En el Oriente antioqueño, más de 40 cuevas guardan historias de hace 25 mil años
Un paisaje kárstico de mármol y arte rupestre en el Oriente antioqueño guarda pistas sobre el origen de los Andes y los primeros colombianos

Foto: Cuevas del oriente antioqueño
En lo profundo del Oriente antioqueño, entre ríos, montañas y selvas, se esconde una franja geológica de 130 kilómetros cuadrados que parece arrancada de un capítulo épico de la historia del planeta. Este lugar, compuesto por mármol y calizas milenarias, fue hace millones de años un fondo marino. Hoy, a más de 900 metros sobre el nivel del mar, se alza como testigo silencioso del surgimiento de la cordillera de los Andes y también como archivo de la humanidad con cuevas que llevan a un mágico recorrido por la historia de la tierra.

Las cuevas: Templos naturales bajo la tierra
En el corregimiento de La Danta, en Sonsón, una cueva guarda pictogramas milenarios. No es la única: al menos 44 cavernas han sido inventariadas en la zona del cañón del río Claro, entre los municipios de San Francisco, San Luis, Sonsón y Puerto Triunfo. Allí, investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas han hallado 21 sitios arqueológicos en donde confluyen tres líneas del tiempo: la geológica, la arqueológica y la histórica.

Foto: Cortesía Daniel Mühlemann.
A este tipo de formaciones se les conoce como paisajes kársticos, creados por la disolución de roca caliza con el paso del agua. Son más que cuevas: son santuarios del saber. Con escáneres de luz estructurada y técnicas de espeleología, los investigadores han identificado cavernas que contienen arte rupestre, fósiles, trazas humanas y especies únicas de fauna, flora y funga.
Los primeros pobladores dejaron su rastro en las cuevas del oriente antioqueño
Luis Guillermo López Bonilla, antropólogo y líder del estudio, asegura que algunas de estas cavidades muestran evidencia de ocupación humana entre los años 25.000 y 1.500 antes de nuestra era. Allí vivieron los indígenas pantágoras, conocidos por los cronistas españoles como cocornáes, samanáes y amaníes. En las paredes de las cuevas plasmaron rituales, hicieron pagos a la madre Tierra y extraían grasa de los guácharos —aves nocturnas— por su valor sagrado.

Las cuevas eran mucho más que refugio: eran úteros simbólicos, puntos de conexión entre el mundo interior y el exterior. En ellas también se han hallado objetos de épocas más recientes, como vestigios de la Guerra de los Mil Días..

Una puerta virtual al mundo subterráneo
Desde la Corporación Gruta, se ha impulsado un proyecto digital que permite recorrer las principales cavernas del Oriente antioqueño en realidad virtual. Es una invitación a explorar, aprender y proteger este ecosistema subterráneo, uno de los más valiosos del continente.
Las cuevas del río Claro no solo resguardan historias del pasado: son clave para entender el presente y prepararnos para el futuro en un planeta que, como ellas, aún guarda muchos secretos por descubrir.
Fuente: Periódico Alma Máter
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