Entretenimiento

El misterioso ovni que paralizó a un pueblo antioqueño: así nació la leyenda del río Cauca

El río Cauca fue escenario de un hecho insólito: la presencia de un ovni en Bolombolo, narrada en el nuevo libro de Óscar Andrés Sánchez.

Fotos: Cortesía

Fotos: Cortesía

El corregimiento de Bolombolo, el río Cauca fue escenario de uno de los episodios más insólitos de su historia contemporánea: la supuesta aparición de un ovni que movilizó al pueblo entero. Este suceso, narrado con minucia en la crónica ahora incluida en el libro La inesperada visita de un Ovni al río Cauca de Óscar Andrés Sánchez, director de Turismo de Antioquia, revivió el día en que realidad y ficción se entrelazaron en la memoria colectiva.


Un río que todo lo ha visto, también lo insólito

El río Cauca que fluye junto a Bolombolo ha sido testigo de tragedias, crecidas, leyendas y milagros. Nacido en el páramo de Sotará, recorre casi 1.350 km para desembocar finalmente en el Magdalena, atravesando valles, cañones y aldeas.


A lo largo de los años ha sido motor económico, escenario de derrames humanos y símbolo de la identidad local.


Bolombolo es un pueblo de poco más de siete décadas. Su historia está asociada al paso del ferrocarril de Antioquia y al surgir de mitos alrededor de los misterios del cauce.


Relatos sobre luces en la noche, voces en la bruma y tesoros sumergidos han existido desde siempre. Pero nada comparado con lo que ocurrió la tarde del 2 de agosto de 1999.


Una madrugada insólita en las orillas del río Cauca

La tarde se tornaba húmeda y pesada. Las lluvias habían elevado el nivel del río, y el aire exhalaba vapores del suelo caliente. Las garzas, fieles a su rutina, volvieron al árbol en la orilla donde suelen pernoctar. En el silencio del crepúsculo, —ya con los jornaleros retornando a sus hogares— algunos pescadores notaron algo fuera de lo común.


En la madrugada del 3 de agosto, observaron un objeto sobre las aguas: un disco gigantesco flotando, semejante a un platillo volador. Cuatro de ellos embarcaron para acercarse. Nacho, el más osado, se lanzó sobre el aparato y lo aseguró con una soga a un pasamanos. Jalaron. Amarraron. Lo arrastraron hacia la orilla, hasta el sitio conocido como Tulio Ospina, una antigua estación del ferrocarril localizada unos tres kilómetros río abajo de Bolombolo.


El “inspector” del corregimiento, Rufino de Jesús Galindo, fue despertado en la madrugada con el anuncio:


“Inspe, mire: acabamos de ver un platillo volador… lo tenemos en Tulio Ospina”.


Cuando Rufino arribó, realmente encontró un objeto extraño: ovalado, de unos 10 metros de largo, con estructura metálica, pasamanos perimetrales y lo que parecían ventanas y puertas. Por dentro había un módulo de operación con palancas, botones, asientos y un tanque triangular. Una hélice inferior insinuaba capacidad de vuelo.


Del asombro al fenómeno social que despertó el río Cauca

Al amanecer, la noticia se había diseminado entre comerciantes, amas de casa, obreros y escolares. Las labores se detuvieron. Una multitud descendió por el sendero que discurre junto al antiguo tramo del ferrocarril hasta la orilla del río, ansiosa por observar el artefacto.


A la una de la tarde, cientos de estudiantes abandonaron las aulas y marcharon rumbo a Tulio Ospina. Desde lejos vislumbraron el objeto. Algunos lo llamaban “platillo marciano”; otros especulaban que podría ser una nave experimental de alguien adinerado. En la misa dominical, el padre Moreno recomendó prudencia: dijo que “ese aparato debía pertenecer a alguien rico”, pero pocos le hicieron caso.


Los fotógrafos locales aprovecharon la histeria colectiva: vendían instantáneas del ovni por mil pesos cerca del sitio del hallazgo. Con el caer del sol, la multitud retornó cabizbaja. Muchos pensaron que algo extraordinario había sucedido, otros que todo era una ilusión colectiva.



Al día siguiente, Rufino Galindo pidió a las localidades cercanas que indagaran si alguien había visto pasar el objeto. En Puente Iglesias nadie lo reportó. En La Pintada, algunos sugirieron que se trataba de una estructura acuática de recreo arrastrada por una creciente río arriba. Esa teoría desinfló el asombro.


Desenlace y abandono de lo extraterrestre

Con el paso de los días, el escenario se transformó. Nadie aparecía para reclamar la nave. Los curiosos continuaban descendiendo, pero la emoción se diluía. Pasado un mes, los pescadores, resignados o pragmáticos, desmantelaron el objeto: arrancaron sillas, extrajeron el motor y se llevaron partes metálicas. El aparato quedó abandonado en la playa, a merced del sol, del río y de los más atrevidos.


Aunque el episodio data de 1999, permanece en la memoria colectiva. Algunos en Bolombolo aún creen que, en algún momento, una nave extraterrestre regresará por ellos. Esta crónica —que escribí años después, entre 2004 y 2005— es parte del nuevo libro La inesperada visita de un Ovni al río Cauca, que busca rescatar el momento en que lo mundano se volvió fantástico.


Artículo inspirado en las crónicas de: Óscar Andrés Sánchez, periodista y director de Turismo de Antioquia



Temas relacionados