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Vivieron en la calle y hoy ayudan a otros a salir de ella: la historia de dos educadores en Medellín

Conoce las inspiradoras historias de Diego y Everty, dos hombres que pasaron de la calle a educadores, gracias a los programas de resocialización de Medellín.

Fotos: Secretaría de Inclusión Social y Familia

Fotos: Secretaría de Inclusión Social y Familia

En las calles de Medellín, muchas personas enfrentan situaciones extremas que los empujan a la habitancia en calle, una realidad marcada por la pobreza, el consumo de sustancias y la ruptura de estructuras familiares. Sin embargo, historias como la de Diego Ferney Mendoza Archila y Everty Andrés Murillo Hernández demuestra que siempre hay una oportunidad para cambiar, incluso cuando la vida parece haber tocado fondo.


Ambos hombres fueron, en su momento, habitantes de calle. Pero su recorrido no terminó allí; a través de programas de resocialización, apoyo psicosocial y un sistema integral ofrecido por la Secretaría de Inclusión Social y Familia, lograron reorientar sus vidas, convertirse en educadores de calle y ser agentes de cambio en la ciudad. Su transformación no solo es un testimonio de superación personal, sino también de la capacidad de Medellín para ofrecer nuevas oportunidades a quienes más lo necesitan.


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El Abismo y el Reconocimiento del Cambio Necesario

Diego Mendoza, de 28 años, fue un joven que alguna vez soñó con estudiar Trabajo Social y ayudar a las comunidades. Nació en Boyacá y se mudó a Cúcuta, donde obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de La Salle. A lo largo de sus estudios, también aprendió el oficio de barbero, pero el alcohol comenzó a tomar el control de su vida. Su consumo pasó de ser esporádico a convertirse en una rutina diaria, una necesidad que lo alejó de su familia, sus amigos y sus metas.


“Sentí vergüenza, sentí miedo. Me di cuenta de que, si seguía así, lo próximo era la calle”, confiesa Diego, quien, en su desesperación, decidió buscar ayuda. En agosto de 2025, ingresó a un programa de resocialización, en el que comenzó a entender que pedir ayuda no era rendirse, sino dar un paso hacia la recuperación.


A través de un proceso de seis meses, Diego no solo dejó el alcohol, sino que también fortaleció su autoestima y reconstruyó su proyecto de vida. Hoy, la historias es otra, sueña con retomar su oficio como barbero y trabajar con disciplina para recuperar la estabilidad que había perdido.


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Historias que inspiran: La Larga Larga Recuperación de Everty Murillo

Everty Andrés Murillo Hernández, de 33 años, tiene una de esas historias igualmente complejas. Estudió ocho semestres de Antropología en la Universidad de Antioquia, y siempre tuvo una gran capacidad intelectual. Sin embargo, el consumo de sustancias y las decisiones impulsivas lo fueron alejando de su entorno. Estuvo cerca de dos años en riesgo de vivir en la calle, hasta que, finalmente, pasó seis meses allí.


La calle dejó en él cicatrices emocionales y físicas. “Yo pensé que no necesitaba de nadie, me sentía autosuficiente, pero al final, el consumo me aisló aún más”, recuerda Everty. Cuando llegó al punto de tocar fondo, su familia no sabía dónde se encontraba, ya que había decidido cortar todo contacto con ellos.


El punto de inflexión llegó cuando un educador en calle de la Secretaría de Inclusión Social y Familia lo contactó. En agosto de 2025, comenzó su proceso de resocialización en el corregimiento de Santa Elena, donde recibió apoyo psicosocial y comenzó a reconstruir su vida. Hoy, Everty ha reestablecido vínculos con su familia y se siente orgulloso del progreso que ha logrado.


De educadores a agentes de cambio en la comunidad

Hoy, tanto Diego como Everty trabajan como educadores en calle. Su función es recorrer las calles de Medellín para ayudar a otras personas que atraviesan situaciones similares a las que ellos vivieron. “Lo que más impacta es cómo la gente se arraiga a la calle. Aunque sea durísima, no la quieren dejar”, reflexionan, entendiendo profundamente las dificultades emocionales y psicológicas que enfrentan quienes aún viven en la calle.



Como educadores, su rol no es solo brindar apoyo, sino también sensibilizar sobre la oferta institucional, invitar a las personas a dejar de normalizar la mendicidad y mostrarles que hay una salida. Además, están encargados de ayudar a personas que aún se encuentran en situación de habitancia a tomar decisiones que les permitan cambiar su futuro.


Este tipo de intervención se realiza bajo el marco de la Política Pública Social de Medellín, que contempla programas como intervención en calle, reducción de riesgos, atención básica, y procesos de resocialización. Los casos de Diego y Everty demuestran que la ayuda no solo trata de satisfacer necesidades inmediatas, sino también de promover cambios sostenibles a largo plazo.


El Cambio es Posible: El Camino de Diego y Everty, dos historias que inspiran

La historia de Diego y Everty es un ejemplo claro de cómo la intervención institucional puede transformar vidas. No solo lograron superar sus adicciones y reintegrarse a la sociedad, sino que ahora son los que, desde su experiencia, ayudan a otros a encontrar su camino hacia una vida mejor.


“Todo el camino valió la pena”, dice Diego. “Que no desaprovechen la oportunidad”, añade Everty, mostrando que el cambio es un proceso continuo que requiere esfuerzo, pero que también está al alcance de quienes deciden dar el paso hacia la transformación.


En Medellín, la política pública para personas habitantes de calle ofrece una verdadera oportunidad de cambio. Los programas de atención integral y resocialización proporcionan las herramientas necesarias para que las personas no solo sobrevivan, sino que puedan reconstruir sus vidas de manera sostenible.


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