A los 6 años ya se sabía la tabla periódica: hoy pertenece al exclusivo 2 % con mayor capacidad intelectual
Kevin también toca flauta, piano y guitarra, mientras continúa sus estudios en una escuela pública de Escocia. Conozca su historia aquí.

Kevin Sweeney ingresó a Mensa tras obtener 162 puntos en una prueba de inteligencia. Fotos: El Clarín
A los 11 años, Kevin Sweeney presentó una prueba aceptada por Mensa (asociación internacional para personas con altas capacidades intelectuales) y obtuvo 162 puntos. Cuatro años después, el adolescente escocés sigue siendo uno de los miembros más jóvenes de esta asociación internacional para personas con altas capacidades intelectuales.
Según testimonios recogidos por Daily Mail, Kevin fue diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA). Desde pequeño, mostró una facilidad poco común para leer, memorizar datos y responder preguntas de cultura general. Su familia recuerda que, a los seis años, ya dominaba la tabla periódica.
El resultado de Kevin ha despertado interés porque supera cifras que algunos medios atribuyen a científicos como Stephen Hawking. Su historia se centra en el desempeño obtenido en la prueba y en el acompañamiento de su familia durante su formación.
Un resultado que abrió la puerta a Mensa
Kevin presentó la prueba a los 11 años, durante un viaje con sus padres a Edimburgo. Según relató su familia, celebró con entusiasmo al conocer que había obtenido 162 puntos, el máximo resultado posible para su grupo de edad.

Para ingresar a Mensa, una persona debe ubicarse dentro del 2 % superior en pruebas de inteligencia supervisadas o presentar una evaluación previa aceptada por la organización. La entidad recibe aspirantes mayores de 10 años y medio mediante pruebas presenciales, virtuales o certificaciones profesionales.
El caso de Kevin se relaciona con las altas capacidades intelectuales, asociadas a resultados destacados en pruebas estandarizadas.
Las habilidades que mostró desde niño: memoria, música y cultura general
Kevin aprendió a leer antes de la primaria y, a los seis años, ya había memorizado la tabla periódica. También aprendió a tocar flauta, piano y guitarra, y desarrolló un interés especial por Harry Potter y los concursos de conocimientos.
Según su familia, su memoria le permitió detectar un error sobre la saga en un programa de televisión y encontrar el pasaje exacto en un libro.
Aunque participa en el equipo académico de su colegio, continúa sus estudios en la escuela pública local junto a estudiantes de su edad.
Kevin y el acompañamiento de su familia
La experiencia de Kevin también pone en primer plano el papel del entorno. Su familia ha insistido en que el acompañamiento debe permitirle desarrollar sus intereses sin aislarlo de su vida escolar, sus amistades y las actividades cotidianas.
El adolescente continúa su formación mientras explora áreas que le resultan cercanas, como la música, la lectura y los concursos de conocimientos.
Su caso muestra cómo un alto coeficiente intelectual puede ser una parte de la trayectoria de un estudiante, pero no resume por completo sus capacidades, gustos ni proyectos de vida.