¿Y si un día nada te emociona? Esta es la curiosa enfermedad que roba el placer de vivir
A los 33 años, Mateo descubrió una enfermedad que le robó el placer de vivir. Su historia revela cómo reconocer la anhedonia y buscar ayuda.

Fotos: Screenshot programa Lo que no dijmos.
A los 33 años, Mateo sintió que su vida se desmoronaba. Tenía un trabajo estable, una relación larga y una familia que lo acompañaba, pero algo no encajaba. “No tengo carro, no tengo casa, no tengo nada”, pensaba, mientras la desmotivación se apoderaba de sus días, lo que no sabía era que se trataba de una enfermedad.
La muerte de su tío, figura paterna tras el asesinato de su padre cuando era niño, fue el detonante de una profunda crisis emocional. Aunque ya había pasado por duelos y cambios importantes, esta vez no logró levantarse con facilidad. Dormía mal, se sentía sin energía y el trabajo que antes lo entusiasmaba se volvió un peso.
“Llegó un punto en el que no podía hacer nada. Me demoraba tres días en mandar un correo”, recuerda. Fue entonces cuando escuchó por primera vez la palabra que daría sentido a su experiencia: anhedonia.
¿Qué es la enfermedad anhedonia?
Es la pérdida del placer por la vida, uno de los síntomas más característicos de la depresión. No se trata solo de tristeza, sino de la incapacidad para disfrutar cosas que antes resultaban gratificantes: socializar, salir con amigos, o simplemente reír.
La anhedonia puede presentarse incluso sin llanto o desesperanza visibles. Según los especialistas, muchas personas la confunden con estrés, aburrimiento o agotamiento emocional, lo que retrasa el diagnóstico.
Su historia fue contada en Lo que no dijimos, un videopodcast de salud mental de Teleantioquia que propone abrir un espacio íntimo y honesto para conversar sobre esos temas que muchas veces callamos. la producción busca acompañar a los televidentes en un viaje de reflexión y sanación a través de historias reales de personas valientes, que deciden compartir sus batallas internas. En el caso de Mateo, los síntomas se manifestaron como falta de concentración, aislamiento social y una sensación persistente de vacío. “Yo no me sentía triste, pero no sentía nada. Ya nada me producía placer”, explica.
Entre el cuerpo y la mente
El proceso para entender lo que le ocurría fue largo. Empezó con terapia psicológica, pero también exploró caminos alternativos como la medicina funcional, que le permitió descubrir un vínculo entre la inflamación del cuerpo y su estado de ánimo. Su médico le habló del papel del intestino como “segundo cerebro” y de cómo la serotonina —el neurotransmisor del bienestar— también se produce allí.
A esto se sumó el acompañamiento psiquiátrico, donde Mateo comprendió que la depresión no siempre se manifiesta de manera visible. El tratamiento incluyó cambios en la alimentación, terapia constante y, en su caso, medicación controlada.
“Mi médico me dijo que la depresión no siempre tiene tristeza. Cuando mencionó la palabra anhedonia, supe que eso era lo que tenía”, cuenta.
El valor de la crisis en la enfermedad
Hoy, Mateo afirma que esa etapa le permitió renacer. “Morimos muchas veces en la vida”, dice con serenidad. “Agradezco haber pasado por esa noche oscura, porque me dio nuevas herramientas para conocerme y cuidarme”, expresa.
Su historia pone en evidencia que la salud mental necesita tiempo y acompañamiento profesional, al igual que cualquier otra enfermedad. Las crisis, por dolorosas que sean, también pueden convertirse en un punto de partida para el autoconocimiento y la transformación.
“Aprendí que no todo se sana solo. Hablar, pedir ayuda y reconocer que algo no está bien puede salvar vidas”, concluye.
Claves para identificar la anhedonia
- Pérdida del interés o disfrute por actividades antes placenteras.
- Falta de motivación o energía constante.
- Dificultad para concentrarse o completar tareas simples.
- Cambios en el apetito o el sueño.
- Desconexión emocional o sensación de vacío.
Si estos síntomas persisten, los expertos recomiendan acudir a un profesional de salud mental. No es debilidad, es parte del cuidado propio.
Si te gustaría conocer más sobre esta historia, no te pierdas el episodio completo en Lo que no dijimos:
Este contenido se realiza con recursos del Fondo Único de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones - FUTIC.