Estilo de vida

Acompáñenme a echar pata por Antioquia: les muestro lugares que me han dejado con el hocico abierto 

¿Quién dijo que un perro no puede ser el mejor guía turístico? Súbete a mi huella y acompáñame a descubrir los tesoros de esta tierra bendita.

Fotos: Visitarmedellín - Antioquiaesmagica

Fotos: Visitarmedellín - Antioquiaesmagica

¡Qué hubo pues, parceros! Soy Turbiño, el perro que Antioquia adoptó. Muchos se preguntan qué hace un callejero de Turbo metido en este cuento del fútbol y echando pata de punta a punta por todo el departamento. La vuelta es esta: arranqué a buscar a mi hermano perdido, y como todo el mundo anda en fiebre mundialista, pues aprovecho el viaje. Y ojo, no es que me las dé de influencer; es que tengo calle, hablo claro y les quiero mostrar la Antioquia que uno ve a nivel de las aceras.


Mí viaje ha sido un parcheteo tremendo. He visto de todo, desde la brisa salada de mi tierra hasta el agite de las capitales. Pero si me piden que les haga una guía rápida de los lugares que de verdad me han hecho parar las orejas de la emoción, aquí les suelto mis recomendados.


Todo empezó en Turbo, mi cuna. Allá donde el mar se junta con el río, me volví un berraco a punta de sol y sal. Lo que más me mata de mi tierra es la sabrosura del Caribe antioqueño; a mí me tiran un pedacito de pescadito frito frente al mar con ese calorcito humano, y quedo listo pa' la foto.


Joyas coloniales y el frío rico del suroeste de Antioquia

Echando pata llegué a Jardín, y ave María, qué parche tan elegante. Ese parque principal parece pintado a mano. Uno se sienta a ver pasar la tarde, se toma agüita de la fuente y la gente mantiene una paz... Eso sí, de allá no me fui sin mendigar un buen pedazo de trucha fresca.



Después de tanto sol, me tiré pa'l Suroeste y caí en Caramanta, el famoso pueblo de la ruana. ¡Qué frío tan berriondo el que hace por allá, parceros! Me tocó arrimarme a una señora en la plaza pa' que me tapara con una de esas ruanas de pura lana que tejen allá mismito. El olor a tinto recién hecho en los balcones de colores lo deja a uno sano. Es un pueblito donde la gente lo saluda a uno en la calle como si fuera de la familia de toda la vida.


Y como a mí me jala el mar, me tuve que devolver pal Urabá, directo a Arboletes. ¿Saben qué es lo mejor de allá? ¡Sus volcanes de lodo! Imagínense a este perrito dándose un baño de barro medicinal de frente al mar Caribe. Esa combinación de agüita salada y un lodo que le deja a uno el pelaje brillando es algo que todo antioqueño tiene que pillar alguna vez en la vida.


Sigo buscando, sigo viviendo

Este viaje apenas calienta motores. Todavía me faltan muchas esquinas por olfatear y, claro, el gran objetivo: dar con el paradero de mi hermano gemelo antes de que se acabe el Mundial. Antioquia es muy grande, y en cada parada confirmo que somos una raza echada pa' lante y que donde comen dos, comen tres.


Así que ya saben, no me pierdan la pista en redes, que por allá les estaré ladrando por dónde voy, qué me están dando de comer y cuál es el próximo destino. Si ven unas huellas embarradas en el piso, ya saben que Turbiño estuvo ahí primero. ¡Vamos pues, que este Mundial se goza con el corazón y con la mejor compañía perruna!


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