EN VIDEO | Un fotógrafo colombiano grabó la sinfonía de las aves andinas al amanecer: biodiversidad hecha música
Un fotógrafo colombiano creó una guía sonora que documenta siete especies de aves en el bosque andino y sus cantos únicos.

Fotos: @alejoduque24
El bosque andino de Colombia, habitado por innumerables aves, se convierte en escenario de un concierto natural. Cada amanecer, diversas especies entonan melodías que forman parte del patrimonio sonoro del país.
El fotógrafo de vida silvestre Alejandro Duque decidió registrar no solo la imagen, sino también la voz de estas aves, en un proyecto que denomina Sinfonía del amanecer andino.
Su trabajo reúne los cantos de siete especies emblemáticas que habitan entre cafetales, bosques húmedos y senderos de neblina, ofreciendo a los oyentes una experiencia inmersiva que conecta naturaleza y cultura.
Un archivo sonoro de aves del territorio
El proyecto busca convertirse en una guía sonora del paraíso, en palabras del propio Duque. Con micrófonos de alta sensibilidad y paciencia de explorador, logró registrar sonidos que a menudo pasan desapercibidos en la rutina diaria.
Entre las aves destacadas se encuentran:
- El barranquero, considerado un ave emblemática de los Andes, cuyo canto profundo evoca la voz de los abuelos.
- El sirirí común, que anuncia la llegada del nuevo día con un tono vibrante y repetitivo.
- La mirla, cuyo trino pausado se asemeja a una oración dirigida al cielo.
Cada especie aporta una nota distinta en este conjunto natural, que al escucharse en su totalidad conforma una sinfonía propia de los ecosistemas andinos.
El objetivo de este trabajo no es solo artístico, sino también educativo. A través de estas grabaciones Duque busca resaltar la importancia de la biodiversidad colombiana, recordando que los sonidos son también una forma de identidad y memoria del territorio.
Escuchar para conservar
Colombia es reconocida como el país con mayor diversidad de aves en el mundo, con más de 1.900 especies registradas. Sin embargo, muchas enfrentan amenazas por la pérdida de hábitat, el cambio climático y la expansión de la frontera agrícola.
Proyectos como Sinfonía del amanecer andino invitan a repensar la relación con el entorno natural. Escuchar a las aves no solo despierta el sentido estético, sino que fomenta la conciencia ambiental. Reconocer sus cantos es también una forma de valorar los servicios ecosistémicos que brindan: control de plagas, polinización y dispersión de semillas.
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En la región andina, donde se concentra gran parte de la población del país, la convivencia con estas especies resulta cotidiana. Sin embargo, el ruido urbano y la deforestación hacen que muchos de estos sonidos se diluyan o desaparezcan.
Por ello, la iniciativa de Duque adquiere un valor doble: preservar un archivo sonoro y sensibilizar a la ciudadanía sobre la necesidad de conservar los paisajes andinos.
Aves del bosque andino: la música invisible que guarda la memoria del territorio
El relato que acompaña la publicación del fotógrafo ofrece una visión poética: el bosque andino como templo sagrado, y las aves como músicos que tocan partituras.
“Es la memoria del territorio hecha melodía; Colombia hablándonos en silbidos, en cantos, en susurros emplumados”, escribió Duque en la presentación de su trabajo. Con esta frase resume la intención de trascender la imagen fotográfica para dar protagonismo al paisaje sonoro que define la vida en los Andes.
Su propuesta se suma a una tendencia creciente en la investigación científica y cultural: la bioacústica, disciplina que estudia los sonidos de la naturaleza para comprender el comportamiento animal, la salud de los ecosistemas y los cambios ambientales. En ese sentido, la sinfonía capturada por Duque no solo tiene valor artístico, sino también científico.
Una invitación a escuchar
La Sinfonía del amanecer andino recuerda que la biodiversidad no se aprecia únicamente con la vista. El oído puede ser una herramienta poderosa para reconectar con el entorno, reconocer especies y valorar la riqueza natural del país.
Escuchar los cantos del barranquero, del sirirí o de la mirla es abrir una puerta a un conocimiento ancestral que todavía persiste en la naturaleza. Como señala el fotógrafo, se trata de “un tapiz sonoro que solo entienden quienes caminan despacio y escuchan con el corazón abierto”.