Las reading parties crecen en las grandes ciudades: así se vivió la primera edición en Medellín
Así fue la primera reading party en Medellín reunió a lectores en una experiencia silenciosa que superó la demanda esperada.

Fotos: @duende.co.com y @somoslavidita
La primera reading party en Medellín no solo reunió a decenas de lectores en silencio: abrió la puerta a un modelo de encuentro cultural que busca crear tiempo y espacio para una pausa consciente en medio del ritmo urbano.
Aunque su origen se remonta a Nueva York, donde el emprendedor Ben Bradbury impulsó estas reuniones para leer en comunidad, su llegada a Medellín surgió de una conversación íntima, casi casual, entre gestoras que buscaban un nuevo modo de conectar a las personas a través de la lectura.
Ese diálogo, protagonizado por Belén Torregrosa —fundadora de Lavidita en Madrid— y Erika Jaramillo, directora de experiencia en Mattelsa y presidenta de la Corporación Perpetuo Socorro, dio paso a una sinergia junto a Bukz y Duende. Una idea compartida tomó fuerza desde el principio y abrió el camino a un experimento cultural en el Distrito Creativo El Perpetuo Socorro, donde la lectura dejó de vivirse en solitario y empezó a disfrutarse como un momento compartido.
“Quisimos traer el formato para crear un tiempo y un espacio donde las personas disfruten del placer de leer y vivan la lectura no en soledad, sino como un momento compartido”, expresa Erika.
Un templo convertido en escenario cultural
La elección del escenario fue determinante para el espíritu del encuentro. La Iglesia del Perpetuo Socorro, un espacio profundamente arraigado en la vida del distrito, se convirtió en el eje de este ritual contemporáneo. El equipo organizador buscaba algo más que un lugar silencioso: necesitaban un espacio capaz de potenciar la trascendencia de la lectura colectiva.
Según Jaramillo, la intención desde el inicio fue explorar nuevas formas de habitar lugares sagrados sin perder su sentido profundo. Para ella, permitir que el templo acogiera una actividad cultural era una manera de abrirlo a la comunidad desde una perspectiva cotidiana y sensible.
“Pensamos que era una manera de lograr que un lugar sagrado pueda ser también un lugar abierto a la cultura, al encuentro cotidiano, al cultivo de aquello que nos acerca al otro”, afirma.
La atmósfera, reforzada por la luz tenue, la música ambiental y la presencia constante del párroco, convirtió la experiencia en algo más que silencio coordinado. La lectura se vivió casi como un ritual: un momento de conexión íntima pero compartida, que transformó la percepción del espacio y resignificó su función.
“Lo trascendente del espacio, la música, la luz, lo sagrado… hicieron de esta reading party un ritual que nos conecta con algo más grande que nosotros”, añade Jaramillo.
La reading party: una respuesta que confirmó la necesidad de parar
La convocatoria superó las expectativas. Cerca de ochenta personas asistieron a esta primera edición, demostrando que Medellín está buscando nuevas maneras de vincularse con la cultura y con los demás. Para muchos, la reading party fue una oportunidad para detenerse, respirar y dedicar tiempo a leer sin interrupciones.
La respuesta del público fue profundamente reveladora. Los asistentes no solo valoraron la posibilidad de encontrar un espacio libre de pantallas y distracciones, sino que agradecieron la oportunidad de establecer conexiones genuinas desde una pasión compartida: los libros.
“Agradecieron tener ese momento sin distracciones, en un lugar tan especial, estableciendo conexiones genuinas, acercándonos al otro desde lo que tenemos en común”, destaca la presidenta.
En un contexto donde Medellín multiplica sus apuestas por la cultura, la aparición de este formato internacional abre la puerta a nuevas formas de encuentro ciudadano. La lectura colectiva, lejos de ser una rareza, se proyecta como una experiencia que podría consolidarse y expandirse en futuras ediciones dentro del distrito y otros espacios culturales de la ciudad.
Para los organizadores, esta primera reading party no fue solo un evento: fue el inicio de una comunidad que podría seguir creciendo alrededor de la lectura en silencio, la calma compartida y el deseo de detener el tiempo, aunque sea por un momento.
Las conversaciones sobre próximos encuentros ya están en marcha. El Perpetuo Socorro, convertido en un nodo cultural, plantea nuevas preguntas sobre cómo habitar la ciudad y cómo crear espacios para reconectar con uno mismo y con los demás a través de algo tan simple —y tan poderoso— como un libro.