitana, deteniéndose en zonas como el río Medellín, los humedales del norte y los bosques urbanos. Algunas continúan su viaje hacia el sur del continente, mientras que otras deciden quedarse temporalmente, encontrando refugio en los ecosistemas urbanos.

Un espectáculo natural en movimiento
Entre las especies más visibles en esta época se encuentran los gavilanes alianchos (Buteo platypterus), los gavilanes langosteros (Buteo swainsoni) y los halcones peregrinos (Falco peregrinus), reconocidos por sus vuelos en grupo y su elegante planeo sobre el valle.
También pueden observarse bandadas de chorlitos, andarríos (Tringa solitaria, Tringa melanoleuca, Actitis macularius) y patos barraquetes (Spatula discors), que suelen concentrarse en los humedales y lagunas de los municipios del norte.

Entre las aves más pequeñas destacan las reinitas (Setophaga), pirangas (Piranga rubra, flava y olivacea), cucos americanos (Coccyzus americanus) y zorzales buchipecosos (Catharus ustulatus), que se acercan a los jardines y quebradas, adaptándose con facilidad a los entornos urbanos.
A estas especies se suman las nocturnas, como las llamadas gallinas ciegas o guardacaminos (Antrostomus carolinensis y Chordeiles minor), que cazan insectos al caer la noche.
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá y la Universidad CES destacan que, si bien muchas aves se adaptan con facilidad, otras pueden verse afectadas por el cansancio, los choques contra ventanas o la presencia de animales domésticos.

Cómo ayudar a las aves migratorias en peligro
Durante su travesía, algunas aves llegan debilitadas o desorientadas. Los ciudadanos pueden desempeñar un papel clave en su rescate siguiendo unas recomendaciones básicas:
- Acérquese con calma y precaución. Si encuentra un ave en el suelo, manipúlela suavemente con una toalla o manta.
- Ubíquela en una caja de cartón con orificios para la ventilación y colóquela en un sitio fresco y silencioso, lejos de niños y mascotas.
- Evite el contacto directo. No las acaricie ni intente alimentarlas; cada especie tiene hábitos diferentes.
- Comuníquese con la línea de emergencias de fauna silvestre del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
El equipo especializado orientará a la persona sobre cómo actuar hasta que el ave pueda ser atendida. Es importante recordar que la tenencia de animales silvestres es ilegal, y que los rescates deben realizarse bajo acompañamiento profesional.

Una oportunidad para admirar y conservar
La temporada de aves migratorias es también un recordatorio de la riqueza natural del Valle de Aburrá. Cada una de estas especies cumple un papel vital en los ecosistemas, ayudando al control de plagas, la polinización y la dispersión de semillas.
Entidades ambientales y grupos de observadores invitan a la comunidad a disfrutar del avistamiento de aves desde parques y miradores, promoviendo una cultura de respeto hacia la fauna silvestre. La observación responsable y el reporte oportuno de animales en peligro contribuyen a la conservación de estas especies que cada año eligen los cielos de Antioquia como su refugio temporal.
Hasta marzo de 2026, los cielos del valle seguirán llenándose de alas viajeras, recordando que la biodiversidad no tiene fronteras y que el equilibrio de la naturaleza depende, también, del cuidado colectivo.