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¿Le ha pasado? Esta es la razón por la que sentimos un ‘corrientazo’ al tocar a otra persona

Aunque la chispa generada apenas dura un instante, esta descarga viaja a la vertiginosa velocidad de la luz: 299.791 kilómetros por segundo.

Fotos: Redes Sociales

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El fenómeno cotidiano de experimentar un "corrientazo" repentino al rozar o tocar a otra persona, comúnmente conocido en el lenguaje popular como el acto de "dar corriente", posee una explicación científica rigurosa.


Este suceso, que ocurre de manera casi imprevista en la vida diaria, se fundamenta en el comportamiento de la materia a nivel subatómico y responde a leyes físicas universales sobre el intercambio de energía.



Según las especificaciones documentadas por el International Science Teaching Foundation, una organización educativa con sede en los Estados Unidos, este tipo específico de descarga eléctrica es catalogado formalmente en el ámbito científico bajo el concepto de corriente estática.


¿Por qué ocurre este "corrientazo"?

La institución estadounidense explica que el origen de esta reacción comienza en las partículas atómicas diminutas que conforman absolutamente a todos los objetos y seres vivos.


Estas unidades fundamentales, llamadas átomos, están estructuradas internamente por elementos aún más pequeños que dictan su comportamiento electromagnético: los protones, que ostentan una carga positiva; los electrones, que poseen una carga negativa; y los neutrones, que mantienen un estado estrictamente neutro.


La fundación científica detalla que, en su estado natural y durante la mayor parte del tiempo, los átomos permanecen en un estado de equilibrio neutro. Esto significa que albergan un nivel exactamente igual de electrones y protones, por lo que el cuerpo físico se considera "estático".


Sin embargo, el fenómeno físico se desencadena cuando se presenta un desequilibrio en esta proporción. Al perder su neutralidad, y siguiendo el principio físico de que los polos opuestos se atraen, los átomos con cargas desiguales intentarán irremediablemente volver a juntarse.


Durante este intento de estabilización, ocurre un traspaso de energía inmediato, provocando que la energía deje de ser estática para convertirse en electricidad actual o en movimiento. En esta etapa de disparidad atómica, los electrones sufren un estado de excitación y tienden a rebotar, mientras que los protones y neutrones se mantienen estables. Por lo tanto, cuando una persona posee una acumulación adicional de electrones, estos son atraídos violentamente por cualquier elemento con carga contraria, produciendo el choque que sentimos al hacer contacto.


El papel de la fricción y los objetos aislantes

Generalmente, esta alteración en los niveles atómicos es producto de interacciones físicas cotidianas. Desde sus registros académicos, la Enciclopedia Británica ha remarcado que la fricción es uno de los principales catalizadores de este proceso.


La enciclopedia explica que si dos objetos se frotan de manera continua —especialmente si ambos actúan como materiales aislantes y al menos uno de ellos se encuentra completamente seco—, estos adquieren cargas eléctricas que son iguales en magnitud, pero opuestas en su polaridad. Esto transforma la interacción en una atracción mutua y latente.


El proceso se vuelve evidente cuando se introduce un tercer elemento en la ecuación. Si una persona (el tercer elemento) que no participó en esa fricción original entra en contacto con el objeto cargado, la profunda desigualdad en las partículas generará un traspaso inmediato de corriente para nivelar el sistema.


Cabe destacar que, según los datos científicos presentados, frotar una tela de seda o una varilla de vidrio genera una polaridad positiva, mientras que la fricción de la piel humana sobre superficies de plástico o goma produce una acumulación de polaridad negativa.


El impacto del clima en el "corrientazo" corporal


El entorno atmosférico juega un papel determinante en la frecuencia con la que experimentamos estos choques. Según distingue el medio informativo The Times of India, la acumulación de carga eléctrica en el cuerpo humano se forma en su gran mayoría durante la temporada de invierno o en zonas donde el clima es predominantemente seco.


En un contexto de aire seco, los electrones encuentran el escenario ideal para desarrollarse y acumularse con gran facilidad sobre la superficie de nuestra piel. Por el contrario, durante la temporada de verano o en días lluviosos, la presencia constante de humedad en el ambiente actúa como un conductor natural que elimina los electrones acumulados gradualmente, lo que disminuye drásticamente la posibilidad de sufrir o emitir un choque eléctrico.


Los electrones no se quedan almacenados en el cuerpo humano de forma permanente. Cuando el individuo cargado negativamente se topa con un elemento que posee una carga excesivamente positiva, la transferencia se realiza sin dificultad. La ciencia afirma que, en ocasiones, el cuerpo humano puede estar tan cargado que la transferencia de partículas comienza a ocurrir incluso a la distancia, degradando el aire circundante antes del contacto físico directo.


Finalmente, la chispa genera dolor momentáneo debido a que produce un incremento drástico y concentrado de temperatura, lo que el sistema nervioso humano percibe como si una aguja caliente perforara la piel.


Cómo funciona en otros elementos

Aunque a nivel doméstico estas descargas no representan corrientes elevadas, cuando la carga estática hace contacto con un objeto conectado a tierra, la chispa resultante tiene la capacidad de encender materiales inflamables o, en casos de alta acumulación, llegar a dañar y destruir componentes electrónicos sensibles. En la naturaleza, este mismo principio llevado a una escala masiva, cuando el aire roza las nubes, es el responsable de la creación de los rayos durante las tormentas eléctricas.


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