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Los billetes colombianos esconden estos paraísos naturales que pocos han visitado

Cada billete muestra paisajes únicos como Caño Cristales, Ciudad Perdida y el Valle de Cocora. Descubre sus secretos.

Los billetes colombianos se convierten en una invitación tangible a recorrer el país. Cada denominación recuerda que Colombia es un mosaico de ecosistemas: desde los colores de Caño Cristales, pasando por la grandeza del Sumapaz, la fuerza del Amazonas y la espiritualidad de la Ciudad Perdida, hasta llegar a la imponencia del Valle de Cocora. Fotos: Redes Sociales

Los billetes colombianos se convierten en una invitación tangible a recorrer el país. Cada denominación recuerda que Colombia es un mosaico de ecosistemas: desde los colores de Caño Cristales, pasando por la grandeza del Sumapaz, la fuerza del Amazonas y la espiritualidad de la Ciudad Perdida, hasta llegar a la imponencia del Valle de Cocora. Fotos: Redes Sociales

La biodiversidad colombiana impresa en cada billete

Colombia no solo es reconocida por su cultura y su gente, también por ser uno de los 17 países más megadiversos del planeta. Sus billetes actuales rinden homenaje a esa riqueza natural, mostrando paisajes y especies únicas que se convierten en símbolos de orgullo nacional y en una invitación abierta al turismo.



A continuación, un recorrido billete por billete, desde el de $2.000 hasta el de $100.000, con los escenarios naturales y turísticos que representan.


Los billetes de 2.000 pesos: Caño Cristales

Foto: citix

El billete de $2.000 evoca a Caño Cristales, en la Serranía de la Macarena, Meta. Conocido como el “río de los siete colores”, este lugar es considerado una maravilla natural del mundo gracias a las tonalidades que le otorgan las plantas acuáticas. Sus aguas cristalinas atraen turistas nacionales e internacionales que buscan contemplar este espectáculo único.


Billete de 5.000 pesos: Páramo de Sumapaz

Foto: lanotapositiva

El billete de $5.000 resalta al páramo de Sumapaz, en Cundinamarca, considerado el más grande del planeta con 330.000 hectáreas. Allí crecen los frailejones, plantas emblemáticas que almacenan agua en sus hojas vellosas y son vitales para la regulación hídrica. Colombia alberga el 42 % de los páramos del mundo, consolidando su importancia ambiental.


Billete de 10.000 pesos: El río Amazonas

Foto: fundacionaquae

El billete de $10.000 representa al río Amazonas, conocido como el “rey de los ríos” por su magnitud y caudal. La cuenca amazónica cubre cerca de siete millones de km² y aporta el 15,47 % del agua dulce global. En este ecosistema habitan especies emblemáticas como la anaconda verde, reforzando el valor de la región para la biodiversidad del planeta.


Los billetes de 50.000 pesos: Ciudad Perdida, Sierra Nevada de Santa Marta

Foto: wiwatour

El billete de $50.000 nos lleva hasta la Ciudad Perdida, también llamada Teyuna o Buritaca. Construida hacia el año 700 d.C. y redescubierta en 1976, es uno de los sitios arqueológicos más importantes de Colombia. Este lugar sagrado está habitado por comunidades indígenas como los koguis, arhuacos, wiwas y kankuamos, que conservan tradiciones ancestrales en la Sierra Nevada de Santa Marta.


Billete de 100.000 pesos: Valle de Cocora

Foto: revistapanorama

El billete de $100.000 está inspirado en el Valle de Cocora, en el Quindío, hogar de la palma de cera, árbol nacional de Colombia. Este ecosistema, ubicado entre los 1.800 y 2.400 metros de altitud, también es refugio de especies como el barranquero andino, el oso de anteojos, el tapir andino y el majestuoso cóndor. Cocora fue además el nombre de una princesa quimbaya, hija del cacique Acaime.


Un país naturalmente turístico

Los billetes colombianos se convierten en una invitación tangible a recorrer el país. Cada denominación recuerda que Colombia es un mosaico de ecosistemas: desde los colores de Caño Cristales, pasando por la grandeza del Sumapaz, la fuerza del Amazonas y la espiritualidad de la Ciudad Perdida, hasta llegar a la imponencia del Valle de Cocora.


Más que dinero, los billetes son una vitrina de orgullo y un recordatorio de que Colombia es, sin duda, un destino naturalmente atractivo para el turismo.


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