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¿Quién fue el ‘príncipe de Medellín’? La historia del heredero que murió a los 24 años y tiene un mausoleo de mármol italiano

El mausoleo fue esculpido en mármol en Pietrasanta, Italia, por encargo de la familia más adinerada de Colombia a finales del siglo XIX.

Fotos: Tomadas de @hacelo_real_

Fotos: Tomadas de @hacelo_real_

En la historia de la capital antioqueña, las últimas décadas del siglo XIX estuvieron marcadas por el surgimiento de grandes fortunas familiares. Entre las figuras más influyentes destacaron Carlos Coriolano Amador y su esposa Lorenza Uribe, considerados la pareja más adinerada de Colombia. En torno a su entorno familiar creció la figura de su único hijo varón, José María Amador, a quien la sociedad local bautizó como el príncipe de Medellín.


El recorrido por la vida de este joven combina registros documentales con la memoria oral. Nacido en 1869 en el seno de una familia de enorme poder económico y político, Amador creció rodeado de comodidades e innovaciones tecnológicas que sus padres importaban desde Europa.



Su repentino fallecimiento, ocurrido el 18 de noviembre de 1893 cuando tenía 24 años, conmovió a la ciudadanía y dio origen a una de las estructuras funerarias más emblemáticas conservadas en el Museo Cementerio San Pedro.


Su muerte enlutó a una ciudad que por entonces tenía alrededor de 46.000 habitantes. Aunque se atribuyó su fallecimiento a complicaciones asociadas con la tuberculosis, también han circulado versiones que señalan a la sífilis como una posible causa de su deterioro de salud.


Según relatos como el de @hacelo_real_, durante su enfermedad varios médicos intentaron encontrar alternativas para aliviar sus síntomas, entre ellas, un supuesto tratamiento que consistía en llenar de leche recién ordeñada la piscina de la familia Amador para que José María se bañara en ella.


La historia cuenta que, al vaciar la piscina, parte de la leche llegaba a la quebrada Santa Elena, cercana a la vivienda ubicada en el sector de la avenida Oriental con La Playa, y que algunos habitantes la recogían para consumirla. A esta práctica se le atribuye la muerte de cerca de 160 personas por enfermedades e infecciones.


La riqueza minera del 'Burro de Oro' y la opulencia de la época

Su figura simbolizó la opulencia de la burguesía naciente en la región, en un momento en que la arquitectura de la ciudad comenzaba a transformar sus casas de tapia pisada por palacetes de influencia francesa e italiana.


Para comprender el contexto del joven conocido como el príncipe de Medellín, es necesario revisar el impacto empresarial de su padre, Carlos Coriolano Amador. Apodado en la cultura popular como 'El burro de oro' debido a su descomunal patrimonio, Amador fue el principal accionista de la Sociedad de la Mina de El Zancudo, ubicada en el municipio de Titiribí.


Esta explotación de oro y plata generó rendimientos financieros extraordinarios que financiaron obras clave para la modernización regional, tales como el trazado de vías terrestres, la construcción del puente de occidente sobre el río Cauca y la edificación de plazas de mercado e infraestructura comercial en el centro de la ciudad.


El estilo de vida de la familia Amador-Uribe se caracterizó por la introducción de bienes de lujo inéditos en el territorio nacional. Entre sus propiedades destacaba una gran residencia urbana construida por arquitectos extranjeros con materiales traídos del continente europeo, inmueble que años después funcionó como Palacio Arzobispal antes de su demolición.


Asimismo, registros históricos señalan que la familia trajo a la región uno de los primeros automóviles de tracción a motor, consolidando su estatus de élite en el ámbito social y comercial antioqueño. En ese entorno de abundancia, la crianza de su hijo estuvo destinada a perpetuar el legado industrial de la firma familiar.


El ‘príncipe de Medellín’: Tiene un mausoleo de mármol importado desde Pietrasanta, Italia

El deceso del primogénito el 18 de noviembre de 1893 representó un quiebre emocional para la familia. En respuesta al duelo, sus padres encargaron la edificación de un imponente monumento funerario en el Cementerio de San Pedro.


La gestión del mausoleo fue encomendada al comerciante e intermediario italiano Ermenegildo Bibolotti, quien coordinó el diseño, el labrado y la importación de la estructura desde los célebres talleres de mármol de Pietrasanta, en la región de Toscana, Italia. La obra, de estilo neoclásico, consta de una aguja u obelisco de mármol blanco escoltado por figuras alegóricas de escala monumental.


En el frente del obelisco principal del monumento aún se conserva la inscripción original en letras grabadas sobre la piedra: "A José María Amador, muerto el 18 de noviembre de 1893 a la edad de 24 años. Su madre que confía en Dios consolador". Este espacio de enterramiento no solo destaca por su valor escultórico, sino también por resguardar registros fotográficos de la época, entre ellos retratos de formato estereoscópico creados para generar ilusión de profundidad en tercera dimensión, una técnica de vanguardia visual para finales del siglo XIX.


Memoria, mito y patrimonio cultural en el Cementerio San Pedro


Fundado en 1842 por la Sociedad de San Pedro, el Museo Cementerio San Pedro fue reconocido oficialmente como Museo en 1998 y declarado Monumento Nacional en 1999 por parte del Ministerio de Cultura de Colombia.


La tumba del joven Amador forma parte de los itinerarios nocturnos de guianza y pedagogía histórica que organiza la administración de la fundación, donde se analiza la arquitectura funeraria y la evolución de las élites locales entre los siglos XIX y XX. Estas actividades permiten a los asistentes apreciar los diferentes estilos escultóricos presentes en los mausoleos de Medellín.


El relato en torno a la tumba del joven continúa siendo un punto de interés dentro del patrimonio histórico de Antioquia. Las visitas guiadas abordan cómo la trágica pérdida de un heredero joven dio paso a la creación de leyendas urbanas sobre la vida cotidiana de las familias mineras.


El mausoleo de la familia Amador permanece abierto al público dentro de las instalaciones del camposanto, consolidándose como un testimonio artístico sobre la memoria, la devoción materna y la historia preindustrial de la ciudad.


Fuente: @hacelo_real_


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