Esta es la isla que esconde el secreto que salvó a miles de aves en peligro de extinción
En esta isla, el número de estas aves ha alcanzado un récord, desafiando la tendencia global de su declive.

Fotos: Amy Copton
Mientras estas aves sigue disminuyendo en el mundo, una pequeña isla en el Reino Unido se ha convertido en símbolo de esperanza para esta especie vulnerable. Se trata de Skomer, una isla de apenas 2,92 kilómetros cuadrados ubicada frente a la costa de Gales, donde recientemente se registró el mayor número de frailecillos atlánticos jamás contado en el lugar: 43.626 aves.
Este hallazgo fue confirmado por el Fondo para la Vida Silvestre del Sur y el Oeste de Gales (WTSWW, por sus siglas en inglés), que gestiona la isla como una reserva natural protegida.
Aunque este dato representa un hito positivo, los expertos insisten en que los frailecillos aún enfrentan múltiples amenazas globales que ponen en riesgo su futuro.

El éxito de una isla con muchas aves, sin depredadores ni humanos
Uno de los factores clave detrás del éxito de conservación en Skomer es su aislamiento natural, que protege a las aves de depredadores comunes en tierra firme como ratas, gatos y zorros. Además, el acceso humano está estrictamente regulado, lo que reduce significativamente el impacto de la actividad turística y permite que el ecosistema funcione de forma equilibrada.
Según el equipo del WTSWW, la abundancia de peces en la zona costera también ha contribuido al crecimiento sostenido de la población. Este alimento es crucial para la alimentación de las crías, lo que ha permitido temporadas reproductivas exitosas.
Una excepción en medio de una crisis global
A pesar del éxito local, la situación global de los frailecillos es preocupante. Esta ave marina, reconocida por su colorido pico y su comportamiento carismático, está catalogada como especie vulnerable en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Las principales amenazas incluyen:
- Cambio climático, que altera las temperaturas del mar y afecta la disponibilidad de alimento.
- Contaminación, especialmente por plásticos y vertidos tóxicos.
- Gripe aviar, una enfermedad que ha cobrado fuerza en los últimos años y ya ha impactado a otras aves marinas.
- Pesca industrial, que reduce la población de peces pequeños de los que dependen los frailecillos.
En otras regiones del Atlántico Norte, estas presiones han provocado una caída significativa en el número de frailecillos, convirtiendo al caso de Skomer en una rareza que vale la pena estudiar y proteger.
“La conservación no es casualidad. Es el resultado de decisiones acertadas y un compromiso continuo con la protección del entorno natural”, concluye Rob Knott, uno de los responsables del monitoreo de fauna.