Pontificio, el gato que se graduó con honores: la historia del felino más querido de una universidad en Medellín
Pontificio, el gato del EcoCampus UPB, fue adoptado y recibió un carné honorario como graduado en amor incondicional.

Fotos: @upbcolombia/Instagram
El protagonista de esa historia se llama Pontificio, un gato que durante años recorrió los pasillos del campus y que hoy se convirtió en el “graduado” más singular de la Universidad Pontificia Bolivariana.
La universidad anunció su adopción oficial y, días después, le entregó un carné simbólico que lo acredita como miembro honorario de la comunidad académica, adscrito a la creativa “Facultad de Ciencias de la Siesta y el Ronroneo”.
De habitante del EcoCampus a miembro honorario de la UPB
Pontificio vivió durante años en el EcoCampus, donde estudiantes, docentes y trabajadores lo adoptaron afectivamente como parte de la cotidianidad universitaria.
El pasado 16 de enero, la UPB confirmó que el felino había sido adoptado por una familia que asumirá su cuidado permanente. La decisión respondió a la necesidad de brindarle mejores condiciones en esta etapa de su vida, al tratarse de un gato adulto que requería atención constante.
La noticia generó una mezcla de nostalgia y alivio entre la comunidad. Para muchos, Pontificio no era solo un visitante frecuente: era compañía en jornadas largas de estudio, pausa emocional en medio del estrés académico y símbolo silencioso de convivencia.
El carné más tierno de Medellín lo tiene Pontificio
Días después de anunciar su adopción, la universidad compartió un nuevo homenaje: Pontificio recibió un carné oficial con el ID 000-MIAU-UPB.
En el documento aparece adscrito a la “Facultad de Ciencias de la Siesta y el Ronroneo”, con la ocupación de “acompañante oficial de siestas y experto en mimos”, y con la distinción de “Graduado con honores en amor incondicional”, con vigencia “por siempre en nuestro corazón”.
Más allá del humor, el gesto reafirma el vínculo emocional entre el animal y la institución. La UPB explicó que esta es su forma de decirle que, aunque ahora viva en un hogar adoptivo, su lugar en el EcoCampus permanece intacto en la memoria colectiva.
Pontificio se convirtió en símbolo de bienestar y convivencia
Pontificio no obtuvo un título profesional, pero sí dejó un legado emocional. Durante años, su presencia acompañó rutinas, conversaciones y jornadas de estudio.
En un entorno que suele asociarse únicamente con rendimiento académico y exigencia, su historia introduce otro valor: el bienestar.
El reconocimiento que hoy recibe no responde a méritos académicos, sino a algo más profundo: la capacidad de generar comunidad, empatía y cercanía en un espacio donde miles de jóvenes construyen su proyecto de vida.
Pontificio ya no recorre los pasillos del EcoCampus, pero su historia confirma que la universidad también se vive en los detalles más simples: una sombra bajo el sol, una pausa compartida y un ronroneo que convirtió a un gato en el graduado más querido de Medellín.