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Ella es la antioqueña que fue desplazada por la violencia y hoy lleva su arte del perdón a campos de refugiados por todo el mundo

De niña escapó de la guerra en Granada, Antioquia. Años después, sus abrazos y obras sanan a víctimas en campos de refugiados del mundo

Camila de la Cruz fue protagonista en el programa "Inversas" de Teleantioquia. Fotos: reactivoz.com I 360radio

Camila de la Cruz fue protagonista en el programa "Inversas" de Teleantioquia. Fotos: reactivoz.com I 360radio

Una historia de guerra, arte y perdón

Camila Duque, conocida artísticamente como Camila de la Cruz, es una mujer antioqueña que transformó el horror del conflicto armado en una misión de arte y sanación. Desde su niñez en el municipio de Granada, Oriente antioqueño, la guerra marcó su destino, pero también sembró la semilla de una vida dedicada a contar, sanar y abrazar.



Su historia fue contada en el programa Inversas de Teleantioquia, donde narró cómo pasó de ser víctima del desplazamiento forzado a convertirse en escritora, actriz y cuentera con presencia internacional. Hoy, junto a su esposo, recorre campos de refugiados, cárceles, albergues y casas de acogida en más de 11 países, llevando esperanza a través del teatro y la palabra.


De Granada al mundo: huir para vencer

Cuando tenía apenas 12 años, la guerrilla llegó a su casa. En su relato, recuerda cómo su padre rogó para que no se llevaran a sus hijas. “Nos dijeron que si amanecíamos allí, nos mandaban en cuatro palos”, cuenta. Esa noche su familia dejó todo: casa, animales, juguetes, y huyó con lo que tenían puesto.


Años después, esa experiencia se convirtió en el eje de su novela Huir para vencer, un texto que relata la crudeza del conflicto y el poder del perdón. El libro ha sido reconocido en Colombia y se encuentra en proceso de traducción al inglés, lo que marca un nuevo paso en su propósito de que la historia de miles de desplazados se conozca fuera del país.


Todos necesitamos perdonar, los que hemos vivido la guerra y los que no, pero tienen una herida”, dice Camila, convencida de que la resiliencia es una forma de resistencia.


Camila de la Cruz: la niña que soñaba con viajar

Camila creció entre cafetales, junto a su padre jornalero y su madre dedicada al hogar. Desde pequeña repetía que quería “viajar lejos”. Sin imaginarlo, ese anhelo se cumpliría, aunque de una manera distinta: el arte sería su pasaporte.


Su primer encuentro con el teatro ocurrió en la escuela rural. En medio del miedo y el silencio de la guerra, descubrió que en el escenario podía respirar. Allí empezó a encontrar sentido a su voz, a las historias y a las risas que el conflicto le había arrebatado.


Tras el desplazamiento, su familia llegó al barrio Moravia de Medellín, donde enfrentó nuevas formas de violencia: pobreza, hacinamiento y bullying escolar. “Me decían montañera, bruta, banano pecoso. Llegué a odiarme”, confiesa. Sin embargo, el arte volvió a aparecer como refugio. Escribía cuentos en los cuadernos y se inscribió en talleres de cuentería en la Corporación Cultural Viva Palabra, donde descubrió su vocación definitiva.


Del dolor a la escena


Camila estudió Contaduría, pero pronto comprendió que su destino estaba en contar historias distintas. Creó el espectáculo Lengua sudada, inspirado en las heridas que dejan las palabras. “Las balas no solo son de fuego, también son verbales”, dice.


Junto a su esposo, el artista Ramón de la Cruz, fundó la compañía de teatro De la Cruz, con la que ha recorrido Colombia y el mundo llevando su arte a lugares olvidados. “Nuestro teatro no busca alfombras rojas. Llevamos funciones a donde el silencio pesa”, afirma.


En Alemania, Nicaragua, Egipto y otros países, Camila ha presentado obras en campos de refugiados y comunidades migrantes. Allí, más que espectáculos, ofrece encuentros de humanidad. “Me identifico con ellos —cuenta— porque también sé lo que es huir y empezar de cero”.


Camila de la Cruz: un abrazo que sana

Además de actriz y escritora, Camila se dedica a repartir “abrazos gratis” en los parques de Antioquia. Lo hace convencida de que un gesto tan simple puede transformar. “Un abrazo de más de diez segundos libera toxinas, reduce el estrés y sana”, explica.


Camila de la Cruz es hoy Antioqueña de Oro, embajadora de paz y símbolo de las mujeres que logran reconstruirse desde la adversidad. Sus viajes continúan, ahora con el objetivo de llevar su libro y su teatro a más fronteras.


Su historia resume el espíritu de Inversas: mujeres que ponen el mundo de cabeza. En cada país, en cada escenario y en cada abrazo, Camila demuestra que el arte también es una forma de reconciliación.


Este contenido se realiza con recursos del Fondo Único de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones - FUTIC.


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