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Ropa interior amarilla en Año Nuevo: de dónde viene el agüero

Aunque no tiene un origen único comprobado, el ritual se extendió por varios países y hoy mueve una fiebre comercial cada diciembre.

Foto: Infobae Perú - RadioActiva

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En la medianoche del 31 de diciembre, millones de personas en América Latina repiten un gesto que mezcla fe, costumbre y superstición: ponerse ropa interior amarilla para “atraer” un buen año. El color se asocia, sobre todo, con la prosperidad y el dinero, y por eso se convirtió en uno de los agüeros más populares de fin de año en países como Colombia, Perú, Chile, Ecuador y México.


Pero cuando se pregunta por el origen exacto, aparece un dato clave: no existe una versión única y plenamente documentada sobre “dónde nació” la tradición. Lo que sí hay es un consenso sobre su carácter de creencia popular —con variaciones por país— y sobre el simbolismo del amarillo como color ligado al oro, la abundancia, la energía y la buena suerte.



Una tradición extendida… con un origen difícil de rastrear

El uso de colores específicos en la ropa interior para recibir el año se repite en distintas partes de la región: el rojo suele relacionarse con el amor, el blanco con la paz, y el amarillo con el dinero y la buena fortuna. Esa interpretación aparece de forma consistente en notas culturales y explicaciones divulgativas sobre rituales de Año Nuevo.


En Colombia, por ejemplo, la costumbre es tan reconocible que cada diciembre se vuelve tema de conversación pública y aparece en listados de agüeros tradicionales del país, junto a otros rituales de fin de año.


En Perú, Chile y Ecuador, además, se reportan variaciones: hay quienes distinguen entre amarillo “para el dinero” y rojo “para el amor”, o quienes sostienen que debe ser una prenda nueva o recibida como regalo para que el ritual “funcione”. Estas diferencias muestran un patrón típico del folclor: una misma creencia se adapta según el lugar y la familia.


Lo verificable, en términos periodísticos, es esto: el ritual existe, se practica de forma amplia y su explicación pública más repetida es simbólica (amarillo = prosperidad/suerte). Lo que no es verificable con la misma claridad es una “fecha de nacimiento” o un “primer país” indiscutible.


¿Por qué amarillo? El símbolo detrás del color

El amarillo suele vincularse con el oro y con el sol. En el lenguaje cotidiano de los agüeros, esa conexión se traduce en un deseo: iniciar el año con señales de abundancia y “buena racha”. Medios y portales que han recopilado la tradición coinciden en esa asociación: el amarillo representa suerte, éxito, energía y prosperidad económica.


A esa lectura se suma un hecho cultural: en distintos países latinoamericanos existe la costumbre de “vestir intenciones” en Año Nuevo (colores, objetos o acciones que simbolizan metas). En ese paquete de rituales, la ropa interior amarilla funciona como una especie de amuleto discreto: no se muestra, pero se “lleva puesta” al comenzar el año.



Desde el consumo, la tradición también dejó huella: cada diciembre aumenta la compra de prendas de ciertos colores, con especial protagonismo del amarillo en varias capitales de la región, un comportamiento que se ha reportado incluso como fenómeno recurrente de temporada.


Cómo se practica el agüero y por qué varía tanto

Aunque la escena más conocida es “ponérsela para recibir el año”, en la práctica hay muchas versiones: quienes la usan durante todo el 31, quienes se la cambian justo antes de las 12, quienes prefieren estrenarla esa noche, o quienes combinan colores según sus metas (amor, dinero, tranquilidad). Estas diferencias no son una prueba de “verdad” o “mentira” del ritual; son, más bien, señales de cómo funcionan las tradiciones populares: se transmiten de boca en boca y se reescriben en cada hogar.


En paralelo, conviene hacer una precisión importante: no hay evidencia científica de que un color de ropa interior tenga efectos reales sobre la suerte o la economía. Lo que sí es real es el valor cultural del rito —su papel como símbolo y como parte de una celebración compartida— y su fuerza como costumbre repetida año tras año.


En últimas, la tradición de Año Nuevo del amarillo se sostiene por su significado: una manera de arrancar el calendario con un deseo de prosperidad. Y aunque su origen exacto siga siendo difuso, su presencia en la región es innegable: cada 31 de diciembre, el agüero vuelve a circular entre consejos familiares, vitrinas y conversaciones de medianoche.


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