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En este municipio de Antioquia existe una “casa de piedritas” que guarda una promesa de amor que nunca murió

Más que un lugar, es un viaje por el amor. Conoce la casa que convirtió cada recuerdo en piedra y arte. Conoce la historia aquí.

Fotografía tomadas de Vieja que viaja y Tripadvisor.

Fotografía tomadas de Vieja que viaja y Tripadvisor.

Las historias de amor viven en los rincones más inesperados, y en Envigado hay un lugar que no solo las cuenta, sino que las respira. Allí, en medio de calles comunes y fachadas discretas, se alza un hogar que parece salido de un cuento: “la casa de piedritas”. Es el testimonio vivo de una de las historias de amor más hermosas que se hayan conocido. Los protagonistas son Gloria Ochoa, Santiago Rojas, una promesa y su amor eterno. 


Los inicios de una historia de amor eterno

Todo empezó cuando la pareja estaba en su noviazgo. En la noche cuando sus padres no permitían que los enamorados se vieran, Santiago iba a la ventana de Gloria y empezaba a tirarle piedritas para avisarle que estaba ahí.


De ahí, Santiago le prometió a Gloria que le iba a dar una casa con muchas piedritas y una flor todos los días de su vida y lo cumplió. 


Años más tarde, luego de regresar de Estados Unidos, Santiago reunió cada peso que había ahorrado y lo invirtió en una pequeña casa. No era grande, ni lujosa, pero sí estaba cargada de sueños. 


Con dedicación y creatividad, empezó a transformarla en un universo hecho a mano, recogiendo piedritas de cada lugar que visitaban juntos o, incluso, sus amigos y familiares, en sus viajes se acordaban de ellos y les llevaban piedras de diferentes lugares del mundo. 


“La casa de piedritas”

Cada espacio de la casa, cuenta una historia, por ejemplo, el suelo es de canicas, porque Santiago cuando era pequeño no podía comprarlas. Asimismo, el techo tiene luces de semáforos y los ventanales están hechos con tapas de alcantarilla. 


Cada rincón de ese hogar está acompañado por piedritas, que son un constante recordatorio del amor de Santiago hacía Gloria. 


Un camino de piedritas hacia la eternidad

Santiago falleció hace más de tres años, pero antes de partir, le dejó a Gloria una última promesa. Le dijo que debía irse primero, para prepararle un camino de flores y piedritas, para que ella pudiera encontrarlo después, cuando le llegara su momento.



Hoy, Gloria sigue habitando esa casa que no tiene precio en pesos, pero que está hecha con el valor incalculable del amor y del sacrificio.


“Esta casa no tiene precio. En pesos no vale, porque mi casa está hecha con todo el sacrificio y el amor”, dijo con orgullo en una entrevista con Telemedellín.


Y así, en una calle tranquila de Envigado, vive un amor que no ha muerto. Un amor que se cuenta en piedras, que se florece en cada rincón y que sigue lanzando piedritas a la ventana del alma, como en aquellos primeros días.



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