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¿Quién canta “un cafecito, riquito, riquito”? La canción viral que fue creada con IA

Pistas como "Bonito, Bonito" abrieron un debate mundial sobre derechos de autor que hoy permea los contenidos diarios en plataformas.

Fotos: Redes Sociales

Fotos: Redes Sociales

La proliferación de las canciones con IA ha transformado radicalmente la forma en que los usuarios consumen y comparten en el entorno digital. Durante los últimos meses, las plataformas han sido testigos de un fenómeno: pistas de audio creadas íntegramente por algoritmos, que logran ser una canción viral. Un ejemplo reciente es una pista de corte infantil o familiar que repite frases como "un cafecito, riquito, riquito" y "una sonrisita bonita, bonita".


Este tipo de audios, se han posicionado como la banda sonora predeterminada para millones de publicaciones matutinas, historias de la vida diaria y saludos familiares. Sin embargo, su origen no humano ha desatado un debate sobre el valor del trabajo artístico frente a la inmediatez de la tecnología.



Las canciones con IA: El impacto en los artistas y la industria musical

El éxito comercial y social de la música generada por inteligencia artificial no ha pasado desapercibido para los compositores e intérpretes reales.


Las discográficas y los artistas se enfrentan a un escenario donde los creadores de contenido prefieren utilizar pistas sintéticas. Esto se debe, en gran medida, a que estas canciones evitan las restricciones de derechos de autor (copyright), permitiendo a los usuarios monetizar sus videos. Esta conveniencia técnica, sumada a ritmos diseñados específicamente para ser adictivos, facilita su propagación masiva.


De la clonación a la creación que termina en una canción viral

El caso del audio del "Bonito, bonito" no es un hecho aislado, sino el síntoma de una tendencia global que lleva meses escalando. La historia de las pistas generadas por algoritmos alcanzó su primer gran hito mediático cuando un usuario anónimo, conocido como Ghostwriter, lanzó la canción "Heart on My Sleeve", la cual simulaba con extrema precisión las voces de los artistas canadienses Drake y The Weeknd. Según los registros de la industria, la canción acumuló millones de reproducciones en plataformas de streaming antes de ser retirada por reclamos legales de Universal Music Group.


Posteriormente, proyectos como FlowGPT popularizaron canciones como "NostalgIA", una pista que clonaba las voces de Bad Bunny, Justin Bieber y Daddy Yankee. El impacto fue tan significativo que el propio Bad Bunny se pronunció en sus canales de difusión para expresar su rechazo hacia quienes apoyaban ese tipo de formatos. A diferencia de estas clonaciones que vulneran los derechos de imagen y voz de terceros, la nueva ola de canciones virales opta por voces genéricas y estilos tropicales, infantiles o de "música de tías" (como baladas o ritmos bailables tipo cumbia y salsa), evadiendo así las demandas directas de los sellos discográficos, pero inundando el mercado con contenido artificial.


La brecha generacional y la alfabetización digital

Un factor determinante en el éxito de estas canciones es la brecha en la alfabetización digital de los usuarios. Testimonios recogidos en análisis de redes señalan que una gran porción de la audiencia, especialmente en rangos de edad mayores, interactúa con estas canciones sin percibir su origen sintético.


La adopción de estas melodías se da de manera orgánica, integrándolas a sus rutinas sin cuestionar si existe un artista real detrás de la obra. Este fenómeno es un reflejo directo de lo que ocurre en el ámbito visual, donde imágenes generadas por algoritmos —como el Papa Francisco vistiendo prendas de alta costura, personajes religiosos en videojuegos de pelea o animales realizando actividades humanas— son tomadas como verídicas por sectores de la población que aún no están familiarizados con los avances del aprendizaje automático.


Aunque la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, la capacidad crítica para discernir entre la creación humana y la computacional sigue siendo el mayor desafío para las audiencias contemporáneas.



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