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Los volcanes activos de Colombia: dónde están y cómo se vigilan para evitar otra tragedia como la de Armero

El país tiene más de 50 volcanes, 25 de ellos activos. La tragedia de Armero marcó un antes y un después en el monitoreo volcánico nacional.

Fotos: elcronista - rtve

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Colombia es un país de contrastes: montañas, selvas, páramos y, sobre todo, volcanes. En su territorio se levantan cerca de 25 estructuras volcánicas, de las cuales más de la mitad están activas. La mayoría se concentran en la Cordillera Central, una de las zonas más jóvenes y dinámicas de la geología andina.


El Servicio Geológico Colombiano (SGC) monitorea actualmente 23 volcanes activos, empleando tecnología satelital, sensores sísmicos, cámaras térmicas y drones para detectar cualquier cambio en su comportamiento. Este trabajo, que se realiza desde tres observatorios —en Manizales, Popayán y Pasto—, es clave para prevenir tragedias como la que hace 40 años sepultó al municipio de Armero.



Foto | Archivo | LA PATRIA

Los volcanes activos de Colombia

La actividad volcánica del país es diversa y constante. Entre los volcanes activos más importantes se encuentran:


  • Nevado del Ruiz (Tolima-Caldas), el más vigilado del país, actualmente en alerta naranja.
  • Galeras (Nariño), con erupciones frecuentes durante las últimas décadas.
  • Machín (Tolima), Puracé (Cauca), Chiles-Cerro Negro (Nariño) y Nevado del Huila, en alerta amarilla por cambios en su actividad interna.
  • Doña Juana, Cumbal, Azufral y Sotará, que se mantienen bajo observación permanente.

La clasificación de riesgo volcánico que maneja el SGC tiene tres niveles:

  • Rojo: riesgo inminente de erupción en horas o días.
  • Amarillo: el volcán está activo, pero sin erupción inmediata.
  • Verde: estabilidad, sin movimientos importantes de magma o gases.

Esta escala ha permitido reaccionar a tiempo ante episodios recientes, como el aumento de actividad del Nevado del Ruiz en 2023 o la erupción del volcán de lodo Los Aburridos en Necoclí (Antioquia) en noviembre de 2024.


Foto de archivo. Vista aérea del Nevado del Ruiz, ubicado en la Cordillera Central en los Andes colombianos entre los departamentos de Tolima y Caldas (Colombia). Foto: EFE/LEONARDO MUÑÓZ/Archivo

La erupción que cambió la historia: Armero, 1985

El 13 de noviembre de 1985, Colombia enfrentó su peor tragedia natural. El Nevado del Ruiz, tras meses de señales sísmicas y emisiones de gases, hizo erupción, liberando una columna de ceniza y material incandescente que derritió parte del glaciar. Horas después, una avalancha de lodo y escombros descendió por el río Lagunilla y sepultó el municipio de Armero (Tolima).


La catástrofe dejó más de 23.000 muertos o desaparecidos y conmocionó al mundo entero. Las imágenes de los sobrevivientes, en especial la de Omaira Sánchez, se convirtieron en símbolo de la impotencia ante la fuerza de la naturaleza y la falta de preparación institucional.



A raíz del desastre, Colombia fortaleció su sistema de monitoreo volcánico y creó un marco legal e institucional para la gestión del riesgo. En 1989 se promulgó el Decreto 919, que dio origen a Ingeominas, hoy Servicio Geológico Colombiano.


Vista aérea de los nevados del Ruiz y Tolima en el Parque Nacional Natural Los Nevados. Foto: Wikipedia

Una red para prevenir nuevas tragedias

Cuatro décadas después, el país cuenta con una red nacional de más de 600 estaciones que vigilan la actividad de 25 volcanes. Gracias a este sistema, se producen actualizaciones diarias sobre cambios sísmicos, emisiones de gases y deformaciones del terreno.


En junio de 1989, el mismo Nevado del Ruiz tuvo otra erupción. Sin embargo, esta vez, gracias al monitoreo y a las evacuaciones preventivas, no se perdieron vidas humanas. Fue la prueba de que la ciencia, cuando se escucha y se comunica bien, puede salvar vidas.


El SGC también elabora mapas de peligros volcánicos que ayudan a las autoridades locales a definir zonas de riesgo y planes de evacuación. De igual forma, promueve programas de educación y sensibilización comunitaria en municipios ubicados cerca de volcanes activos, especialmente en el sur del país.


Vivir junto a los volcanes

Foto: sgc

Colombia es un país que ha aprendido a convivir con su geografía. En lugares como Pasto, Popayán o Manizales, los volcanes forman parte del paisaje cotidiano, pero también del imaginario cultural. Las comunidades indígenas del suroccidente los consideran seres sagrados, como el Galeras, al que llaman Urkunina (“montaña de fuego”) en lengua quillasinga.


El desafío actual no es solo tecnológico, sino también social: enseñar a las nuevas generaciones a vivir con el riesgo sin temerlo, entendiendo que los volcanes no son enemigos, sino parte del equilibrio natural del planeta.


Como señala el SGC, “una erupción volcánica no debería ser sinónimo de desastre”. La tragedia de Armero sigue siendo una herida abierta, pero también una lección sobre la importancia de escuchar a la ciencia y fortalecer la prevención.


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