El tiburón martillo más pequeño del mundo vive en Colombia: así lo están salvando comunidades del Pacífico
Conoce cómo las comunidades del Pacífico protegen al tiburón martillo más pequeño del mundo, una joya marina que habita en Colombia.

Fotos: Emilio Posada
El Tiburón martillo más pequeño del mundo fue hallado en el Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga, en el Pacífico colombiano. El descubrimiento, ocurrido en 2020, reveló una especie tan diminuta como amenazada: el Sphyrna corona, conocido por los pescadores locales como “la cachuda amarilla”.
Bahía Málaga: el refugio del tiburón martillo
El Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga, declarado área protegida en 2010, está ubicado en una franja del Chocó Biogeográfico, una de las zonas más biodiversas del planeta. En este territorio de comunidades afrocolombianas se mezclan playas, manglares, islotes rocosos y un área marina de 479 kilómetros cuadrados, hogar de más de 1.300 especies.
Fue allí donde los pescadores, junto con los científicos, descubrieron que la cachuda amarilla aún es común en la zona, a diferencia de otros países donde se considera extinta.
Desde entonces, biólogos y comunidades locales han unido esfuerzos para proteger la especie mediante monitoreo, educación y acuerdos de pesca responsable. Pescadores de los consejos comunitarios de La Plata, Ladrilleros, Juanchaco, Puerto España y La Barra se han convertido en guardianes del tiburón más pequeño del mundo.

Tecnología y saber ancestral para salvar al tiburón martillo
Entre 2022 y 2023, los científicos implementaron un sistema de telemetría acústica para seguir los movimientos de 27 tiburones adultos. Los resultados fueron sorprendentes: más del 90 % de sus desplazamientos ocurren en un área menor a dos kilómetros. Esta fidelidad a zonas específicas permitió acordar áreas voluntarias de conservación con las comunidades, evitando comprometer su sustento económico.
En esta iniciativa, las embarcaciones de pesca artesanal se transformaron en laboratorios flotantes. Mientras los pescadores capturan los ejemplares, los biólogos implantan pequeños microchips para registrar su ubicación y comportamiento. Luego, los tiburones son liberados en menos de tres minutos.
Gracias a este proceso, se han identificado más de 160 individuos y se ha confirmado la presencia de hembras embarazadas, un signo esperanzador para la recuperación de la especie.

Comunidades que pasaron de pescar al tiburón a protegerlo
El proyecto ha transformado la relación de los habitantes con el mar. “Antes capturábamos el tollo para comerlo, pero ahora lo liberamos. Entendimos que hay que conservarlo”, cuenta Florentino Salazar, pescador de La Barra.
De igual forma, Romelia Ruiz, lideresa de Puerto España, destaca la participación de las mujeres en el proceso: “Este proyecto nos enseña a cuidar el territorio y a valorar la vida marina”.
Además de reducir la pesca incidental, el programa ha generado nuevas fuentes de ingreso para los pescadores, quienes ahora reciben compensaciones por participar en el monitoreo y capacitación científica.
Un modelo de conservación con futuro
Actualmente, el proyecto avanza en una segunda fase liderada directamente por las comunidades, con apoyo de universidades y organizaciones internacionales. Se realizan jornadas semanales de observación, análisis de muestras biológicas y registro de datos que permitirán conocer mejor la ecología del tiburón martillo o "cachuda amarilla"
Los investigadores también trabajan con muestras de vértebras para estudiar los llamados isótopos estables, una técnica que permite saber qué comen los tiburones, por dónde se mueven y qué papel cumplen en el ecosistema.
Además, se ha identificado que en esta misma área del Pacífico colombiano habitan otras tres especies de tiburones martillo en peligro crítico, lo que convierte a Bahía Málaga en un punto clave para la conservación marina global.
“Queremos envejecer con este proyecto”, dice Cardeñosa, biólogo colombiano. “Y queremos que las comunidades sean las verdaderas guardianas de la cachuda amarilla”.
El pequeño tiburón martillo que un día apareció en manos de un pescador se ha convertido hoy en símbolo de esperanza para la ciencia y la biodiversidad del país.
*Artículo inspirado en Mongabay.