Hipopótamos en Colombia: el legado que empezó con 4 animales y podría convertirse en una crisis ambiental
Hoy ya habitan seis departamentos y podrían ser 700 en 2030, pero aún no son considerados especie invasora oficialmente.

Foto: Pixabay
Cuatro hipopótamos —un macho y tres hembras— fueron introducidos ilegalmente al país para poblar la Hacienda Nápoles, ubicada en el corregimiento Doradal del municipio de Puerto Triunfo, Antioquia.
Lo que comenzó en 1981 como un capricho exótico de Pablo Escobar, se ha convertido en uno de los fenómenos ambientales más controvertidos de Colombia.
Hoy, sus descendientes conforman la mayor colonia de hipopótamos en libertad fuera de África y su presencia ya se extiende por al menos seis departamentos del país.
Según el Instituto Alexander von Humboldt, se calcula que actualmente hay al menos 73 ejemplares en estado silvestre distribuidos en Antioquia, Córdoba, Santander, Boyacá, César y Bolívar, con tendencia a seguir expandiéndose a través del río Magdalena, su gran autopista natural.
Si el crecimiento poblacional continúa sin control, se estima que podrían ser 700 en 2030, un escenario que preocupa a científicos y autoridades ambientales.
Un ecosistema alterado y sin preparación
Colombia es uno de los países megadiversos del planeta, pero su fauna nativa nunca tuvo un depredador de 3 toneladas como el hipopótamo africano. Su impacto ambiental ya se evidencia: consumen hasta 50 kilos de pasto diario, compiten con especies locales por alimento y espacio, y modifican los cuerpos de agua donde viven debido a sus hábitos fisiológicos.
A diferencia de su entorno original en África, en Colombia no tienen depredadores naturales, no enfrentan sequías mortales y disfrutan de abundante alimento todo el año. Esta combinación ha favorecido su rápida reproducción y expansión.
Sin embargo, aún no existen estudios suficientes sobre su genética, ni sobre el impacto real que están generando en los ecosistemas y en las especies nativas de la región.
Cornare y corporaciones como Corantioquia, han asumido el reto de hacer seguimiento y control a esta especie. Ya se han realizado procedimientos de esterilización quirúrgica y con medicamentos hormonales, pero su alcance es limitado debido al alto costo y dificultad logística.
Entre el turismo, la cultura y la preocupación
Mientras algunos sectores piden declarar oficialmente a los hipopótamos como especie invasora para permitir su control, otros los defienden como víctimas del pasado.
En municipios del Magdalena Medio, su presencia ha impulsado el turismo rural y ha generado vínculos culturales fuertes. Son vistos como animales carismáticos y su imagen se reproduce en parques, tiendas e incluso monumentos públicos.
No obstante, ya se han registrado ataques a personas, especialmente cuando los animales defienden su territorio o crías. También hay denuncias sobre el posible tráfico ilegal de crías, criadas como “mascotas exóticas”, aunque aún no se han judicializado responsables. Las autoridades han hecho un llamado a la comunidad para mantener distancia y reportar su presencia a las corporaciones ambientales.
En 2021, el gobierno nacional contrató un estudio científico con el Instituto Humboldt y la Universidad Nacional para establecer una línea base sobre el estado de la población de hipopótamos.
La historia de los hipopótamos que aún se escribe
A 40 años de su llegada, el llamado “reino de los hipopótamos” sigue creciendo de forma lenta pero constante. Ya no están confinados a la antigua hacienda de Escobar —hoy parque temático— sino que han conquistado lagos, ciénagas y márgenes del río Magdalena. Su expansión silenciosa obliga a actuar pronto para evitar consecuencias mayores sobre los ecosistemas del país.
El futuro de estos animales dependerá de decisiones que logren equilibrar el bienestar animal, la protección ambiental y la conciencia social. Porque aunque no pidieron estar aquí, los hipopótamos ya forman parte de la historia reciente de Colombia… y de su geografía.
Aquí puede ver el capítulo completo del reportaje realizado por Teleantioquia: