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El misterio que rodea al cerro Quitasol en Bello: ancestros que “siguen guiando” a una comunidad

Entre susurros y memorias, una comunidad asegura que sus ancestros aún los llaman… y que nunca se han ido en el Cerro Quitasol

Imágenes: aestahora.com.co y Teleantioquia

Imágenes: aestahora.com.co y Teleantioquia

En las montañas del norte del Valle de Aburrá, donde el cerro Quitasol domina el paisaje de Bello, persisten historias que se mueven entre la memoria, la espiritualidad y lo inexplicable. El programa No es cuento de Teleantioquia recoge uno de esos relatos, en el que una comunidad asegura que sus ancestros no solo hacen parte del pasado, sino que continúan presentes, guiando su vida cotidiana.


La historia, inspirada en el capítulo sobre legado ancestral, se conecta con un territorio donde las raíces indígenas y las prácticas heredadas han construido una identidad profunda. Allí, los relatos no se cuestionan: se transmiten con la certeza de quien ha vivido la experiencia.


Mira aquí el capítulo completo:


Un vínculo que trasciende el tiempo

“Yo siento que nuestros ancestros no se han ido. Ellos siguen y están con nosotros. Incluso estoy casi convencido que nos guían”, afirma uno de los testimonios recogidos en el programa.


En este contexto, el cerro Quitasol aparece no solo como un referente geográfico, sino como un símbolo espiritual. Las comunidades que habitan sus alrededores hablan de energías, llamados y sensaciones que los conectan con quienes habitaron antes esos mismos espacios.


Territorio sagrado y memoria viva en el Cerro Cerro Quitasol

El relato remite a tiempos en los que pequeños asentamientos —conformados por ranchos de paja— también funcionaban como cementerios, consolidando una relación directa entre la vida y la muerte, entre el presente y la memoria.


Ese vínculo, se mantiene vivo en prácticas, creencias y lugares que hoy son considerados sagrados, donde la comunidad reafirma su identidad y su historia colectiva.


La historia de un santuario

En el episodio se narra cómo una mujer, conocida como “Locaíta”, aseguró haber escuchado una voz que le pedía construir un santuario en medio del caserío. La comunidad no dudó de su palabra y, en un acto colectivo, levantó el sitio que hoy sigue siendo punto de encuentro espiritual.



Desde entonces, muchos habitantes aseguran sentir que ese lugar —y todo el entorno— está habitado por una presencia invisible que continúa acompañando sus vidas.


Energía, guía y cotidianidad

Algunos hablan de murmullos, otros de impulsos inexplicables que los llevan a visitar estos espacios, especialmente en momentos de dificultad o incertidumbre.


“Yo he venido acá con estrés, con preocupaciones… y salgo como si me hubieran alivianado el peso”, cuenta otro testimonio, reforzando la idea de que la conexión con los ancestros no es solo simbólica, sino también emocional y espiritual.


Saberes que permanecen

A esta dimensión, se suma el conocimiento ancestral que aún persiste en la comunidad. Remedios naturales, prácticas de sanación y saberes transmitidos por generaciones continúan vigentes como parte de su vida diaria.


Estos conocimientos no solo representan una herencia cultural, sino también una forma de resistencia frente al olvido y a la pérdida de tradiciones.



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