Durante años nadie lo notó: estas huellas en Boyacá eran de un dinosaurio nunca antes registrado en Colombia
Unas huellas ignoradas por décadas resultaron ser de un Iguanodon de 115 millones de años. Un hallazgo único que sorprendió a la ciencia colombiana.

Fotos: Foto: Luisa Rengifo, magíster en Geología de la Unal. - dinosaurland
Durante años, las marcas en una roca de Santa María, un pequeño municipio del oriente de Boyacá, pasaron inadvertidas para la comunidad. Eran simples huellas, comentadas sin mayor importancia entre habitantes y caminantes. Pero en 2020, la historia cambió para siempre: un grupo de estudiantes de Geociencias de la Universidad de los Andes confirmó que aquellas impresiones pertenecían a un Iguanodon, un dinosaurio herbívoro que caminó por esa región hace 115 millones de años.
El hallazgo fue calificado por los especialistas como uno de los descubrimientos paleontológicos más importantes en la historia reciente de Colombia. No se trataba solo de huellas bien preservadas: era la primera evidencia clara de esta especie en el país, registrada además en un municipio sin tradición paleontológica y fuera de los grandes corredores de investigación.
La noticia no tardó en recorrer la comunidad científica, revelando que Colombia, tradicionalmente asociada a registros fósiles marinos o fragmentarios, también guarda rastros de grandes dinosaurios en su territorio continental.
Unas huellas que estaban allí… pero nadie había mirado de cerca

Los investigadores relatan que el descubrimiento no fue producto de una gran expedición, sino de una observación atenta durante una salida de campo universitaria. Las marcas, visibles para cualquiera, no despertaban sospecha debido a su ubicación y a la falta de estudios paleontológicos sistemáticos en la zona.
Solo después de una serie de análisis detallados —modelos tridimensionales, mediciones, revisión de literatura y comparación con huellas de otros continentes— se confirmó que las impresiones correspondían a un Iguanodontidae, probablemente un Iguanodon, uno de los dinosaurios herbívoros más representativos del Cretácico temprano.
Para la paleontología colombiana, este descubrimiento abrió nuevas preguntas: ¿qué tipo de ecosistema existía en la región hace millones de años?, ¿qué otros rastros podrían permanecer ocultos en formaciones geológicas poco exploradas?, ¿cómo se desplazaban estas especies en territorio que hoy corresponde a la cordillera oriental?
El hallazgo, además de inesperado, dejó claro que la roca colombiana aún tiene capítulos pendientes por contar.
Una comunidad que descubrió que vivía sobre una joya científica
La confirmación de los investigadores transformó por completo la relación de Santa María con su territorio. Un hallazgo que parecía estrictamente académico se convirtió en una pieza de identidad local: el municipio empezó a reconocerse como la “tierra del Iguanodon”, un concepto que generó orgullo, curiosidad y nuevas oportunidades.
Los niños comenzaron a preguntar por dinosaurios en clase; los docentes incorporaron el tema en sus proyectos escolares; los habitantes vieron en las huellas un patrimonio que debía resguardarse. La noticia, acompañada de visitas de expertos y divulgadores, abrió la puerta a procesos comunitarios de educación ambiental, apropiación científica y turismo de naturaleza.
Lo que antes pasaba desapercibido ahora es un punto de referencia geológico, histórico y cultural.
El Iguanodon de Boyacá 2024: el hallazgo llega a la pantalla
El pasado 6 de diciembre se estrenó un documental que recopila esta historia: desde la sorpresa inicial de los estudiantes hasta el impacto social que el descubrimiento generó en Santa María. La producción audiovisual recoge voces de investigadores, docentes, habitantes y jóvenes que crecieron viendo el Iguanodon como un nuevo símbolo del municipio.
Aunque el documental amplifica el relato, la esencia sigue siendo el mismo hallazgo extraordinario que llevó a Colombia a mirar con otros ojos su historia natural.

El iguanodon: un dinosaurio que cambió un territorio
Santa María ahora mira su pasado geológico como una oportunidad para construir futuro: turismo científico, talleres comunitarios, rutas interpretativas, emprendimientos inspirados en los dinosaurios y prácticas de economía circular nacidas del nuevo interés por el patrimonio local.
La roca dejó de ser una superficie silenciosa: hoy es la evidencia de que Colombia aún tiene tesoros paleontológicos escondidos, capaces de transformar una comunidad entera.
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