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“Pueblo Blanco”: de sitio de paso a destino

San Vicente Ferrer dejó de ser pueblo de paso: hoy es destino turístico, cultural y natural que atrae visitantes con historia y color.

Fotos: Antioquia es Mágica

Fotos: Antioquia es Mágica

Un pueblo que dejó de ser de paso

Crónica escrita por: Óscar Andrés Sánchez, periodista y director de Turismo de Antioquia



Hubo un tiempo en que San Vicente Ferrer fue un pueblo de paso del Oriente Antioqueño. Primero de los arrieros que iban o venían en busca del oro del Nordeste, hacia el centro de la Provincia. Luego paso de las campañas libertadoras... y hace un tiempo ha dejado de ser de paso. “El Pueblo Blanco de Antioquia” también invita a quedarse. Sus calles como caracoles y sus callejones de colores son antesala a una zona rural, cargada de fuentes de agua, y atractivos naturales. Todo ha sido un proceso, que ahora debe continuar una segunda etapa de consolidación.


Madrugadores y tradiciones en San Vicente

La gente es madrugadora, no importa el frío, porque para eso está ruana o una buena chaqueta. A las 5:00 am ya están las cafeterías abiertas y no vendiendo exclusivamente café de la región. Muchos campesinos y pobladores urbano tienen la costumbre de iniciar la mañana con un trago de aguardiente, o con un “tinto envenenado”.


Esos pequeños lugares, que en el transcurso del día van evolucionando a bares o cantinas, son espacios predilectos para las tertulias literarias y políticas, como también lo son los paragüitas del parque principal. En este lugar de encuentro del pueblo, que otrora estuvo poblado por “gentes blancas”, ahora reina una Negra.


La Negra de la Pila y el legado del oro

Es la Negra de la Pila, con su batea en la cabeza, testimonio y a la vez homenaje a las barequeras que sacaban oro de las aguas y las tierras que hacían parte de aquel “sitio”. Porque cuando los explotadores escurrieron el Occidente y el Bajo Cauca, San Vicente fue, al tiempo que Guarne, la gran fuente del oro en la Provincia. Desde el siglo XVIII se empezó el poblamiento espontáneo de las tierras que ahora contienen a San Vicente, ya hoy conocido como “El pueblo blanco de Antioquia”. En su despertar turístico, primero con la presencia de colonos en busca del oro, y posteriormente de arrieros que abrieron caminos provenientes del Nordeste y el Oriente, que se dirigían al centro de la Provincia, lo cual llevó a la aparición de fondas y posadas camineras.


Patrimonio religioso y arquitectura

De esos años de esplendor o de resplandor, solo queda como testigo aquella escultura en el parque del pueblo y un templo con frontis de catedral, del que fueron artífices José y Eusebio Ceballos Rojas, un par de españoles que, urgidos por rezos y plegarias, a mediados del S. VXIII, pidieron permiso a Popayán para levantar una capilla. La misma que cien años después se convirtió en un templo parroquial, orgullo de los pobladores. Como casi todos los pueblos paisas, primero fue, pues, una capilla; luego fue el pueblo. Enseguida templo, esa mole aquella de ladrillo fecundo y altas columnas y de tejados de barro hasta donde llegaban los feligreses a los oficios religiosos que les espantaran del alma sus remordimientos y les hablaran de una vida más allá de la terrenal.


Identidad y entorno geográfico

Separados por no más de 20 metros, la Negra y el templo más que construcciones son testimonio de lo que ha sido históricamente este poblado. Muchos “sanvicentes” nombran a parajes, caños y veredas en Colombia. Pero el de Antioquia, es San Vicente Ferrer, en homenaje a este santo nacido en Valencia, España, y que denota ese apego que han tenido sus habitantes por la religión católica. Su quebrada geografía rural está encerrada entre Barbosa, Girardota, Guarne, Concepción, El Peñol, Marinilla y Rionegro.


Orgullo académico y personajes ilustres

Su zona urbana, que vista desde el aire parece un cometa en reposo sobre un mangón verde, está ubicada en el altiplano del Oriente antioqueño, a 48 kilómetros de Medellín. Allí se llega principalmente por la Autopista Medellín-Bogotá, y su entrada está a mitad de camino entre Guarne y Marinilla. Quizá por el hecho de estar entre prósperos y antiguos pueblos, los sanvicentinos han tenido que arar más duro y quizá por ello muchos ferrerinos han salido a estudiar, a hacer negocios, a fundar otros pueblos. Su Patria les ha quedado chica; o lo han ido asfixiando sus glotones vecinos. Y entonces la lista de hijos de esta tierra que se han destacado en la medicina, la jurisprudencia o que han sido guardianes de la fe católica es larga.


Mientras caminas por las calles o veredas a lo mejor alguien informado te cuente de personajes de la vida nacional, como el Arzobispo de Bogotá, Vicente Arbeláez Gómez; los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Germán Giraldo Zuluaga y Horacio Montoya Gil -este último fallecido en el Holocausto del Palacio de Justicia-; los congresistas Sacramento Ceballos, hace tiempo, y recientemente Leonel Henao Zuluaga y Efrén Cardona Rojas; el líder político y académico, Felipe Hoyos Arbeláez; el periodista J. Rafael Muñoz; destacados ciclistas como Gonzalo Chalo Marín, Reynel Montoya Jaramillo, John Ramiro Arias, Cristian Montoya, entre otros.


Economía agrícola y transformaciones


Esto sin descontar que en esta localidad fue donde más tiempo pasó el ilustre antioqueño de todos los tiempos, José María Córdoba, y nacieron allí algunos de sus hermanos. San Vicente ha sido pueblo de paso y provisiones. Primero fue ruta de buscadores de oro, luego paso de arrieros y colonos. Y después, otros productos han brindado el sustento a varias generaciones. San Vicente sigue siendo, gran despensa de comida, en especial de papa, maíz y frijol. Luego la historia local fue amarrada con fique. San Vicente llegó a ser el mayor productor de “cabuya” del departamento.


Los habitantes de este pueblo hace tiempos cultivaron fique para coser los sacos en que empacaban el café que se iba por el mundo, y luego de la papa y fríjol cargamanto, por un tiempo fue el principal productor de fresas en Antioquia; actualmente, después de Sonsón y Urrao, es el mayor productor de aguacate. Cuando se pensaba en el turismo en Antioquia, San Vicente si acaso era mencionado como lo que ha sido: un pueblo de paso: hacia el muy patrimonial pueblo de Concepción o hacia el muy turístico embalse de El Peñol-Guatapé. Pero desde hace unos años San Vicente ha comenzado a ofrecer razones para no pasar sino también para quedarse.


Turismo cultural y colorido urbano

San Vicente Ferrer hizo parte de la lista de pueblos “mágicos de Antioquia”, y gracias al apoyo de la Gobernación se lideró el la primera etapa del proyecto “San Vicente pueblo blanco, callejones de colores”, con lo que se cumplió el anhelo del Centro de Historia local y algunos entusiastas, de ver el pueblo pintado en sus fachadas y contra fachadas, un poco para parecerse a los poblados que se cuelgan de las montañas alpinas o pirineicas del otro lado del océano. En cierta medida para recuperar nuestra esencia, como quiera que estos pueblos de la época de la Colonia e incluso los republicanos, tienen mucho de esos aires arquitectónicos de la península ibérica.


Y no solo se han intervenido casas y locales comerciales. También los callejones se han coloreado de vida: ya a San Vicente hoy por hoy no llegan visitantes y se hace sus fotografías, recorre sus calles que parecen en caracol y se toma las fotos en los callejones, degustan un café, se disfruta un pandequeso –algunos hechos con maíz- se pregunta por un helado a base de aguacate. Las calles y fachadas ya son excusa para la gente llegar y además indagar por parajes hermosos y llenos de mucha agua y vida: como la vereda El Canelo y los valles de La Magdalena, Corrientes y Ovejas y los miradores de la Montera y Morrito, la Cascada de los Cachos, o de su majestuosa piedra en la vereda Peñolcito, que no es de acceso público porque está en propiedad privada.


Experiencias imperdibles para visitantes

Tomarse fotos en la calle 30 es una actividad recomendada, donde se encuentran 73 escalones blancos decorados con mosaicos. También es imperdible una caminada reposada por El Museo Manuel Carvajal en el centro cultural local; la Calle Córdoba, que va del parque principal al sector de La Salida. En este punto se observan construcciones republicanas, en una vía estrecha que solo fue el camino de paso de arrieros y terminó siendo la columna vertebral del pueblo.


Aunque el fique ya no está entre las principales actividades económicas, persisten algunos cultivos y se trabaja en artesanías por mujeres que tejen en sus viviendas y exhiben sus productos en mercados campesinos, porque acá toda vía el parque se convierte los fines de semana en una gran tienda de productos del campo, con chivas o buses escaleras que le dan alegría al pueblo. Y para complementar la experiencia de tan variados paisajes se puede encontrar una gran riqueza en fauna, teniendo la posibilidad de avistar, a un par de kilómetros de la zona urbana, ardillas de cola roja, Sirirí bueyero, puercoespín de cola corta, armadillo de nueve bandas y especies anfibias como la nutria tropical o la rana paisa, entre otros.


Un futuro turístico prometedor

San Vicente es un municipio que, si bien en algún momento vivió del oro, del fique, del frijol o las fresas o el aguacate, comienza a mirar nuevas alternativas de ecoturismo, de agroturismo. Y como dijo recientemente un comerciante mientras veía a unas chicas fotografiarse al lado de la Negra de la Pila: -Hombre, pa qué, pero nos está yendo muy bien, a San Vicente ya está viniendo mucha gente. Y la que se espera que llegue.


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